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miércoles, 19 de agosto de 2020

La culpa: No es buena compañera

        Para algunos la maternidad comienza cuando el bebé nace, pero yo pienso que comienza en el instante que sabes que otra persona está siendo formada dentro de ti, porque desde ese momento muchas cosas comienzan a cambiar (no sólo físicamente), comenzamos a pensar cómo alimentarnos mejor para que el bebé nazca sano, hay algunas medicinas que no podemos tomar y algunas actividades que no podemos hacer o en las que debemos ser más cuidadosas.

Marcela en la panza. Nuestras ilusiones en su máxima expresión 


     Pero, es una realidad que el cambio más radical ocurre una vez que el bebé nace. Todo se hace más intenso. Descubrimos un amor diferente y profundo que no conocíamos. Sin embargo, rápidamente caemos en cuenta que estamos muy lejos de esa idealización cultural de la maternidad (y paternidad): No somos esa madre perfecta, cuya lactancia se le dio bien desde el inicio, que no “necesitó” ayuda, que tiene la casa inmaculada, que se maquilla y se hace manicure y cuyo bebé está siempre perfecto y hermoso. Pronto nos damos cuenta que esta tarea no es tan natural, sencilla e instintiva como pensamos. 

La realidad puede ser mejor que nuestra idealización de la maternidad. Es más sana y menos opresiva. 


    Es cuando, injustamente, comenzamos a compararnos con ese ideal inexistente en la realidad que aparece la culpa, una compañera totalmente perversa que puede arruinar nuestro viaje por la vida, no sólo en la maternidad. Tal vez estás pensando: No, yo no tengo problemas con la culpa. ¿Estás seguro? Observa esta lista con cuidado:

·         ¿Cualquier opinión o crítica te afecta?

·         ¿Magnificas o exageras todo?

·         ¿Ves errores donde los demás ven aprendizaje?

·         ¿Te disculpas constantemente?

·         ¿Sientes la obligación de satisfacer a los demás?

·         ¿Es difícil para ti decir que NO?

·         ¿Tiendes a callarte si algo te molesta?

·         ¿Tienes miedo a hacerle daño a los demás o a su rechazo?

·         ¿Tienes miedo de ser abandonado?

Esas son algunas de las manifestaciones cuando una persona está lidiando con sentimientos de culpa recurrentes. ¿Conoces a alguna mamá o papá que no haya sentido culpa? Tal vez no lo admita públicamente, pero creo que es algo con lo que todos los padres luchamos en este viaje. Sin embargo, tenemos que ser muy cuidadosos con ese sentimiento porque él puede arruinar nuestra caminata convirtiéndose en una pesada carga. 

Cuando la culpa aparece y no sabemos lidiar con ella, se convierte en un problema porque distorsiona la forma como nos vemos, nos evaluamos y nos valoramos s a nosotros mismos. Es muy nociva porque se convierte en un juez interno que está continuamente comparándonos con otras personas o con algunas idealizaciones que nosotros mismos hemos construido respecto a la tarea que llevamos a cabo, y en esas comparaciones siempre salimos perdiendo haciendo que el concepto que tenemos de nosotros mismos se deteriore poco a poco y, además la culpa no viaja sola. Ella está siempre acompañada por la tristeza, la frustración, impotencia y remordimientos. ¡Lindos compañeros de viaje!

Yo recuerdo que cuando Marcela tenía casi seis meses tuvimos que hacer un viaje muy largo hasta la ciudad de Armenia, en Colombia. El viaje fue por tierra y para no hacerlo directo que sería muy largo y cansativo, paramos para descansar en la ciudad de Cúcuta, pues ahí Marcela se enfermó, tenía mucha tos, estornudaba demasiado, hasta le dio fiebre. Después de tres días con la bebé enferma, comenzaron las dudas y los miedos ¿Por qué tuvimos que hacer este viaje? ¿Si estuviésemos en casa la bebé hubiese enfermado igual? ¿Si empeora qué vamos a hacer, si estamos en otro país? Seguimos nuestro camino, de hecho tuvimos que llevar la bebé al médico después que pasó una noche entera llorando (los que tienen hijos saben que el llanto puede llegar a desesperar). Esa noche la culpa asaltó mi mente y me tomó desprevenida: “Si nos hubiésemos quedado en casa, esto no estaría pasando. Es tu culpa que Marcela esté así, no debimos haber venido. Si le pasa algo peor tú serás la culpable”. Esos pensamientos eran muy fuertes y persistentes. Eran un tormento, en realidad. Gracias a Dios, Marcela comenzó a mejorar rápido y esos sentimientos se disiparon.

Seguramente ya lo has vivido, incluso si no eres padre. Cuando las cosas no siguen la ruta planeada, tratamos de encontrar dónde estuvo el error, y generalmente lo encontramos en nosotros mismos, y ahí es donde comienza la batalla.

Obviamente, no estoy hablando de llevar la vida con la filosofía de: “Cómo vaya viniendo vamos viendo”, o con un conformismo absoluto. Está bien plantearnos metas y objetivos y perseguirlos. Pero entonces, cuando algo sale de los planes perfectos que hicimos qué podemos hacer cuando la culpa nos asalte (ella va a venir, eso es seguro), cómo lidiar con esa desagradable visitante que quiere venir a instalarse en nuestra vida como residente permanente.

La culpa cuando es sana y se mantiene bajo control sirve para ayudarnos a darnos cuenta de un error cometido y a reparar el daño causado. El problema comienza cuando esa señora se manifiesta con excesiva frecuencia o intensidad porque pierde su función correctiva y pasa a ser una molestia.

Entonces, es muy importante cuando sentimos culpa, evaluar la situación e intentar aplicar la lógica y el sentido común (que a veces no es tan común). Retomando el ejemplo que coloqué antes, cuando Marcela se enfermó durante el viaje, es bastante obvio que carece de toda lógica cargar con culpa porque Marcela pegó un virus durante el viaje. Es algo que está fuera de mi control, además de que otras veces también se ha engripado estando en casa, entonces así puedo ayudarme a mí misma a ver en que no necesito cargar con una culpa que no me pertenece.

