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lunes, 10 de agosto de 2020

¿Cuando fue la última vez que fuiste amable contigo misma?

     Durante nuestra formación, nosotros somos frecuentemente instruidos sobre la necesidad de ser amables, afectuosos y generosos con los demás y demostrar empatía con sus situaciones y sus problemas.  Desde muy pequeños nuestros padres ponen su empeño en que desarrollemos esas habilidades sociales. Sin embargo, la mayoría de las veces se pasa por alto enseñar esas habilidades para ser aplicadas a nosotros mismos, es decir, ser amables, afectuosos y generosos con nosotros, y tener empatía ante nuestras situaciones y nuestros problemas. Lo que resulta es que somos muy autoexigentes, tendemos al perfeccionismo, y nos juzgamos con una dureza con la que no juzgamos a nadie más.


        Si un amigo nuestro comete un error, nosotros estamos ahí para ayudarlo a levantarse y darle palabras de ánimo. Pero si el error es nuestro, no tarda en aparecer el juicio y la recriminación.

       Si un amigo está en una situación en la que las cosas no salieron como lo esperaba, nuestras palabras son de consuelo y abrigo. Pero, si las cosas no nos salen como lo planeamos, incluso lo más inesperado como la muerte y la enfermedad, tendemos a buscar explicaciones que generalmente arrojan una carga pesada de culpa sobre nuestros hombros.

       La autoexigencia, en su justa medida, es buena como gasolina para avanzar hacia nuestros objetivos. Sin embargo, rara vez aparece en su justa medida y por lo contrario suele convertirse en un filtro a través del cual juzgamos todo lo que hacemos y olvidamos lo más obvio: somos seres humanos, y por lo tanto siempre existirán las fallas y los errores.  No necesitamos aparentar que somos super mamás, que podemos con todo en la vida, que no hay nada que nos desborde. Esa actitud es dañina para nosotras (las mamás, y también para todos los demás), además de ser una mentira muy grande. 

     Estas son algunas recomendaciones para comenzar a ser amable contigo misma:

  1. Repite después de mí: La gente se equivoca, ¡eso me incluye a mí! Ser amable contigo mismo no significa que vas a ser mediocre y conformarte, significa que vas a entender que los errores van a aparecer, tal vez no el mismo error, pero mientras estemos en este cuerpo físico vamos a equivocarnos eventualmente. ¿Qué le dices a un amigo tuyo que ha hecho algo errado? ¿Lo tratas con empatía y amor? ¿Qué tal si la próxima vez que te equivoques te tratas a ti mismo con la misma empatía y el mismo amor? Trata de aprender de tus errores y sigue adelante.
  2.         No  ignores tus emociones y sentimientos. Los tuyos son tan válidos como los de los demás. Cuando estés teniendo un mal día, estés enojada(o), te sientas abrumada(o), no intentes suprimir eso que sientes, háblalo con alguien y pide ayuda si pudieres. Ignorar o suprimir los sentimientos no hará que desaparezcan, más bien puede hacer que las cosas empeoren. Cuando las emociones no se gestionan, eventualmente explotarán por algún lado. Tristemente yo también he pasado por esto. Por alguna razón asumimos que no es bueno asumir que estás cansada, que necesitas un break, pero las veces que he retrasado la petición de ayuda, he sido rebasada en los momentos menos oportunos e incluso un par de veces he tratado rudamente a Marcela como consecuencia. Por eso, es mejor pedir ayuda a tiempo que terminar lastimando a otros a nuestro alrededor.
  3.        Renuncia a la necesidad de ser perfecta(o): Esto puede ser una liberación, y te permite en concentrarte en objetivos claros, sin tener que frustrarnos ante el mínimo error. Cuando persistimos en buscar la perfección, gastamos nuestras energías en buscar lo inalcanzable. No existe la mamá perfecta, ni la misionera perfecta, ni la esposa perfecta. Ya te habrás dado cuenta que tú no serás la primera. Ya yo lo asumí.
  4.       Cuida el lenguaje con que te hablas a ti misma(o). ¿Recuerdas la última conversación que tuviste contigo misma(o)? ¿Fuiste amable? ¿O te hablaste como si fueras tu peor enemigo? Estamos tan acostumbrados a ser críticos con nosotros mismos que no pensamos las palabras que nos decimos frente al espejo. Evita las etiquetas y las críticas peyorativas. La próxima vez puedes intentar: “Desearía que esto no hubiera sucedido, pero sucedió. Intentaré aprender las lecciones que pueda y continuaré. La próxima vez lo haré mejor”.
  5.     .  Evita las comparaciones. Además de odiosas, son injustas. Cada persona se enfrenta a circunstancias tan particulares como ella misma, y las enfrenta con las herramientas que tiene a disposición. Por eso, no sirve de nada comparar. Como mamás es muy fácil pensar: El hijo de fulana ya habla y mi hijo apenas dice pá, el hijo de mengano caminó a los 8 meses y mi bebé aún no camina, y así hasta el infinito y más allá. Como misioneros, es igual: ¡Fulano aprendió el idioma en tres meses y yo llevo seis meses y apenas puedo decir algunas cosas! Esas comparaciones nos ponen una presión innecesaria, minan nuestra confianza, no aportan nada positivo y afianzan el pensamiento de que nuestro valor personal está en lo que hacemos y no en lo que somos, lo cual no es cierto.
  6.       Celebra tus victorias. Tendemos a enfatizar los errores, las fallas, etc., pero pasamos por alto lo que sale bien, lo que ganamos. La próxima vez que alcances algún objetivo planteado, ¡celébralo! 
  7.        Hazte un regalo sin sentir culpa: Ve a la peluquería, hazte un pedicure, sal a caminar (¡sola!) y cómete un helado en el camino, consigue una niñera y visita una amiga sólo para conversar, pide ayuda para cuidar al bebé y tener tiempo para orar con tranquilidad, etc., pero sin sentir culpa, no tienes por qué. La culpa no es bienvenida.  

