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miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Los niños aprenden más rápido una segunda lengua?

Esa una creencia muy popular. Me lo han dicho tantas veces: Lo bueno es que Marcela aprenderá más rápido que ustedes el portugués!

En este punto, el llanto era el ruido más producido por Marcela. Sólo tenía unos días de nacida
La verdad es que no es verdad! como muchas de las creencias populares.  No es cierto que los niños pueden aprender una segunda lengua más rápido que sus padres, sobre todo si todavía no han adquirido la primera completamente, como es el caso de Marcela.

Los niños aprenden bien una segunda lengua, de eso no hay dudas. con frecuencia aprenden perfectamente, pero lo hacen rápido? La verdad es que no. Sólo hay que ver cómo aprenden la primera lengua: pasan un período largo en el que casi el único ruido que producen con sus órganos fonadores es el llanto, luego poco a poco comienzan a usar la lengua y los labios para producir diferentes sonidos aislados, sólo están entrenando, pero aún no pueden articular palabras. Cuánto celebramos la primera "palabra"!! En el caso de Marcela fue Pa, refiriéndose a su papá. Debo acotar que está avalado científicamente que la 'p' es el sonido más fácil de articular para los bebés, por eso casi todos dicen primero "pa" que "ma". El sonido 'm' es mucho más difícil de pronunciar para ellos, primero deben descubrir esa cosa llamada velo del paladar y hacer que se separe de su sitio habitual para que el aire salga por la nariz. En fin, esa es la explicación que me digo a mí misma de porqué los bebés dicen "pa" primero. 

Después se suman otros nombres de uso frecuente, como agua, teta, etc. Marcela dice unos pocos verbos, como "dame" (que para ella es lo mismo que "toma"), y dormir (que lo ha usado un par de veces en que estaba realmente agotada y quería irse a dormir voluntariamente). Generalmente, después de los dos años los niños pueden formar una frase que incluya un verbo y un nombre, por ejemplo: Dame agua, quiero manzana, etc., (Marcela aún no ha llegado a ese punto, aunque cuando quiere algo generalmente se da entender a través de señas). Aunque no pueden expresar mucha cosa, es mucho lo que están aprendiendo: vocabulario, sintaxis, reglas fonológicas, etc. Están aprendiendo un idioma. Nunca oiremos a nadie decir (eso espero) a un niño de un año: Ey!! ¿Por qué no puedes hablar? Ya casi en edad prescolar, es que los niños comienzan a comunicar más libremente sus pensamientos, para ese punto ya han pasado cuatro años, y ellos continúan aprendiendo algunos años más hasta ser hablantes competentes de su idioma materno. 


En el caso de un segundo idioma, no van a pasar cuatro años para que un niño pueda hablar porque ya tuvo una primera experiencia, aunque inconsciente, sobre la adquisición de un idioma. 

En cuanto a la diferencia entre los niños y los adultos, hay una serie de factores que intervienen en este proceso:

Al inicio, un adulto, dadas las oportunidades y las condiciones adecuadas, usualmente

aprenderá más rápido que un niño. Los adultos simplemente tenemos más capacidad intelectual, tenemos más experiencia en el aprendizaje y nuestra memoria está más desarrollada. Nosotros, los adultos, requerimos menos repeticiones para aprender algún asunto, y además tenemos conciencia del aprendizaje (eso puede relentizarlo). En la adquisición de otro idioma, está demostrado que mientras más inconsciente, mejor, más rápido y eficiente. Como adultos, tenemos una idea de lo que es "aprender" entonces vamos a clases de idiomas, leemos artículos, practicamos conjugaciones verbales, notamos las diferencias entre un idioma y otro, y todo eso muchas veces en vez de ayudar a acelerar el paso nos hace andar más lento, sin embargo nuestro lento es más rápido que el ritmo de aprendizaje de un niño. 


Los niños por su parte muchas veces, como en el caso de Marcela, no tiene conciencia plena de ese aprendizaje, y por ende es más eficiente, aunque no más rápido. Marcela por ejemplo, ha notado que la gente alrededor habla un idioma diferente al nuestro. Es muy cómico ver cómo ella trata de imitarles pronunciando puras "u", para ella el portugués es un idioma de "us" y es verdad! Su deducción es correcta. ¿Ella está aprendiendo portugués? Sí ¿entontes no aprenderá español? Sí, sí aprenderá español. Aprenderá los dos idiomas a la vez, y eso puede hacer que sea todavía un poco más lento de lo normal, porque su cerebro está procesando información en dos lenguas, "catalogando y archivando". Es rapido? No, ella apenas dice algunas palabras en español, y además de la imitación aún no ha dicho su primera palabra en portugués.