Ahora bien, si la evaluación da como resultado que efectivamente me equivoqué. No estuvo bien eso que hice. Está bien. El asunto está en no quedarse en la culpa y pasar a la responsabilidad. El remordimiento y la frustración por el error cometido no van a solucionar nada, pero yo puedo asumir la responsabilidad por el error que cometí, pedir perdón, resarcir, corregir, aprender y continuar. Por ejemplo, un día estábamos en una reunión especial donde se requería silencio, cosa que es casi imposible si tienes una niña de 18 meses, Marcela parecía que tenía demasiada energía ese día, canataba gritaba, quería correr, etc.  Lo cierto es que intenté por todos los medios calmarla sin conseguirlo, hasta que me sentí sobrepasada por la situación y me llevé a Marcela aparte y le hablé muy rudo. Ella obviamente no entendía lo que pasaba, se pudo a llorar, y yo también. La abracé, le pedí perdón por tratarla de esa forma (ojo: no le pegué, pero la traté duramente) y oré a Dios un momento para encontrar calma. Después que eso aconteció, hablé con Leover al respecto, quien estaba ocupado en el momento del episodio, y el acuerdo fue que cuando Marcela estuviera muy inquieta en alguna reunión, yo no iba a insistir en participar, simplemente la iba a tomar y saldría de ahí antes de volver a reaccionar de esa forma. Entonces, en este caso la culpa me asaltó pronto y de hecho me ayudó a ver que había obrado mal, pero en vez de darle largas y quedarme rumiando esos pensamientos, lo que hice fue evaluar la situación y ver de qué manera puedo evitarla en el futuro.

Entonces, ¿Te sientes culpable por tener que ir a trabajar y dejar tu bebé al cuidado de otra persona? ¿Te siente culpable contigo misma por dejar tu carrera para criar a tus hijos? ¿Te sientes culpable por no poder ofrecer a tus hijos todo lo que quisieras? ¿Explotaste y le gritaste a tu hijo? ¿Te sientes culpable por querer tener un día sin hijos? ¿Qué hacer con esa culpa? Intenta evaluar la situación racionalmente, si sientes que la culpa te está indicando algo para corregir, para mejorar, ¡bienvenida sea! Haces los ajustes a los que haya lugar y listo. Aprende a ver los errores como oportunidades para aprender lecciones muy valiosas.

En este punto, todavía conservaba algunos ideales perfeccionistas que he tenido que ir sacando de mi mente poco a poco

Saca de tu mente esa idealización de la madre perfecta, el padre perfecto, el hijo perfecto, etc., porque tal cosa no existe. Si mantienes expectativas idealizadas de ti mismo o de los demás, cualquier error va a ser enjuiciado y sentenciado. Recuerda: Sé amable contigo mismo, perdona tus errores, aprende de ellos y continúa.

La vida es un viaje ¡La culpa no es buena compañera! Hoy es un buen día para desalojarla de nuestras vidas y dar lugar a cosas mejores. 

lunes, 10 de agosto de 2020

¿Cuando fue la última vez que fuiste amable contigo misma?

     Durante nuestra formación, nosotros somos frecuentemente instruidos sobre la necesidad de ser amables, afectuosos y generosos con los demás y demostrar empatía con sus situaciones y sus problemas.  Desde muy pequeños nuestros padres ponen su empeño en que desarrollemos esas habilidades sociales. Sin embargo, la mayoría de las veces se pasa por alto enseñar esas habilidades para ser aplicadas a nosotros mismos, es decir, ser amables, afectuosos y generosos con nosotros, y tener empatía ante nuestras situaciones y nuestros problemas. Lo que resulta es que somos muy autoexigentes, tendemos al perfeccionismo, y nos juzgamos con una dureza con la que no juzgamos a nadie más.


        Si un amigo nuestro comete un error, nosotros estamos ahí para ayudarlo a levantarse y darle palabras de ánimo. Pero si el error es nuestro, no tarda en aparecer el juicio y la recriminación.

       Si un amigo está en una situación en la que las cosas no salieron como lo esperaba, nuestras palabras son de consuelo y abrigo. Pero, si las cosas no nos salen como lo planeamos, incluso lo más inesperado como la muerte y la enfermedad, tendemos a buscar explicaciones que generalmente arrojan una carga pesada de culpa sobre nuestros hombros.

       La autoexigencia, en su justa medida, es buena como gasolina para avanzar hacia nuestros objetivos. Sin embargo, rara vez aparece en su justa medida y por lo contrario suele convertirse en un filtro a través del cual juzgamos todo lo que hacemos y olvidamos lo más obvio: somos seres humanos, y por lo tanto siempre existirán las fallas y los errores.  No necesitamos aparentar que somos super mamás, que podemos con todo en la vida, que no hay nada que nos desborde. Esa actitud es dañina para nosotras (las mamás, y también para todos los demás), además de ser una mentira muy grande. 

     Estas son algunas recomendaciones para comenzar a ser amable contigo misma:

  1. Repite después de mí: La gente se equivoca, ¡eso me incluye a mí! Ser amable contigo mismo no significa que vas a ser mediocre y conformarte, significa que vas a entender que los errores van a aparecer, tal vez no el mismo error, pero mientras estemos en este cuerpo físico vamos a equivocarnos eventualmente. ¿Qué le dices a un amigo tuyo que ha hecho algo errado? ¿Lo tratas con empatía y amor? ¿Qué tal si la próxima vez que te equivoques te tratas a ti mismo con la misma empatía y el mismo amor? Trata de aprender de tus errores y sigue adelante.
  2.         No  ignores tus emociones y sentimientos. Los tuyos son tan válidos como los de los demás. Cuando estés teniendo un mal día, estés enojada(o), te sientas abrumada(o), no intentes suprimir eso que sientes, háblalo con alguien y pide ayuda si pudieres. Ignorar o suprimir los sentimientos no hará que desaparezcan, más bien puede hacer que las cosas empeoren. Cuando las emociones no se gestionan, eventualmente explotarán por algún lado. Tristemente yo también he pasado por esto. Por alguna razón asumimos que no es bueno asumir que estás cansada, que necesitas un break, pero las veces que he retrasado la petición de ayuda, he sido rebasada en los momentos menos oportunos e incluso un par de veces he tratado rudamente a Marcela como consecuencia. Por eso, es mejor pedir ayuda a tiempo que terminar lastimando a otros a nuestro alrededor.
  3.        Renuncia a la necesidad de ser perfecta(o): Esto puede ser una liberación, y te permite en concentrarte en objetivos claros, sin tener que frustrarnos ante el mínimo error. Cuando persistimos en buscar la perfección, gastamos nuestras energías en buscar lo inalcanzable. No existe la mamá perfecta, ni la misionera perfecta, ni la esposa perfecta. Ya te habrás dado cuenta que tú no serás la primera. Ya yo lo asumí.
  4.       Cuida el lenguaje con que te hablas a ti misma(o). ¿Recuerdas la última conversación que tuviste contigo misma(o)? ¿Fuiste amable? ¿O te hablaste como si fueras tu peor enemigo? Estamos tan acostumbrados a ser críticos con nosotros mismos que no pensamos las palabras que nos decimos frente al espejo. Evita las etiquetas y las críticas peyorativas. La próxima vez puedes intentar: “Desearía que esto no hubiera sucedido, pero sucedió. Intentaré aprender las lecciones que pueda y continuaré. La próxima vez lo haré mejor”.
  5.     .  Evita las comparaciones. Además de odiosas, son injustas. Cada persona se enfrenta a circunstancias tan particulares como ella misma, y las enfrenta con las herramientas que tiene a disposición. Por eso, no sirve de nada comparar. Como mamás es muy fácil pensar: El hijo de fulana ya habla y mi hijo apenas dice pá, el hijo de mengano caminó a los 8 meses y mi bebé aún no camina, y así hasta el infinito y más allá. Como misioneros, es igual: ¡Fulano aprendió el idioma en tres meses y yo llevo seis meses y apenas puedo decir algunas cosas! Esas comparaciones nos ponen una presión innecesaria, minan nuestra confianza, no aportan nada positivo y afianzan el pensamiento de que nuestro valor personal está en lo que hacemos y no en lo que somos, lo cual no es cierto.
  6.       Celebra tus victorias. Tendemos a enfatizar los errores, las fallas, etc., pero pasamos por alto lo que sale bien, lo que ganamos. La próxima vez que alcances algún objetivo planteado, ¡celébralo! 
  7.        Hazte un regalo sin sentir culpa: Ve a la peluquería, hazte un pedicure, sal a caminar (¡sola!) y cómete un helado en el camino, consigue una niñera y visita una amiga sólo para conversar, pide ayuda para cuidar al bebé y tener tiempo para orar con tranquilidad, etc., pero sin sentir culpa, no tienes por qué. La culpa no es bienvenida.  

  Como persona, y en todos los roles que hemos de asumir, tendremos buenas épocas y malas épocas. Una mala época no quiere decir que la vida acabó, o dejó de tener sentido. Significa que es un tiempo difícil, que seguramente te ofrecerá grandes lecciones. Mientras pasa la mala racha, enfócate en las pequeñas cosas positivas que pasan a tu alrededor, y sé agradecido por ellas.

¡Celebra las bendiciones! Sonríe
Celebra las bendiciones, y ¡sonríe!

La vida a veces es suficientemente dura como para que nosotros nos tornemos en nuestros enemigos particulares.

No creas ni remotamente que escribo como quien tiene estos asuntos totalmente resueltos. Sigo aprendiendo, hay días en que lo consigo y días en que no. Pero he percibido que cuando soy más amable conmigo misma, soy más paciente y amable con Marcela y con los demás. 

¡No seas nunca más el último ítem de la lista de pendientes! 


martes, 4 de agosto de 2020

Lactancia Prolongada

    Durante estos días de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna para promover la importancia de ofrecer la leche materna a todos los bebés, y yo quiero aprovechar de celebrar que me siento muy feliz y bendecida de poder compartir con Marcela hasta hoy, a sus 20 meses, de la leche que Dios me dio para darle a ella. 


Así fueron los primeros días. Mucho tiempo con un extractor para poder alimentar a Marcela. 
Esta fue la primera vez que conseguí amamantar.


     Los comienzos no fueron fáciles. Algo que yo creía que era instintivo resulta que no lo era tanto y necesité ayuda de un especialista en lactancia materna después de cuatro días de desespero y llanto (las dos llorábamos, por cierto). Pero después, las cosas se fueron estableciendo; yo aprendí a ofrecer el pecho y ella se volvió una experta en la succión. En poco tiempo se podían ver los efectos de ese elixir mágico: ella estaba más gordira y más radiante. Cuando todo comenzó, yo pensé que daría de mamar hasta el año, pero he ido posponiendo el asunto mes tras mes cada vez con una excusa diferente. La verdad es que ambas nos sentimos bien por el momento, (¡aunque hay noches!, pero esa es otra historia) 

Ahora bien, desde que Marcela se acercó al año de edad, comienzaron las preguntas: ¿Cuándo le vas a quitar el pecho? o los comentarios "Ella ya está muy grande para mamar", etc. Por eso hoy quiero compartir los beneficios de la lactancia más allá del año de edad, para que con información certera podamos aclarar algunas cosas:

Beneficio nutricional

  • Después, nos hicimos expertas!
    Incluso después del primer año de vida, la leche materna continúa proporcionando cantidades sustanciales de nutrientes clave, especialmente proteínas, grasas, y la mayor parte de las vitaminas.
  • En el segundo año de vida (12 a 23 meses), 448 ml de leche materna proporcionan:
29% de requerimientos de energía
43% de requerimientos de proteína
36% de requerimientos de calcio
75% de requerimientos de vitamina A
76% de requerimientos de ácido fólico
94% de requerimientos de vitamina B12
60% de requerimientos de vitamina C

Beneficio inmunológico
  • Anticuerpos son abundantes en la leche humana durante toda la lactancia” (Nutrition During Lactation 1991; p. 134). De hecho, algunos de los factores inmunológicos en la leche materna aumentan en concentración durante el segundo año y también durante el proceso de destete.
A libre demanda, significa donde sea!
Beneficio en el desarrollo de la inteligencia
  • Extensas investigaciones sobre la relación entre la lactancia materna y los logros cognoscitivos (nivel de coeficiente intelectual, calificaciones escolares), han mostrado las mayores ganancias en los niños que durante más tiempo fueron amamantados.
Beneficios en la adaptación social
  • El amamantar durante y después de la infancia ayuda a los bebés y a los niños pequeños a hacer una transición gradual hacia la niñez plena. La lactancia materna es una manera cálida y amorosa de cubrir las necesidades de los niños pequeños. Les ayuda a calmar las frustraciones, golpes y heridas, y el estrés diario de la niñez temprana.



Así llegamos a los 6 meses de LME!
     En fin, son muchos los beneficios para un bebé que es amamantado. Si eres una mamá que amamanta a su hijo despúes del año de edad seguramente habrás oído muchas cosas. Que no te llenen la cabeza con el cuento de que la leche se vuelve agua después del año, que es pura maña y te agarró de chupón. Disfruta del acto de amamantar mientras puedas (y quieras, es una decisión de cada madre) porque sin duda llegará el momento de destetar. Todo en la vida son etapas y todas terminan. 

domingo, 2 de agosto de 2020

Pastoreando el corazón de tu hijo (Reseña - Spoiler Alert!!!)