  Como persona, y en todos los roles que hemos de asumir, tendremos buenas épocas y malas épocas. Una mala época no quiere decir que la vida acabó, o dejó de tener sentido. Significa que es un tiempo difícil, que seguramente te ofrecerá grandes lecciones. Mientras pasa la mala racha, enfócate en las pequeñas cosas positivas que pasan a tu alrededor, y sé agradecido por ellas.

¡Celebra las bendiciones! Sonríe
Celebra las bendiciones, y ¡sonríe!

La vida a veces es suficientemente dura como para que nosotros nos tornemos en nuestros enemigos particulares.

No creas ni remotamente que escribo como quien tiene estos asuntos totalmente resueltos. Sigo aprendiendo, hay días en que lo consigo y días en que no. Pero he percibido que cuando soy más amable conmigo misma, soy más paciente y amable con Marcela y con los demás. 

¡No seas nunca más el último ítem de la lista de pendientes! 


domingo, 2 de agosto de 2020

Pastoreando el corazón de tu hijo (Reseña - Spoiler Alert!!!)



Hace muchos meses dejé pendiente el asunto de la disciplina en los hijos. Me dejé atrapar por muchas ocupaciones, pero al final leí el libro e hice una reseña del mismo, la cual compartiré a continuación.


El tema del libro (de Tedd Tripp) es la crianza de los hijos desde un punto de vista bíblico. La cultura de hoy ha reducido la paternidad a simplemente proveer cuidado: comida, ropa, una cama y algo de tiempo de calidad. En contraste con este punto de vista tan débil, el llamado de Dios para los padres es más profundo: A pastorear a los hijos de parte de Dios. Es una tarea penetrante. Ser un padre significa trabajar de parte de Dios para proveer dirección a los hijos. 


No es común que los padres se consideren pastores de sus hijos, sin embargo esa relación de pastoreo describe muy bien la tarea de guiarles en sus descubrimientos acerca de sí mismo, de Dios y de la vida. 


Como el pastor de sus hijos, los padres deben ayudar a sus hijos a entenderse a sí mismos como criaturas hecha por Dios. No es posible mostrarles estas cosas solamente a través de instrucciones; deben guiarlos por un camino de descubrimientos. Deben pastorear sus pensamientos, ayudarlo a aprender el discernimiento y la sabiduría. 