Entonces, los niños no aprenden más rápido, sino que normalmente aprenden mejor, pero esto se debe a que ellos generalmente se hallan bajo condiciones mucho más favorables:
Ellos aprenden de otros niños, y los niños hablan con vocabulario y sintaxis más simple y con más repeticiones, creando así condiciones más favorables para el principiante. En contraste, el adulto tiene que aprender de otros adultos, desafío que puede compararse con chupar agua de la manguera de los bomberos.
Además, ellos están bajo menos presión. Nadie espera que Marcela pueda conversar en portugués. Lógicamente, todos saben que la bebé necesita su tiempo para aprender, algún día podrá hablar portugués. Pero nosotros! Nosotros los adultos somos recibidos por adultos que quieren y esperan poder comunicarse con nosotros a la brevedad posible. De hecho, lo necesitan. Eso produce mucha presión en el aprendiz (es decir nosotros), y esa presión también puede hacer que el proceso sea más lento y/o menos eficiente y agradable!

Por otro lado, psicológicamente los niños tienen más tolerancia a la ambigüedad y a las repeticiones, y a la vez sienten menos la vergüenza. Esto los hace unas verdaderas esponjas. Por el contrario, los adultos somos presa de la vergüenza, y no gustamos tanto de repetir la misma cosa muchas veces. 
Estudios científicos prueban que un niño necesita escuchar una palabra muchísimas veces más para aprenderla que un adulto. Es decir, ellos necesitan más tiempo, pero tal vez por tomarse más tiempo su adquisición es más efectiva.

Cuando un adulto llega a un nuevo lugar se espera que en unas cuantas semanas o tal vez meses, él pueda comunicarse fluidamente con otros adultos. Tal vez es un poco ambicioso, pero así suele funcionar. En cambio, cuando un niño llega a un nuevo lugar donde debe aprender otro idioma, todos saben que algún día va a hablar ese idioma fluidamente, pero esperan sin ejercen presión. El niño aprende a su ritmo, y efectivamente, algún puede hablar.

En cuanto a nosotros, estoy segura de que Marcela será una niña bilingüe porque nosotros en casa sólo hablamos español, oramos en español, cantamos en español. En cuanto al portugués, lo aprenderá de los nativohablantes que están a su alrededor. 



jueves, 30 de enero de 2020

La niña viajera

     Marcela ha viajado con nosotros desde que tiene un mes de nacida. Leover tenía que hacer una diligencia en San Felipe y no quería ir solo, así que pusimos la silla para bebés en el "pancito" (nombre cariñoso de nuestro carro), la abrigamos bien y arrancamos. Marcela se portó muy bien, entre tomar tetica y dormir, la ruta se hizo corta y ella feliz.

     Unas semanas después emprendimos una odisea de un mes que incluyó Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida y Cúcuta. Esa fue la prueba de fuego para ella como viajera y para nosotros como responsables de dicha viajera. Durante ese mes, pescó su primer resfriado. Tal vez los cambios de clima le afectaron un poco, pero sobrevivió. Recuerdo que el sólo hecho de hacerle un lavado nasal era un suceso, aún así estuvimos con la familia de Leover en navidad, visitamos algunos amigos de camino a Zulia y Mérida, donde dimos unos talleres relacionados al ministerio indigenista, y al final llegamos a Cúcuta para colocarle unas vacunas a Marcela. Toda esa ruta (hasta la frontera y de regreso) la hicimos en el carrito, y Marcela se portó como toda una experta viajera. 
Marcela merendando camino a Falcón

    Regresamos a Valencia, estuvimos ahí un par de semanas y volvimos a agarrar carretera, aunque esta vez el reto era mayor porque era un viaje largo hacia Amazonas, en plena época de calor (nuestro vehículo no tenía aire acondicionado). El pancito como siempre iba requete full, de punta a punta; la mayoría de las cosas está vez eran de Marcela: corral, colchón del corral, coche, su ropa, etc. Solo quedó el espacio necesario para la silla de Marcela y para mi (por supuesto, Leover tenía su puesto de chófer seguro adelante). Hicimos el viaje en dos tramos para que no fuera tan forzado; el primer día paramos en San Fernando de Apure y seguimos bien temprano al día siguiente. Marcela se portó como una campeona, tomó toda la tetica que quiso en el camino y durmió durante horas! Dios nos dio una viajera frecuente.