Hace muchos meses dejé pendiente el asunto de la disciplina en los hijos. Me dejé atrapar por muchas ocupaciones, pero al final leí el libro e hice una reseña del mismo, la cual compartiré a continuación.


El tema del libro (de Tedd Tripp) es la crianza de los hijos desde un punto de vista bíblico. La cultura de hoy ha reducido la paternidad a simplemente proveer cuidado: comida, ropa, una cama y algo de tiempo de calidad. En contraste con este punto de vista tan débil, el llamado de Dios para los padres es más profundo: A pastorear a los hijos de parte de Dios. Es una tarea penetrante. Ser un padre significa trabajar de parte de Dios para proveer dirección a los hijos. 


No es común que los padres se consideren pastores de sus hijos, sin embargo esa relación de pastoreo describe muy bien la tarea de guiarles en sus descubrimientos acerca de sí mismo, de Dios y de la vida. 


Como el pastor de sus hijos, los padres deben ayudar a sus hijos a entenderse a sí mismos como criaturas hecha por Dios. No es posible mostrarles estas cosas solamente a través de instrucciones; deben guiarlos por un camino de descubrimientos. Deben pastorear sus pensamientos, ayudarlo a aprender el discernimiento y la sabiduría. 


El libro está organizado en dos partes. La primera de ellas está enfocada en los principios bíblicos que fundamentan la crianza de los hijos. La segunda parte es dedicada a la aplicación práctica de estos principios según las diferentes etapas de desarrollo de los hijos. Con respecto a la primera parte, los principios para el pastoreo de los hijos son: 


1. El centro de la vida es el corazón: 


La biblia enseña que el corazón es el centro de control de la vida. El comportamiento de una persona es la expresión del fluir del corazón. Como padres frecuentemente nos desviamos a tratar solo el comportamiento, ya que el comportamiento suele ser molesto. Pero las necesidades de los hijos son mucho más profundas que el comportamiento inadecuado. Su comportamiento revela su corazón. Si de verdad quiere ayudarlo, preocúpese por las actitudes del corazón que originaron su comportamiento. Un cambio de comportamiento sin un cambio en el corazón no es recomendable. Al contrario, ¡es condenable! Esa fue la clase de hipocresía que Jesús condenó en los fariseos. El comportamiento es impulsado por el corazón, por tanto toda disciplina, corrección o entrenamiento - toda la crianza de los hijos - debe dirigirse al corazón.


2. El desarrollo de un niño viene dado por las influencias que lo rodean y por la forma en que reacciona a esa influencia. La Biblia instruye sobre las influencias que moldean la vida de los niños y el efecto que pueden tener en sus vidas: La estructura familiar, los valores familiares, los roles en la familia, la forma en que se resuelven los conflictos en la familia, la respuesta ante el fracaso, etc. Ahora bien, un niño es más que la suma de las influencias que recibe. Él no es un ente pasivo, él reacciona ante esas influencias. Pensar que el niño es receptor pasivo frente a ellas es un error. Incluso, pensar que rodearlo de circunstancias positivas es determinante para que sea una persona de bien es también un error, porque ignora que él también tiene que reaccionar a esas circunstancias. Los niños no son inertes, ellos interactúan con la vida. Su corazón dirige esa interacción. Entonces, los padres además de proveer las mejores influencias para sus hijos debe pastorearlos en orientación hacia Dios. 


3. Los padres fueron delegados por Dios para ejercer autoridad en su familia. La autoridad de los padres en el hogar es una responsabilidad delegada por Dios. Son sus agentes en esa familia en la tarea de promover entrenamiento esencial e instrucción en el Señor. Entonces los padres, también son personas bajo autoridad, es decir, padres e hijos, están bajo la autoridad de Dios; tienen roles diferentes, pero tienen al mismo Dueño. 

        Cuando un padre dirige, corrige o disciplina, no está actuando por su propia voluntad, sino que está actuando de parte de Dios. Los padres deben querer estar al mando. Deben hacerlo de una manera benevolente y con gracia, pero deben ser una autoridad con sus hijos. Los directores están a cargo (al mando). Esto involucra conocerlos y ayudarles a entender los estándares de Dios para la conducta de los hijos. Significa enseñarles que son pecadores por naturaleza. Incluye mostrarles la misericordia y gracia de Dios demostrada en la vida de Cristo y su muerte por los pecadores. La corrección no es mostrar tu enojo por sus ofensas, más bien es recordarles que su comportamiento pecaminoso ofende a Dios. Si la corrección gira alrededor del padre que ha sido ofendido, entonces el enfoque estará en descargar la ira, o quizá, tomar venganza. La función es penal. Sin embargo, si la corrección gira alrededor de Dios como el que ha sido ofendido, entonces el enfoque es la restauración. La función es reparadora. Está diseñada para mover a un niño que ha sido desobediente a Dios de nuevo al camino de la obediencia. Esta es correctiva. 


4. Debido a que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre, es responsabilidad de los padres crear tal cosmovisión en tus hijos. Todos los seres humanos nacen con una orientación a lo divino. Nadie es neutral, incluso en la niñez. Aunque no tengan conciencia, ellos son adoradores, de Dios o de los ídolos sutiles de su corazón. Por eso, la gran tarea de los padres es pastorearlo como una criatura que adora, dirigiéndolo al único que debe ser adorado. 


5. Los objetivos bíblicos se alcanzarán a través de métodos establecidos en la Biblia. El objetivo es que los hijos glorifiquen a Dios con sus vidas, y eso no se puede lograr a través de métodos no bíblicos que diluyen la autoridad de los padres, o apelan al soborno y la negociación para conseguirlo. Dios ha dado dos métodos para la crianza de niños. Son (1) la comunicación y (2) la vara. Estos métodos deben entretejerse en la práctica. Los padres deben conocer a sus hijos, deben tener una comunicación franca, significativa y abundante con ellos. Pero también necesitan ejercer la autoridad que Dios les dio. La vara funciona para subrayar la importancia de las cosas de las que hablas con ellos. En este punto el autor destaca como de suma importancia que la vara no es instrumento para que los padres descarguen su ira, su rabia e impotencia con sus hijos. No es un medio de pago por los errores. Es medio para la corrección. 