El libro está organizado en dos partes. La primera de ellas está enfocada en los principios bíblicos que fundamentan la crianza de los hijos. La segunda parte es dedicada a la aplicación práctica de estos principios según las diferentes etapas de desarrollo de los hijos. Con respecto a la primera parte, los principios para el pastoreo de los hijos son: 


1. El centro de la vida es el corazón: 


La biblia enseña que el corazón es el centro de control de la vida. El comportamiento de una persona es la expresión del fluir del corazón. Como padres frecuentemente nos desviamos a tratar solo el comportamiento, ya que el comportamiento suele ser molesto. Pero las necesidades de los hijos son mucho más profundas que el comportamiento inadecuado. Su comportamiento revela su corazón. Si de verdad quiere ayudarlo, preocúpese por las actitudes del corazón que originaron su comportamiento. Un cambio de comportamiento sin un cambio en el corazón no es recomendable. Al contrario, ¡es condenable! Esa fue la clase de hipocresía que Jesús condenó en los fariseos. El comportamiento es impulsado por el corazón, por tanto toda disciplina, corrección o entrenamiento - toda la crianza de los hijos - debe dirigirse al corazón.


2. El desarrollo de un niño viene dado por las influencias que lo rodean y por la forma en que reacciona a esa influencia. La Biblia instruye sobre las influencias que moldean la vida de los niños y el efecto que pueden tener en sus vidas: La estructura familiar, los valores familiares, los roles en la familia, la forma en que se resuelven los conflictos en la familia, la respuesta ante el fracaso, etc. Ahora bien, un niño es más que la suma de las influencias que recibe. Él no es un ente pasivo, él reacciona ante esas influencias. Pensar que el niño es receptor pasivo frente a ellas es un error. Incluso, pensar que rodearlo de circunstancias positivas es determinante para que sea una persona de bien es también un error, porque ignora que él también tiene que reaccionar a esas circunstancias. Los niños no son inertes, ellos interactúan con la vida. Su corazón dirige esa interacción. Entonces, los padres además de proveer las mejores influencias para sus hijos debe pastorearlos en orientación hacia Dios. 


3. Los padres fueron delegados por Dios para ejercer autoridad en su familia. La autoridad de los padres en el hogar es una responsabilidad delegada por Dios. Son sus agentes en esa familia en la tarea de promover entrenamiento esencial e instrucción en el Señor. Entonces los padres, también son personas bajo autoridad, es decir, padres e hijos, están bajo la autoridad de Dios; tienen roles diferentes, pero tienen al mismo Dueño. 

        Cuando un padre dirige, corrige o disciplina, no está actuando por su propia voluntad, sino que está actuando de parte de Dios. Los padres deben querer estar al mando. Deben hacerlo de una manera benevolente y con gracia, pero deben ser una autoridad con sus hijos. Los directores están a cargo (al mando). Esto involucra conocerlos y ayudarles a entender los estándares de Dios para la conducta de los hijos. Significa enseñarles que son pecadores por naturaleza. Incluye mostrarles la misericordia y gracia de Dios demostrada en la vida de Cristo y su muerte por los pecadores. La corrección no es mostrar tu enojo por sus ofensas, más bien es recordarles que su comportamiento pecaminoso ofende a Dios. Si la corrección gira alrededor del padre que ha sido ofendido, entonces el enfoque estará en descargar la ira, o quizá, tomar venganza. La función es penal. Sin embargo, si la corrección gira alrededor de Dios como el que ha sido ofendido, entonces el enfoque es la restauración. La función es reparadora. Está diseñada para mover a un niño que ha sido desobediente a Dios de nuevo al camino de la obediencia. Esta es correctiva. 


4. Debido a que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre, es responsabilidad de los padres crear tal cosmovisión en tus hijos. Todos los seres humanos nacen con una orientación a lo divino. Nadie es neutral, incluso en la niñez. Aunque no tengan conciencia, ellos son adoradores, de Dios o de los ídolos sutiles de su corazón. Por eso, la gran tarea de los padres es pastorearlo como una criatura que adora, dirigiéndolo al único que debe ser adorado. 


5. Los objetivos bíblicos se alcanzarán a través de métodos establecidos en la Biblia. El objetivo es que los hijos glorifiquen a Dios con sus vidas, y eso no se puede lograr a través de métodos no bíblicos que diluyen la autoridad de los padres, o apelan al soborno y la negociación para conseguirlo. Dios ha dado dos métodos para la crianza de niños. Son (1) la comunicación y (2) la vara. Estos métodos deben entretejerse en la práctica. Los padres deben conocer a sus hijos, deben tener una comunicación franca, significativa y abundante con ellos. Pero también necesitan ejercer la autoridad que Dios les dio. La vara funciona para subrayar la importancia de las cosas de las que hablas con ellos. En este punto el autor destaca como de suma importancia que la vara no es instrumento para que los padres descarguen su ira, su rabia e impotencia con sus hijos. No es un medio de pago por los errores. Es medio para la corrección. 