¡Esos cachetes viajeros!

     Después de dos meses en Amazonas (durante ese tiempo ocurrió el apagón nacional, fue un poco complicado con la bebé tan pequeña, pero lo logramos) , volvimos a Valencia, para estar un tiempo corto y emprender en Abril otra odisea: San Antonio del Táchira, Cúcuta, Bogotá, Quindío y de regreso. 


De camino a Bogotá y con mucho frío!

    Un mes completo de viaje. Marcela se engripó otra vez. Hubo cambios de clima muy drásticos en una semana y creo que eso le afectó. Además de que cuando uno viaja en autobuses, no sabes si tu vecino de asiento está enfermo. Son las desventajas. Pero en cuanto a nuestra viajera, ella siempre se porta bien. La diferencia en esta ocasión era que viajábamos en bus, y no es igual que viajar en tu propio carro donde tú marcas tu ritmo. 


Tomando un baño en Pozo Azul, Edo Amazonas

    Pero una vez que Marce pasó la gripe, el resto del viaje fue bien relajado. Para ese momento aún estaba en lactancia materna exclusiva, así que para alimentarla sólo necesitaba estar cerca. Durante ese viaje Marcela cumplió seis meses y comenzó a dar sus primeras probadas a los alimentos sólidos. Disfrutamos mucho esos primeros días de alimentación complementaria porque nos permitía vivir muchas primeras veces y comenzar a saber qué le gustaba y qué no, y verla experimentar tantas cosas nuevas para ella. Pero para viajar la alimentación complementaria no es lo más práctico del mundo, tienes que planificar el viaje, pensar qué puedes llevar para sus comidas y meriendas, que sea apropiado para su edad, que no se dañe durante el viaje y que sea práctico, ah y comprar algunos envases que no se abran fácilmente en tu bolso (Vital!). 
El agua y el almuerzo de Marcela (brócoli, en esa ocasión)

Marcela ha utilizado casi todos los medios de transporte que existen. Nos falta el helicóptero.

    Realmente no es fácil, sobre todo al principio, porque van probando alimentos poco a poco y hay alimentos que son prácticos pero que no son apropiados para su edad; otros son apropiados pero no son prácticos para llevar.

    Después de ese viaje, pasamos un rato en Valencia y regresamos a Amazonas por unos cinco meses más. Durante ese tiempo visitamos la comunidad unas pocas veces porque el pancito ya tiene otro dueño (Nostalgia).

     En Octubre volvimos a Valencia esta vez en autobús, y con todas nuestras pertenencias en cuatro maletas. Cerramos nuestro ciclo en Amazonas y comenzamos a prepararnos para el viaje más largo que jamás hicimos y que nos llevaría a nuestro nuevo hogar en esta aventura del servicio a Dios. 


Durante el viaje a Brasil: Ruta Pacaraima - Boa Vista

    Tan largo era este viaje que salimos de casa el lunes, y llegamos a Fortaleza el sábado!! Por supuesto que no fue una viaje sin escalas, pero igual fue agotador. Marcela hizo su primer viaje en avión (por cierto, me dijeron que darle tetica al despegar y aterrizar atenúa la presión en sus oídos. Buen dato), también viajamos en autobús toda la noche (lo cual de por sí no es cómodo, y menos con 10 kgs de ternura encima) y finalmente después de un vuelo de 4 horas llegamos a Fortaleza. Creo que Marcela se ha ganado la medalla de la niña viajera!! Damos gracias a Dios porque nuestra chiquilla es 4x4!


Incluso llegó a salir solita con papá en el carro, y vean qué divino dormía.
En fin, ¿es posible viajar con bebés?
Sí, definitivamente sí.
Hay que ser lo más prácticos posible, no complicarse la vida en vano. Simplificar las cosas tanto como se pueda. (maletas, pañalera, etc.)
Llevar frutas y galletas apropiadas (si ya comen sólidos) y mucha agua. Además de la tetica si sigue disponible.
En cuanto a Marcela, ella es muy calurosa. Normalmente, viaja con ropa ligera y de algodón, y siempre llevo una cobija en caso de que el clima se ponga frío poder abrigarla. Dependerá de los gustos de tu bebé.
Disfrutar el viaje! Ese momento, ese instante, es irrepetible!! 

jueves, 26 de septiembre de 2019

La manta de la Esperanza

    Tal vez antes ya he contado un poco sobre lo que significó esperar la llegada de Marcela a nuestras vidas. No me refiero a los nueve meses de espera; ésta vez quiero ir un poco más allá y contar sobre los años que tuvimos que esperar hasta saber que Marcela al fin vendría. Me atrevo a recontar nuestra historia para animar a otras futuras colegas que están en ese mismo proceso de esperar.