     En la segunda parte del libro, el autor se dedica a aplicar estos principios según cada etapa del desarrollo de los niños, desde la infancia hasta la adolescencia. 


1. La primera etapa es la infancia temprana (hasta los cinco años). Esta etapa se caracteriza por el cambio en todos los aspectos (físico, emocional, intelectual, etc.) durante la cual el objetivo principal en la crianza es que ellos aprendan que son individuos bajo autoridad (delegada por Dios a sus padres). En esta etapa los niños deben aprender que ellos fueron hechos por Dios, Él tiene el derecho de gobernarlos y ellos le deben obediencia. La disciplina en este tiempo está enfocada en contrarrestar la rebeldía innata del corazón de los niños. 


2. La segunda etapa es la niñez (de los 5 hasta los 12 años). Esta etapa se caracteriza por el momento en que los niños comienzan a pasar más tiempo separados de sus padres (por causa de la escuela). Para este momento, el objetivo de la primera etapa debería estar ya alcanzado, para construir sobre ese fundamento. El asunto principal de este período es el desarrollo del carácter. El padre necesita enfocarse en cómo se relaciona su hijo con Dios, consigo mismo y con los demás, encontrar los puntos débiles y trabajar para fortalecerlos. En esta etapa es vital, que los hijos cambien su corazón. El cambio en el corazón comienza con la convicción del pecado. La convicción del pecado viene a través de la conciencia. Los hijos necesitan convencerse que han fallado a Dios y que han quebrantado el pacto. 


3. La tercera etapa es la adolescencia (desde el comienzo de la pubertad hasta el inicio de la etapa universitaria). Los años de adolescencia son años de inseguridad monumental. El adolescente no es ni un niño ni un adulto. No está seguro acerca de cómo actuar. Los adolescentes se sienten vulnerables acerca de todo. Se preocupan por su apariencia. La rebeldía es un asunto común en estos años, sobretodo sino se ha trabajado consistentemente en la obediencia y en el carácter durante las etapas anteriores. A esta edad, poco puede hacer el padre para “por la fuerza” conseguir que sus hijos hagan las cosas. Se consigue más a través de la influencia, pero la influencia se construye poco a poco desde la primera infancia cuando los padres son personas de confianza, cuando la conversación es una práctica común y sana, y cuando los padres son ejemplo de una vida sometida a Dios. 


Conclusión 

    La tarea de ser padres siempre ha sido difícil porque son múltiples factores lo que intervienen, pero en esta época en que vivimos especialmente hay muchas voces fuera de la Biblia tratando de enseñar a los padres cuál es la manera correcta de criar a sus hijos. 

    Por eso, este libro es muy apropiado y necesario para las familias que quieren crecer con base en los principios bíblicos acerca de la crianza de los hijos. El libro es una buena lectura para padres, para hacer juntos – padre y madre -, discutir las preguntas que trae cada capítulo y ponerse de acuerdo en las acciones que tomarán en base a lo aprendido. 

     Llegará el momento en que como padres deben confiar tus hijos a Dios. Cómo terminan dependerá de muchos factores, algunos fuera del control de los padres. Dependerá en la naturaleza del compromiso que los hijos tengan hacia Dios. 






miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Los niños aprenden más rápido una segunda lengua?

Esa una creencia muy popular. Me lo han dicho tantas veces: Lo bueno es que Marcela aprenderá más rápido que ustedes el portugués!

En este punto, el llanto era el ruido más producido por Marcela. Sólo tenía unos días de nacida
La verdad es que no es verdad! como muchas de las creencias populares.  No es cierto que los niños pueden aprender una segunda lengua más rápido que sus padres, sobre todo si todavía no han adquirido la primera completamente, como es el caso de Marcela.

Los niños aprenden bien una segunda lengua, de eso no hay dudas. con frecuencia aprenden perfectamente, pero lo hacen rápido? La verdad es que no. Sólo hay que ver cómo aprenden la primera lengua: pasan un período largo en el que casi el único ruido que producen con sus órganos fonadores es el llanto, luego poco a poco comienzan a usar la lengua y los labios para producir diferentes sonidos aislados, sólo están entrenando, pero aún no pueden articular palabras. Cuánto celebramos la primera "palabra"!! En el caso de Marcela fue Pa, refiriéndose a su papá. Debo acotar que está avalado científicamente que la 'p' es el sonido más fácil de articular para los bebés, por eso casi todos dicen primero "pa" que "ma". El sonido 'm' es mucho más difícil de pronunciar para ellos, primero deben descubrir esa cosa llamada velo del paladar y hacer que se separe de su sitio habitual para que el aire salga por la nariz. En fin, esa es la explicación que me digo a mí misma de porqué los bebés dicen "pa" primero. 

Después se suman otros nombres de uso frecuente, como agua, teta, etc. Marcela dice unos pocos verbos, como "dame" (que para ella es lo mismo que "toma"), y dormir (que lo ha usado un par de veces en que estaba realmente agotada y quería irse a dormir voluntariamente). Generalmente, después de los dos años los niños pueden formar una frase que incluya un verbo y un nombre, por ejemplo: Dame agua, quiero manzana, etc., (Marcela aún no ha llegado a ese punto, aunque cuando quiere algo generalmente se da entender a través de señas). Aunque no pueden expresar mucha cosa, es mucho lo que están aprendiendo: vocabulario, sintaxis, reglas fonológicas, etc. Están aprendiendo un idioma. Nunca oiremos a nadie decir (eso espero) a un niño de un año: Ey!! ¿Por qué no puedes hablar? Ya casi en edad prescolar, es que los niños comienzan a comunicar más libremente sus pensamientos, para ese punto ya han pasado cuatro años, y ellos continúan aprendiendo algunos años más hasta ser hablantes competentes de su idioma materno. 


En el caso de un segundo idioma, no van a pasar cuatro años para que un niño pueda hablar porque ya tuvo una primera experiencia, aunque inconsciente, sobre la adquisición de un idioma. 

En cuanto a la diferencia entre los niños y los adultos, hay una serie de factores que intervienen en este proceso:

Al inicio, un adulto, dadas las oportunidades y las condiciones adecuadas, usualmente

aprenderá más rápido que un niño. Los adultos simplemente tenemos más capacidad intelectual, tenemos más experiencia en el aprendizaje y nuestra memoria está más desarrollada. Nosotros, los adultos, requerimos menos repeticiones para aprender algún asunto, y además tenemos conciencia del aprendizaje (eso puede relentizarlo). En la adquisición de otro idioma, está demostrado que mientras más inconsciente, mejor, más rápido y eficiente. Como adultos, tenemos una idea de lo que es "aprender" entonces vamos a clases de idiomas, leemos artículos, practicamos conjugaciones verbales, notamos las diferencias entre un idioma y otro, y todo eso muchas veces en vez de ayudar a acelerar el paso nos hace andar más lento, sin embargo nuestro lento es más rápido que el ritmo de aprendizaje de un niño. 