     En la segunda parte del libro, el autor se dedica a aplicar estos principios según cada etapa del desarrollo de los niños, desde la infancia hasta la adolescencia. 


1. La primera etapa es la infancia temprana (hasta los cinco años). Esta etapa se caracteriza por el cambio en todos los aspectos (físico, emocional, intelectual, etc.) durante la cual el objetivo principal en la crianza es que ellos aprendan que son individuos bajo autoridad (delegada por Dios a sus padres). En esta etapa los niños deben aprender que ellos fueron hechos por Dios, Él tiene el derecho de gobernarlos y ellos le deben obediencia. La disciplina en este tiempo está enfocada en contrarrestar la rebeldía innata del corazón de los niños. 


2. La segunda etapa es la niñez (de los 5 hasta los 12 años). Esta etapa se caracteriza por el momento en que los niños comienzan a pasar más tiempo separados de sus padres (por causa de la escuela). Para este momento, el objetivo de la primera etapa debería estar ya alcanzado, para construir sobre ese fundamento. El asunto principal de este período es el desarrollo del carácter. El padre necesita enfocarse en cómo se relaciona su hijo con Dios, consigo mismo y con los demás, encontrar los puntos débiles y trabajar para fortalecerlos. En esta etapa es vital, que los hijos cambien su corazón. El cambio en el corazón comienza con la convicción del pecado. La convicción del pecado viene a través de la conciencia. Los hijos necesitan convencerse que han fallado a Dios y que han quebrantado el pacto. 


3. La tercera etapa es la adolescencia (desde el comienzo de la pubertad hasta el inicio de la etapa universitaria). Los años de adolescencia son años de inseguridad monumental. El adolescente no es ni un niño ni un adulto. No está seguro acerca de cómo actuar. Los adolescentes se sienten vulnerables acerca de todo. Se preocupan por su apariencia. La rebeldía es un asunto común en estos años, sobretodo sino se ha trabajado consistentemente en la obediencia y en el carácter durante las etapas anteriores. A esta edad, poco puede hacer el padre para “por la fuerza” conseguir que sus hijos hagan las cosas. Se consigue más a través de la influencia, pero la influencia se construye poco a poco desde la primera infancia cuando los padres son personas de confianza, cuando la conversación es una práctica común y sana, y cuando los padres son ejemplo de una vida sometida a Dios. 


Conclusión 

    La tarea de ser padres siempre ha sido difícil porque son múltiples factores lo que intervienen, pero en esta época en que vivimos especialmente hay muchas voces fuera de la Biblia tratando de enseñar a los padres cuál es la manera correcta de criar a sus hijos. 

    Por eso, este libro es muy apropiado y necesario para las familias que quieren crecer con base en los principios bíblicos acerca de la crianza de los hijos. El libro es una buena lectura para padres, para hacer juntos – padre y madre -, discutir las preguntas que trae cada capítulo y ponerse de acuerdo en las acciones que tomarán en base a lo aprendido. 

     Llegará el momento en que como padres deben confiar tus hijos a Dios. Cómo terminan dependerá de muchos factores, algunos fuera del control de los padres. Dependerá en la naturaleza del compromiso que los hijos tengan hacia Dios. 






lunes, 11 de noviembre de 2019

El miedo: Un compañero indeseado

    Supe que el miedo sería un acompañante indeseado en este viaje de la maternidad unos días después de saber que estaba embarazada. Fuimos al médico para confirmar el embarazo e iniciar el control del mismo y sólo recuerdo que tenía las manos heladas y sudaba, quería saber que todo estaba bien, y así fue en cada control, cada ecografia. Era una mezcla de emoción y susto. Quería estar segura de que todo seguía marchando como debía.
    Ni hablar del proceso del parto. Yo siempre dije que quería dar a luz de forma natural y leí mucho sobre eso, vi videos, etc., pero igual al pensar en eso sentía miedo. Era algo nuevo para mí, algo que además ha sido estigmatizado como horrible e insoportable (lo cual es irónico, porque miles de mujeres dan a luz cada día); también me asustaba la salud de Marcela en ese proceso, y la ansiedad de poder verla pronto se juntaba con todo. Al final, no fue un parto natural sino una cesárea, y no por eso pude estar libre de temores. Me sentí tan aliviada cuando la oí llorar y aún más cuando la vi por primera vez en manos de la pediatra que la recibió en el quirófano.