     Cuando Leover y yo nos casamos en 2012 ya sabíamos sin dudas que queríamos tener hijos, pero también sabíamos que queríamos esperar un poco; eso de un cambio a la vez nos llevó a aplazar un poco la decisión ya que antes del primer aniversario salimos rumbo a Atabapo, y una vez allá, las carencias en los servicios de salud del pueblo nos intimidaron un poco así que seguimos esperando. 

     Recuerdo que en Octubre de 2014, estando en Atabapo, un pastor cercano y su esposa tuvieron un bebé. Cuando lo conocí y lo cargué, tan tierno, tan lindo, tan suavecito, supe que había llegado el tiempo: ¡quería tener un hijo!  Ese día se despertó en mí ese anhelo, y un par de meses después de hablarlo con Leover, dejamos de usar las pastillas y comenzamos a esperar.

Este pequeño es Óscar Josué, quien nos animó a ser papás. Una belleza. Hoy debe tener cinco años

    Los primeros meses esperaba a mi amiga mensual con la esperanza de que no llegara. Lo sé, es una contradicción esperar algo que no quieres que llegue, pero así funciona. Tal vez pasaron unos seis meses para que nos diéramos cuenta de que no iba a ser tan sencillo, o tan rápido como hubiésemos querido o esperado al principio. 

    Fuimos al médico para descartar algún problema de salud. Invertimos una buena cantidad de dinero en exámenes, pruebas y consultas. La conclusión de todo ese proceso fue que no había nada en nuestros cuerpos que nos impidiera concebir, todo estaba funcionando como debía. Cualquiera pensaría que eso nos daría tranquilidad, pero a mí me puso muy ansiosa. Si hubiese algún problema, podríamos "arreglarlo"; pero al no haber ninguno, debíamos esperar. 

     Esperar? Eso era lo menos que yo quería hacer en ese momento. Para este punto ya llevábamos un año de espera, y no era divertido. 

     En ese momento estábamos bastante ocupados con nuestro trabajo en ELÍAS, la extensión en Caño Bocón, Colombia, ya estaba andando y eso nos mantenía activos y trabajando, además de todos los retos que implicaba vivir en Atabapo (meses sin electricidad, hacer compras sin punto de venta, conseguir gasolina, etc.); en fin, había muchas cosas en que mantener puesta nuestra mente. Sin embargo, de vez en cuando yo me sentía un poco afligida porque lo que tanto anhelábamos no sucedía, a veces incluso lloraba. 

    En ocasiones me daba por pensar: ¿qué pasaría si en el plan de Dios no está que nosotros tengamos hijos? ¿Podré vivir con eso? La sola idea me aterraba. 

     Así transcurrieron dos años más, con algunas falsas alarmas que nos emocionaban por instantes y después nos dejaban el corazón roto. 

    En enero de 2018, me quedé sola en casa por unos días debido a que Leover tuvo que hacer un viaje a Atabapo (para ese momento ya nos habíamos mudado a la capital de Amazonas). Esos días fueron muy difíciles, me sentía muy sola, lloré mucho, oré también. Recordé que hacía un par de años habíamos comprado una lana blanca para tejer una manta hermosa para nuestro hijo, sin embargo nunca me había atrevido a empezarla. Me aterraba la idea de que la tejiera y después el bebé no llegara. 

    Pero en esos días de orar y llorar, más animada y con una fe renovada, tomé el hilo y la aguja de crochet y comencé a tejer. En tres días la manta estaba lista. Era hermosa! 

La manta de la Esperanza

    Fue como una terapia, después de eso me sentí más tranquila y puedo decir que hasta lo "olvidé", ya no estaba ansiosa por eso. Dos meses después, estaba sentada llorando mientras Leover gritaba de alegría con el sobre del resultado en su mano.

Esperando a Marcela

    Los nueve meses se embarazo los disfrutamos mucho (sinceramente, no los nueve, los dos primeros fueron terribles: llenos de náuseas y mareos) y el 9 de noviembre de ese año recibimos a Marcela en nuestros brazos. Unos días después estrenamos esa hermosa manta que fue tejida antes de que ella fuera concebida.