Los niños por su parte muchas veces, como en el caso de Marcela, no tiene conciencia plena de ese aprendizaje, y por ende es más eficiente, aunque no más rápido. Marcela por ejemplo, ha notado que la gente alrededor habla un idioma diferente al nuestro. Es muy cómico ver cómo ella trata de imitarles pronunciando puras "u", para ella el portugués es un idioma de "us" y es verdad! Su deducción es correcta. ¿Ella está aprendiendo portugués? Sí ¿entontes no aprenderá español? Sí, sí aprenderá español. Aprenderá los dos idiomas a la vez, y eso puede hacer que sea todavía un poco más lento de lo normal, porque su cerebro está procesando información en dos lenguas, "catalogando y archivando". Es rapido? No, ella apenas dice algunas palabras en español, y además de la imitación aún no ha dicho su primera palabra en portugués.

Entonces, los niños no aprenden más rápido, sino que normalmente aprenden mejor, pero esto se debe a que ellos generalmente se hallan bajo condiciones mucho más favorables:
Ellos aprenden de otros niños, y los niños hablan con vocabulario y sintaxis más simple y con más repeticiones, creando así condiciones más favorables para el principiante. En contraste, el adulto tiene que aprender de otros adultos, desafío que puede compararse con chupar agua de la manguera de los bomberos.
Además, ellos están bajo menos presión. Nadie espera que Marcela pueda conversar en portugués. Lógicamente, todos saben que la bebé necesita su tiempo para aprender, algún día podrá hablar portugués. Pero nosotros! Nosotros los adultos somos recibidos por adultos que quieren y esperan poder comunicarse con nosotros a la brevedad posible. De hecho, lo necesitan. Eso produce mucha presión en el aprendiz (es decir nosotros), y esa presión también puede hacer que el proceso sea más lento y/o menos eficiente y agradable!

Por otro lado, psicológicamente los niños tienen más tolerancia a la ambigüedad y a las repeticiones, y a la vez sienten menos la vergüenza. Esto los hace unas verdaderas esponjas. Por el contrario, los adultos somos presa de la vergüenza, y no gustamos tanto de repetir la misma cosa muchas veces. 
Estudios científicos prueban que un niño necesita escuchar una palabra muchísimas veces más para aprenderla que un adulto. Es decir, ellos necesitan más tiempo, pero tal vez por tomarse más tiempo su adquisición es más efectiva.

Cuando un adulto llega a un nuevo lugar se espera que en unas cuantas semanas o tal vez meses, él pueda comunicarse fluidamente con otros adultos. Tal vez es un poco ambicioso, pero así suele funcionar. En cambio, cuando un niño llega a un nuevo lugar donde debe aprender otro idioma, todos saben que algún día va a hablar ese idioma fluidamente, pero esperan sin ejercen presión. El niño aprende a su ritmo, y efectivamente, algún puede hablar.

En cuanto a nosotros, estoy segura de que Marcela será una niña bilingüe porque nosotros en casa sólo hablamos español, oramos en español, cantamos en español. En cuanto al portugués, lo aprenderá de los nativohablantes que están a su alrededor. 



jueves, 30 de enero de 2020

La niña viajera

     Marcela ha viajado con nosotros desde que tiene un mes de nacida. Leover tenía que hacer una diligencia en San Felipe y no quería ir solo, así que pusimos la silla para bebés en el "pancito" (nombre cariñoso de nuestro carro), la abrigamos bien y arrancamos. Marcela se portó muy bien, entre tomar tetica y dormir, la ruta se hizo corta y ella feliz.

     Unas semanas después emprendimos una odisea de un mes que incluyó Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida y Cúcuta. Esa fue la prueba de fuego para ella como viajera y para nosotros como responsables de dicha viajera. Durante ese mes, pescó su primer resfriado. Tal vez los cambios de clima le afectaron un poco, pero sobrevivió. Recuerdo que el sólo hecho de hacerle un lavado nasal era un suceso, aún así estuvimos con la familia de Leover en navidad, visitamos algunos amigos de camino a Zulia y Mérida, donde dimos unos talleres relacionados al ministerio indigenista, y al final llegamos a Cúcuta para colocarle unas vacunas a Marcela. Toda esa ruta (hasta la frontera y de regreso) la hicimos en el carrito, y Marcela se portó como toda una experta viajera. 
Marcela merendando camino a Falcón

    Regresamos a Valencia, estuvimos ahí un par de semanas y volvimos a agarrar carretera, aunque esta vez el reto era mayor porque era un viaje largo hacia Amazonas, en plena época de calor (nuestro vehículo no tenía aire acondicionado). El pancito como siempre iba requete full, de punta a punta; la mayoría de las cosas está vez eran de Marcela: corral, colchón del corral, coche, su ropa, etc. Solo quedó el espacio necesario para la silla de Marcela y para mi (por supuesto, Leover tenía su puesto de chófer seguro adelante). Hicimos el viaje en dos tramos para que no fuera tan forzado; el primer día paramos en San Fernando de Apure y seguimos bien temprano al día siguiente. Marcela se portó como una campeona, tomó toda la tetica que quiso en el camino y durmió durante horas! Dios nos dio una viajera frecuente.

¡Esos cachetes viajeros!

     Después de dos meses en Amazonas (durante ese tiempo ocurrió el apagón nacional, fue un poco complicado con la bebé tan pequeña, pero lo logramos) , volvimos a Valencia, para estar un tiempo corto y emprender en Abril otra odisea: San Antonio del Táchira, Cúcuta, Bogotá, Quindío y de regreso. 


De camino a Bogotá y con mucho frío!

    Un mes completo de viaje. Marcela se engripó otra vez. Hubo cambios de clima muy drásticos en una semana y creo que eso le afectó. Además de que cuando uno viaja en autobuses, no sabes si tu vecino de asiento está enfermo. Son las desventajas. Pero en cuanto a nuestra viajera, ella siempre se porta bien. La diferencia en esta ocasión era que viajábamos en bus, y no es igual que viajar en tu propio carro donde tú marcas tu ritmo. 