     Una vez que nació el miedo no desapareció, se multiplicó! Que si la bebé no se prende del pecho, que si no se alimenta en tres horas puede sufrir una baja de glicemia (hay opiniones al respecto) , que si no duerme lo suficiente, que si duerme demasiado, que si no hace popó, que si hace demasiado, y el etc es casi perpetuo. Todo es nuevo. Es una absoluta sobrecarga sensorial con todas las letras. Por más apoyo que se tenga, y yo lo tuve, ese compañero indeseado siempre aparece. Y no se va pasado el primer mes, ni el primer trimestre. Parece que cuando vas superando algunos, aparecen otros nuevos.
     Cada etapa viene con su paquete de miedos. Luego que pasan la lactancia, viene la alimentación y otra vez comienzan los consejos contradictorios que podrían enloquecer a cualquiera: que sin sal, que mejor con sal, que porqué le das brócoli tan pequeña, por qué no le haces una cremita de auyama, se puede ahogar!
    Más tarde, gatean! Sí, tú anhelabas que comenzara a gatear, pero en cuanto lo logra te das cuenta de que tu casa es todo lo insegura que una casa podría ser para un bebé, y si hay escaleras (como en mi caso) los miedos se aceleran cuando comienza a levantar la piernita para intentar subir.
    Casi al mismo tiempo que gateó, Marcela pudo pararse apoyada de los muebles y comenzaron las caídas. Mi corazón se acelera al máximo cuando eso pasa, pero aunque todavía se cae de vez en cuando, la verdad es que ellos aprenden muy rápido y desarrollan estrategias para superar cada etapa, y además Dios los hizo super resistentes! Él sabía que se caerían.
Ahora mismo está en el tiempo que se mantiene parada solita por algunos segundos y da algunos pasitos. Comenzó haciéndolo eventualmente, y cuando le celebraba el hecho ella se asustaba con mi celebración y se sentaba. Así que opté por no celebrar, solo la miraba cómo iba ganando confianza poco a poco. Ahora lo hace muy seguido, incluso ha intentado dar sus primeros pasos cuando algo de su interés se encuentra a un par de pasos de distancia. Sin presión, a su ritmo, y en cada hito mamá siempre se asusta un poco. Siempre es una liga entre susto y emoción. Susto porque podría lastimarse, y emoción porque la bebé de mami crece muy rápido.

Marcela comiendo Brócoli

Esta señorita ama trepar


Marcela y su amigo Rocco

Lecciones aprendidas:
  • El miedo siempre estará presente en cada etapa nueva, pero no tiene porqué dominar nuestras vidas. Es mejor disfrutar cada etapa, como lo que es, una ETAPA, y como tal es pasajera. 
  • El miedo, siempre que no nos domine, puede ser un buen amigo. Nos mantiene alertas! 
  • Puedo aminorar el efecto de este amigo indeseado con mucha información. Estar informada me ha servido como una escudo para luchar contra los miedos. Por ejemplo, alguien me dijo una vez que porqué le daba aguacate a Marcela (recién iniciaba su alimentación complementaria), que el aguacate era un alimento muy pesado para ella a esa edad. Yo oí su comentario, asentí para no ser grosera (acababa de conocer a esa persona) y me quedé tranquila, porque me había informado bien y sabía con certeza que Marce podía comer aguacate sin ningún problema. Y así podría poner muchos otros ejemplos en los que la información fue mi mejor amiga para tener confianza en que lo estaba haciendo bien.
  • Tener un grupo de apoyo, un grupo de mamás que compartan tus convicciones sobre la maternidad, es una maravilla. Con ellas puedes reír, consultar sin sentirte una tonta por no saber eso tan simple, llorar y hasta charlar por la noche cuando el bebé no quiere dormir y los suyos tampoco.
  • No puedo enfatizar lo suficiente la necesidad de tener un pediatra actualizado, informado y disponible para responder a las dudas de una mamá primeriza. 
  • Rodéate de personas que de vez en cuando te recuerden que eres una buena mamá y que lo estás haciendo bien.
  • Cuando veas a tu bebé crecer saludable y hermoso, como mi Marcela, te darás cuenta de que eres una excelente mamá. Perfecta? No, la perfección no existe, somos humanas, pero por el amor que tenemos a nuestros hijos lo estamos haciendo muy bien.