Marcela a los dos meses de nacida


     En fin, esta es mi historia. Una historia de aprender a esperar en Dios, quien tiene planes maravillosos para nosotros, superando nuestros sueños más locos. 

    El creador del universo diseñó a nuestra hija para bendecir nuestra familia. La envió en el momento perfecto para nosotros y ahora la disfrutamos cada día.

Nuestro regalo! 


    Así que, futuras colegas, si están en ese tiempo de esperar aprovéchalo para crecer como persona, para ser mejor esposa, mejor hija, haz lo que te guste más hacer, pero sobre todo no pierdas la fe. Cada oración ha sido escuchada y Dios que es bueno sabrá responder con bondad.


jueves, 7 de marzo de 2019

Sobrellevando el caos

     En un mundo perfecto de mamá primeriza casi obsesiva, yo podría dedicarle todo mi tiempo y mi energía al cuidado de Marcela. Pero ese mundo “perfecto” no existe. En el mundo real, no sólo soy la mamá de esta preciosa bebita. En primer lugar, sigo siendo una mujer que necesita atenderse (pintarse las uñas, peinarse, escribir, hacer algo que me gusta, comer, DESCANSAR, etc.), soy la esposa de un hombre maravilloso que requiere mi atención, soy una cristiana que necesita tener tiempo de devoción con Dios, sirvo a Dios y hay tareas relacionadas a ese servicio que debo realizar. Por otro lado, soy una hija, hermana y amiga que necesita sembrar en esas relaciones. Ah, también sigo siendo ama de casa, y por el momento no he logrado que la casa se asee sola!

      Todas estas actividades son importantes, todas requieren tiempo y energía. Sería muy ilusa si pensara que después del nacimiento de Marcela podría realizar estas tareas como antes, sin ningún cambio. Muchas  veces me dijeron que la vida me cambiaría, así que traté de mentalizarme, pero la realidad me alcanzó más temprano que tarde.
Marcela en su primer día de consulta pediátrica

      Una vez que Marcela nació me di cuenta rápidamente que mi tiempo le pertenecía casi por completo, sobre todo cuando estaba recién nacida porque tuvimos un arranque complicado con la lactancia, además de la recuperación de la cesárea. Sé que soy muy afortunada por toda la ayuda que recibí de mi mamá, que se quedó con nosotros por una semana, y de mi esposo amado que se encargó de las cosas de la casa durante las primeras semanas de nuestra aventura como padres (todavía me sigue ayudando, es mi héroe!). Sin toda esa ayuda hubiera enloquecido.  Después de las primeras semanas yo esperaba ir retomando poco a poco las actividades cotidianas, sin embargo debo confesar que comencé a sentirme frustrada. Más que frustrada creo que me sentí sobrepasada por la situación. Me sentí como si tuviera un 100% para dar, pero yo misma me sentía presionada para dar el 500% que era necesario para hacer todo lo “requerido”. Al acercarse la noche, yo andaba solo con mis reservas de energía, lo único que quería era dormir.
 

      Me sentía como un malabarista que lanza objetos en fuego al aire y debe mantenerlos en movimiento sin que caigan al suelo, sólo que yo me hallaba haciendo malabares con mi hija, mi esposo, la casa, etc. Obviamente este malabarismo es extremo, ninguna mamá quiere desatender a su pequeño hijo, pero tampoco quiere ser una mala esposa o un ama de casa descuidada. Pero creo que esa imagen de la maternidad como una malabarista hace énfasis en la tensión, el estrés y el afán; muchas veces sentí que fracasé en mis malabares y por cuidar a la beba, terminé descuidando otros aspectos de la vida que también son importantes.  Si bien es cierto que la tensión, el estrés y el afán son emociones que aparecen de vez en cuando en la vida de mamá, ahora me doy cuenta que ese énfasis no es el correcto. El nuevo enfoque que trato de tener es el de disfrutar cada día, aunque haya un poco de caos y no pueda tener control de todo.
 

Ahora, tres meses después del nacimiento de Marcela, puedo darme cuenta de que tal vez mis expectativas con respecto a mí misma eran muy elevadas, tanto que me generaron una presión extra, que incluso me hacía sentir más que cansada, extenuada. Esto puede deberse a mi temperamento melancólico, el cual me hace ser bastante perfeccionista en lo que hago, pero esto no es sano. Poco a poco he descubierto que no puedo ser una mamá perfecta, porque eso implicaría descuidar otros asuntos y personas y a la final no habría perfección alguna.