Tomando un baño en Pozo Azul, Edo Amazonas

    Pero una vez que Marce pasó la gripe, el resto del viaje fue bien relajado. Para ese momento aún estaba en lactancia materna exclusiva, así que para alimentarla sólo necesitaba estar cerca. Durante ese viaje Marcela cumplió seis meses y comenzó a dar sus primeras probadas a los alimentos sólidos. Disfrutamos mucho esos primeros días de alimentación complementaria porque nos permitía vivir muchas primeras veces y comenzar a saber qué le gustaba y qué no, y verla experimentar tantas cosas nuevas para ella. Pero para viajar la alimentación complementaria no es lo más práctico del mundo, tienes que planificar el viaje, pensar qué puedes llevar para sus comidas y meriendas, que sea apropiado para su edad, que no se dañe durante el viaje y que sea práctico, ah y comprar algunos envases que no se abran fácilmente en tu bolso (Vital!). 
El agua y el almuerzo de Marcela (brócoli, en esa ocasión)

Marcela ha utilizado casi todos los medios de transporte que existen. Nos falta el helicóptero.

    Realmente no es fácil, sobre todo al principio, porque van probando alimentos poco a poco y hay alimentos que son prácticos pero que no son apropiados para su edad; otros son apropiados pero no son prácticos para llevar.

    Después de ese viaje, pasamos un rato en Valencia y regresamos a Amazonas por unos cinco meses más. Durante ese tiempo visitamos la comunidad unas pocas veces porque el pancito ya tiene otro dueño (Nostalgia).

     En Octubre volvimos a Valencia esta vez en autobús, y con todas nuestras pertenencias en cuatro maletas. Cerramos nuestro ciclo en Amazonas y comenzamos a prepararnos para el viaje más largo que jamás hicimos y que nos llevaría a nuestro nuevo hogar en esta aventura del servicio a Dios. 


Durante el viaje a Brasil: Ruta Pacaraima - Boa Vista

    Tan largo era este viaje que salimos de casa el lunes, y llegamos a Fortaleza el sábado!! Por supuesto que no fue una viaje sin escalas, pero igual fue agotador. Marcela hizo su primer viaje en avión (por cierto, me dijeron que darle tetica al despegar y aterrizar atenúa la presión en sus oídos. Buen dato), también viajamos en autobús toda la noche (lo cual de por sí no es cómodo, y menos con 10 kgs de ternura encima) y finalmente después de un vuelo de 4 horas llegamos a Fortaleza. Creo que Marcela se ha ganado la medalla de la niña viajera!! Damos gracias a Dios porque nuestra chiquilla es 4x4!


Incluso llegó a salir solita con papá en el carro, y vean qué divino dormía.
En fin, ¿es posible viajar con bebés?
Sí, definitivamente sí.
Hay que ser lo más prácticos posible, no complicarse la vida en vano. Simplificar las cosas tanto como se pueda. (maletas, pañalera, etc.)
Llevar frutas y galletas apropiadas (si ya comen sólidos) y mucha agua. Además de la tetica si sigue disponible.
En cuanto a Marcela, ella es muy calurosa. Normalmente, viaja con ropa ligera y de algodón, y siempre llevo una cobija en caso de que el clima se ponga frío poder abrigarla. Dependerá de los gustos de tu bebé.
Disfrutar el viaje! Ese momento, ese instante, es irrepetible!! 

martes, 10 de septiembre de 2019

Abnegación y Sacrificio

     Hay dos palabras que culturalmente han sido asociadas a la maternidad: abnegación y sacrificio. Todos suponemos que una madre debe ser abnegada y que sacrificaría cualquier cosa por sus hijos. Una madre sin esas dos cualidades no es considerada una buena madre.
   
Ella y yo en su primera consulta con el pediatra
Según el diccionario la abnegación es la “renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas". Esta definición resume muy bien lo que se espera de una mamá; se espera que una madre renuncie a lo que tenga que renunciar en beneficio de sus hijos, y todas mis queridas colegas estarán de acuerdo en que ese instinto materno que se activa cuando sostenemos a nuestro hijo por primera vez es tan fuerte que desde ese momento comenzamos a renunciar a muchas cosas por el bien de ese pequeño bebé: renunciamos a muchas horas de sueño y descanso, renunciamos a un baño largo, a comer lentamente, a emprender algunas cosas, a pasar tiempo con amigos, incluso a no hacer nada, y todo lo hacemos voluntariamente. Es lo que el instinto nos dice que debemos hacer, y está bien que sigamos ese instinto.
Nos quedamos dormidas juntitas

      Muchas de esas renuncias son en sí mismas algunos sacrificios, algunos más grandes que otros, pero sacrificios al fin. Sacrificar algunas horas de sueño no parece gran cosa, hasta que lo haces por diez meses seguidos y tu cuerpo parece que grita.
       Ahora bien, a algunas mamás les pasa que en esa abnegación y sacrificio pueden llegar a perderse como personas. La maternidad pasa a ser su TODO y las otras facetas de su vida, que todavía siguen ahí, son puestas en espera a veces por mucho tiempo.
     Puede que estés pensando: ¿Acaso la maternidad no te absorbe por completo? La respuesta es: probablemente sí! Depende del sistema de apoyo que tengas alrededor. Aunque, incluso con mucho apoyo la maternidad puede tragarte.
      No me malinterpreten. Yo amo ser mamá. Disfruto mucho tener a Marcela cerca de mí, alimentarla, cuidarla, jugar con ella, verla crecer. Es un trabajo especial y hoy día es un privilegio y una bendición poder cuidar a mi bebé en estos primeros meses cuando más me necesita. Sé que Dios me puso en una posición privilegiada de poder sembrar en mi bebé y verla brillar cada día. 
¿Cómo no amarla?
      De lo que hablo es de anular por completo otras facetas. Sé de primera mano que no vuelve a ser igual, no alcanza el tiempo ni la energía. Es un gran cambio; seríamos muy ilusos si pensáramos que las cosas no cambiarían con la llegada de la beba.
      Yo lo viví personalmente. Los primeros dos o tres meses de vida de Marcela yo estuve dedicada casi exclusivamente a cuidarla y me siento muy privilegiada por haber podido hacerlo. Pero llegó un momento en que estaba tan agotada que no tenía ganas de salir, dejé de hacer cosas que disfrutaba (excepto cuidar a Marcela), y eso me producía un estado de ánimo algo tóxico, como si resintiera mi nueva posición que me hacía perderme de cosas que me gustaban.
      Pero he aprendido (con un poco de trabajo) que algo de mi tiempo y de mi energía debe ser utilizado en hacer algo que me guste hacer, algún hobbie, algo que me produzca una sonrisa (y que no sea la ternura de mi Marce). Tengo que ser organizada para vivir todas mis facetas y no quedar en deuda con nadie, pero especialmente conmigo misma.
Mi gran apoyo, un gran papá
     He aprendido también que debido a esas expectativas de abnegación y sacrificio que pesan sobre nosotras, las madres, incluso llegamos a sentirnos culpables cuando pensamos que necesitamos un break, un rato sin el bebé, un descanso, ir a hacernos las uñas o a pasar un rato con una buena amiga poniéndonos al día. Pero no, no hay de qué sentirnos culpables. Lo necesitamos, todo eso! A veces, pensamos que es egoísta pensar en lo que necesitamos como personas, como mujeres, no sólo como mamás; el bebé se convirtió en nuestro sol y nosotros giramos a su alrededor. Pero no es egoísta darnos un pequeño gusto de vez en cuando, de hecho es saludable. Cuando tenemos esos pequeños espacios, funcionamos mejor como mamás, tenemos más energía y más paciencia para tratar con nuestro bebé que no entiende nada de lo que estamos pasando.
       Estoy aprendiendo que mientras me siento mejor conmigo misma, mejor mamá soy para Marcela. Tengo más paciencia y más ánimo para afrontar el día a día que, admitámoslo, puede ser una locura.
    Así que, queridas colegas de la maternidad, creo que es bueno pensar en esto, y tomar acción si fuera necesario. Por tu bien, por el bien de las relaciones interpersonales que debes llevar y especialmente por el bien de tu pequeño bebé. Tu salud integral también se traduce en su bienestar.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Born to Shine! - ¡Nacida para Brillar!