sábado, 9 de febrero de 2019

En los brazos de mamá y papá


Cuando unos padres primerizos llegan a casa por primera vez con su bebé, uno de los retos más grandes es identificar por qué llora el bebé. Es como un rally de descarte que comienza obviamente por la comida, luego el pañal, si tiene calor o frío, etc. Al final, después de intentarlo todo, resulta que algunas veces ninguna de esas era la respuesta; sólo necesitaba sentirse seguro y eso lo consigue en los brazos de sus papis. ¡Sí! Sólo necesitaba sentirse protegido. Esta es una necesidad igual que comer o dormir.
Marcela contaba con 15 días de nacida en esta foto
Pensemos un momento: Un bebé pasa nueve meses en el vientre de su madre. Ese lugar es calientito, es un espacio pequeño, escucha los latidos del corazón de mami y  está protegido de todo ahí adentro. De un momento a otro, muy abruptamente, sale de ese maravilloso lugar y lo ponen en un espacio frío, inmenso y completamente desprotegido. Es muy vulnerable, y aún en su pequeña mente él lo sabe. Pronto descubre que los brazos de sus padres son un lugar especial, aunque no tanto como la barriga de mami, para sentirse seguro. Por eso en ocasiones, aunque sus demás necesidades estén cubiertas, él llora con el propósito de estar cerca, calientito y seguro.
Claro, no falta quien diga: “No lo cargues mucho, se va a malacostumbrar a los brazos”. Siendo que los brazos son una necesidad para el bebé como lo es comer, el contenido de esa frase es como si dijeran: “No le vamos a dar comida porque se va a acostumbrar a comer” “No lo duermas que se va a malacostumbrar a dormir”. Ellos necesitan comer y dormir. Ser cargados les proporciona seguridad y confort, no es un capricho, es una necesidad.
Leover porteando a Marcela y ella feliz de estar tan cerca de papá
Esto me hace pensar en Dios como Padre. Nosotros siempre estamos llegando a Dios con nuestras necesidades. Imaginemos por un momento que Dios dijera: “No voy a contestar sus oraciones porque se malacostumbra” ¿Cómo sería nuestra vida si Dios pensara de ese modo? ¿Cómo nos sentiríamos? No sería nada agradable si nuestro Padre ignorara nuestras necesidades; nos sentiríamos abandonados, desvalidos, solos, desamparados, ¿cierto? Así se siente un bebé cuando necesita sentirse seguro en los brazos de sus padres y éstos ignoran su necesidad para que “no se malacostumbre”.
¡Qué bueno que Dios no piensa de esa manera! Más bien la Biblia dice que su oído está atento a nuestras oraciones, que él atiende a nuestras necesidades y que cuando clamamos él nos responde. ¡Qué maravilloso es cuando en un día difícil puedes saber que Dios está cercano a ti, que estás escondido bajo la sombra de sus alas! Cuando comenzamos a conocer a Dios, aprendemos que podemos confiar en Él porque nos responde.
De la misma manera los bebés aprenden a confiar en los adultos que les cuidan, generalmente sus padres, porque estos responden a su llanto para suplir sus necesidades, incluida la de ser cargado en sus brazos. Yo como madre deseo que mi hija sepa que puede confiar en mí, que yo estaré ahí cuando ella me necesite. No deseo para nada que Marcela crea que yo le ignoro, o se sienta abandonada, o que no puede contar conmigo. Mi mayor deseo es que se sienta amada. Esa es la base de su autoestima en el futuro. Todo comienza aquí y ahora.  
La mirada de un papá enamorado
Además, ¡ellos crecen muy rápido! Hace poco esperábamos a Marcela con ansias, y ya va a cumplir tres meses. Ya pronto va a gatear, luego va a caminar y correr. Si no la cargamos ahora, entonces ¿cuándo? Luego, sus necesidades serán diferentes y querrá estar todo el día corriendo por todos lados. No puedo recordar a ningún niño de cinco años que no quiera bajar de los brazos de sus padres debido a que lo cargaron “mucho” cuando era bebé. El desarrollo físico y mental del bebé sigue su curso naturalmente, y conforme pasa el tiempo requerirá menos de los brazos de papá y mamá, pero sabrá que éstos están ahí cuando lo necesite.
Como dato extra, según las más recientes investigaciones, un bebé que es cargado en comparación con un bebé que pasa mucho tiempo en su cuna o coche se adapta mejor al entorno, consolida su vínculo afectivo con sus padres, tiene mejor tono muscular, hace mejor la digestión, presenta menos cólicos y vómitos, entre otros. Por otro lado, su autoestima, seguridad en sí mismo e independencia se basan en la calidad del apego que desarrollen con los adultos que le cuidan, y esto se logra principalmente cargándolos cuando lo requieren y haciéndoles saber de todas las formas posibles que no están solos y desprotegidos.
Ahora es el momento que puedo expresar mi amor a través de mis brazos, y estrechar un vínculo que durará toda la vida, aunque me duela la espalda en el proceso.