Conversando sobre este tema con mi amiga Fernanda Vielma, madre de dos pequeños hermosos, ella me decía algunas cosas importantes que deseo compartir aquí:

1.    Aceptar la nueva realidad: OK, soy mamá, muchas cosas cambiarán y no tengo tiempo ni energía para hacer todo lo que se supone que necesito hacer. Esto me ayuda a no frustrarme y entender que los cambios son parte de la bendición de ser mamá. Además, creo que es necesario que no sólo la mamá acepte esta nueva realidad, sino que los que forman parte de su red de apoyo, los que trabajan con ella, su familia, etc., ellos también deben ser conscientes de dichos cambios.

2.    Establecer prioridades: ¿Qué es importante? ¿Qué es urgente? ¿Qué cosas dejaré de hacer (al menos temporalmente)? El día sigue teniendo 24 horas, es necesario tener claro qué cosas son realmente importantes, qué cosas pueden esperar, y de qué cosas puedo prescindir. Por supuesto, esto implica que tal vez la casa no esté inmaculada, tal vez no puedas escribir un artículo semanalmente, tal vez debas aplazar algunas actividades hasta que el bebé crezca un poco. Son decisiones que cada familia debe tomar.

3.    Ser disciplinado: ¡Esto es muy difícil para mí! Me es muy difícil establecer una rutina y cumplirla hasta que se haga un hábito. Nuestro ritmo de vida un poco itinerante lo dificulta aún más, pero es necesario, ahora más que nunca es necesario. A los niños les es beneficioso tener rutinas, de alguna manera les hace sentir seguros y al mismo tiempo facilita las cosas para los padres, pero esto requiere disciplina.

En cuanto a mí, es un desafío. Debido al trabajo de movilización que hacemos ahora, duramos un mes viajando, con Marcela por supuesto. Visitamos cuatro estados del país, y nos hospedamos en unas ocho casas aproximadamente. ¡Pobrecita Marcela! Cada casa nueva era un reto para ella, y además estar viajando dificulta hacer rutinas.

Sin embargo, ahora que estamos en Amazonas por un par de meses tratamos de establecer ciertas rutinas. Al despertarse, Marce tiene lo que llamo “la hora feliz”, ella está muy contenta, risueña y de buen humor. Durante ese tiempo casi siempre puedo leer la Biblia con tranquilidad. Después de su hora feliz, generalmente toma una siesta corta. El resto de la mañana la pasa entre siestas cortas (cortísimas), jugando en el gimnasio, el pecho de mami y los brazos de los papis de a ratos. A mediodía la bañamos, toma una siesta (no siempre), y otra vez comer, jugar. Por la noche, la rutina que tratamos de establecer es la siguiente: un baño con agua tibia, le pongo su pijama, apago la luz y prendo la linterna del teléfono para que la iluminación sea más tenue. Inmediatamente, comienza a rascarse los ojitos y en poco más de media hora ya estará durmiendo en su cunita.

Disciplina es una palabra importante aquí.


Dar un paseo por un parque cercano es una excelente opción para despejar la mente.
 

         
 
 
 
 
 
 
   En fin, ¿Te vas a perder algunas reuniones? Probablemente sí ¿Dejarás de hacer algunas cosas que te gustan? Tal vez ¿Tendrás que tomar duchas rápidas? Algunas veces ¿La casa estará inmaculada? Definitivamente no ¿Valen la pena esos sacrificios? ¡Totalmente!

     Hay muchos trabajos para hacer en el mundo. Pero Dios nos dio (a las mujeres) la capacidad de concebir, alimentar y cuidar de nuestros hijos. Ese es EL Trabajo que puede cambiar el mundo: enseñándoles a ser buenas personas, buenos ciudadanos, a amar a Dios, atesorar Su Palabra, ser respetuosos con los demás, cuidar de los animales, etc.

     Hay una palabra que puede resultar la clave para este asunto: Equilibrio. Aunque nuestro trabajo como madre sea lo más importante que hagamos en la vida (de hecho creo que así es), debemos encontrar un equilibrio para atender a nuestro esposo, la casa, a nosotras mismas, además de las demás actividades y relaciones que debemos cuidar. Algunos días serán caóticos, pero el caos es temporal. Ellos crecerán, y cada vez serán más independientes, lo cual nos permitirá reorganizarnos nuevamente. Mientras tanto, si lo disfrutas es mejor y más llevadero.