            A Marcela le regalaron una ropita con esas palabras "Born to Shine" y después de verlas un tiempo estuve pensando mucho en ellas.

Cada bebé viene al mundo con la misión primordial de transformar la vida de sus padres: hacerlos mejores personas, poner en orden sus prioridades y regalarle hermosos y tiernos recuerdos para atesorar. Marcela ha cumplido cabalmente con esa misión desde que llegó a nosotros hace casi diez meses. Sin embargo, eso no es todo. Hay algo más por lo que Dios le envió aquí.
            Dios nos da hijos como un regalo muy preciado, como un "bien" muy valioso que nos es prestado para ser amado, cuidado, protegido, abonado como una planta delicada y pulido como una piedra preciosa.
            El Salmo 139:15-16 dice: "No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos".



Marcela en su semana 27

            Esta porción bíblica es un clásico. La he leído muchas veces, desde que era niña, pero ahora que soy madre ha tomado otros sentidos nuevos y vivos para mí, porque no sólo pienso en la verdad de esas palabras para mi vida, sino que ahora cobran vida al pensar que también son verdad para Marcela; es decir, los ojos del Dios creador estaban en Marcela mientras ella era formada dentro de mi hermosa panza! Su formación y desarrollo no fue fortuita, y tampoco pasó desapercibida. Nada más y nada menos que el Dios que sostiene el universo en su mano supervisó el crecimiento de mi pequeña hija desde que era más pequeña que un frijol. Todo lo que es, incluidos los rasgos de su cuerpo y de su personalidad, estaba escrito en su libro. ¡Eso es sencillamente maravilloso! ¡Es muy poderoso!
Marcela en su primer día de playa
            A mí como madre eso me hace sentir profundamente responsable. Dios estuvo prestando atención a los detalles que ahora forman parte de mi hermosa hija, así que yo no puedo simplemente descuidar ese tesoro tan valioso que me fue entregado para atender.
            ¿Con qué propósito maravilloso fue enviada Marcela a esta tierra? (además de hacernos sonreir diariamente!) ¿Cuál es el plan de Dios para su vida? Como Padres tenemos la responsabilidad de guiarle a ella a descubrir ese propósito y ese plan. No podemos vivir por ella, pero podemos instruirle y darle herramientas que le encaminen a ser una persona de bien, a honrar a Dios y a vivir para él.
            Pareciera que ahora es muy pronto para comenzar a instruirle y mucho menos darle herramientas; la verdad es que nunca es demasiado pronto, pero llegará un día en que será demasiado tarde. Dijo el sabio Salomón en el libro de Eclesiastés que todo tiene su tiempo debajo del sol; el tiempo de sembrar en la vida de Marcela comenzó desde el día que supimos que estaba con nosotros en la panza: cada beso, cada caricia, cada oración, también cada regaño (ahora que gatea se han multiplicado exponencialmente), cada comida, cada vez que nos llama y le atendemos, siempre que le hacemos saber que nos importa, cada vez que le consolamos por haberse lastimado (esto también se ha multiplicado), cuando vamos a la iglesia juntos, cuando nos ve orar por los alimentos. Todas esas son oportunidades para sembrar en la vida de nuestra hija.
            Alguien podría decir que ella es muy pequeña para notar esas cosas y mucho menos para aprender de ellas, pero la verdad es que los bebés son muy inteligentes y todo lo que conocen del mundo lo han aprendido de sus padres desde el primer día de su nacimiento, e incluso antes. Por ahora, Marcela sólo puede ver y escuchar cómo oramos pero pronto ella estará orando también, cantando, aplaudiendo y haciendo todo lo que nos ve hacer. Eso, nuevamente, es una gran responsabilidad para nosotros como padres. Nos fue delegada la gran tarea de modelar una vida llena de amor, bondad, respeto y muchas otras cosas buenas para que nuestra hija al imitarnos tenga esas virtudes en ella.
Disfrutando su primer baño en casa
            ¿Cuál será el camino que Marcela tomará al crecer? No lo sé, pero quiero que sea cual sea su camino, ella conozca a Su Creador, ella conozca Su Palabra y en base a ese conocimiento pueda escoger su mejor camino posible. Tal vez sea pintora, músico, doctora, teóloga, maestra, bailarina, atleta, no sé! Puede tomar cualquiera de esos caminos, pero siempre guiada por Dios y sus preceptos. Puede ser lo que se proponga ser con los dones que Dios le ha dado y que todavía hemos de descubrir.  Puede ser lo que quiera ser, puede ser la mejor en lo que sea que escoja en el futuro. Podríamos estar criando un prodigio en algún área del conocimiento o la ciencia. No lo sé! Sólo quiero que brille, para eso nació, para eso fue creada.