No nos cansamos de verla y de disfrutar cada segundo
 

"Al contrario, estoy tranquilo y tan calmado como un niño recién amamantado que está en brazos de su mamá." Salmos 131:2 

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Cansada?

Al parecer ella está muy agotada!
Durante las últimas semanas de embarazo, tenía mucha ansiedad de tener a Marcela con nosotros. Por un lado, quería "descansar" mi adolorida espalda (qué ilusa era), y por otro lado quería verla y besarla. Hoy Marcela Noemí ya tiene doce semanas con nosotros, y sí, lo que dicen sobre la maternidad: que es caóticamente hermosa, es cierto!
La palabra "cansancio" ha adquirido un nuevo significado para mí. Es más, descubrí que nunca antes estuve verdaderamente cansada en mi vida.
También descubrí que admiro inmensamente a las madres que tienen más de un hijo y que además trabajan, atienden la casa y sirven a Dios. Si mi columna me duele tanto en dos meses de maternidad, no me quiero imaginar los niveles de cansancio que ellas experimentan y soportan, muchas veces sin la empatía de los demás.

Ser madre es muy agotador: un bebé no entiende que después de una larga noche de desvelo seguida de un largo día de quehaceres, mami necesita un break. Un bebé es demandante, quiere lo que quiere cuando lo quiere, y la gran mayoría de las veces es mami la responsable de satisfacer sus necesidades, que van desde comida, sueño, cariño, protección, seguridad, etc.
De vez en cuando cada madre pasa por un momento crítico en el que el cansancio se junta con frustración y el resultado puede ser caótico.
Esa sonrisa lo vale todo
A mí me ha pasado. Me he sentido tan cansada que el dolor en la espalda se hace insoportable, al punto de querer llorar! Pero ahí está Marcela, con sus seis kilos de ternura, y con hambre, y nadie más que yo puede darle de comer. Así que tengo que hacer de tripas corazón, respirar profundo, cargarla y amamantarla con todo y cansancio. Para entonces siento como si pesara unos 15 kilos. 
Sin embargo, a veces después de darle de comer, pido un break aunque sea de media hora, solo para estar recostada y descansar la espalda un poco. Sin ese break, estaría muy malhumorada y Marcela no merece ese trato.
Gracias a Dios por mi esposo, quien me auxilia cuando lo necesito y siempre está dispuesto a ayudarme. De verdad, sé lo afortunada que soy de tenerlo conmigo. De otra manera sería demasiado difícil. 

Algo que me ha ayudado en esos momentos difíciles es poder pedir ayuda. Parece sencillo, sin embargo implícitamente se nos ha enseñado que pedir ayuda es una señal de debilidad. No somos Todopoderosas, aunque nos creamos ese discurso, somos de carne y hueso y el cuerpo tiene un límite. Como madres debemos evitar llegar a ese límite, porque podemos enfermarnos hasta el punto de no poder atender a nuestro bebé. 
    Hacer los ejercicios de estiramiento que me recomendó una amiga me ha ayudado muchisimo para aliviar los dolores que tenía en la cervical. Lo confieso, no soy lo suficientemente disciplinada en eso, pero aún así he sentido alivio. En YouTube puedes encontrar varios videos muy buenos para este fin, por ejemplo: Estiramientos para Aliviar dolor de espalda y cuello

    Por último, me ha ayudado inmensamente ser parte de un grupo de apoyo a través de Whatsapp donde muchas madres nos juntamos para compartir experiencias, pedir consejos o simplemente desahogarnos después de un día difícil. Tener con quien conversar, alguien que entienda lo que atraviesas y te escuche atentamente es una gran terapia. 

Si estás cerca de una madre, ten empatía y ofrece toda la ayuda que puedas. Siempre, siempre, siempre la necesitan aunque no la pidan. Una mami siempre, siempre, siempre está cansada, aunque no lo admita.