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miércoles, 19 de agosto de 2020

La culpa: No es buena compañera

        Para algunos la maternidad comienza cuando el bebé nace, pero yo pienso que comienza en el instante que sabes que otra persona está siendo formada dentro de ti, porque desde ese momento muchas cosas comienzan a cambiar (no sólo físicamente), comenzamos a pensar cómo alimentarnos mejor para que el bebé nazca sano, hay algunas medicinas que no podemos tomar y algunas actividades que no podemos hacer o en las que debemos ser más cuidadosas.

Marcela en la panza. Nuestras ilusiones en su máxima expresión 


     Pero, es una realidad que el cambio más radical ocurre una vez que el bebé nace. Todo se hace más intenso. Descubrimos un amor diferente y profundo que no conocíamos. Sin embargo, rápidamente caemos en cuenta que estamos muy lejos de esa idealización cultural de la maternidad (y paternidad): No somos esa madre perfecta, cuya lactancia se le dio bien desde el inicio, que no “necesitó” ayuda, que tiene la casa inmaculada, que se maquilla y se hace manicure y cuyo bebé está siempre perfecto y hermoso. Pronto nos damos cuenta que esta tarea no es tan natural, sencilla e instintiva como pensamos. 

La realidad puede ser mejor que nuestra idealización de la maternidad. Es más sana y menos opresiva. 


    Es cuando, injustamente, comenzamos a compararnos con ese ideal inexistente en la realidad que aparece la culpa, una compañera totalmente perversa que puede arruinar nuestro viaje por la vida, no sólo en la maternidad. Tal vez estás pensando: No, yo no tengo problemas con la culpa. ¿Estás seguro? Observa esta lista con cuidado:

·         ¿Cualquier opinión o crítica te afecta?

·         ¿Magnificas o exageras todo?

·         ¿Ves errores donde los demás ven aprendizaje?

·         ¿Te disculpas constantemente?

·         ¿Sientes la obligación de satisfacer a los demás?

·         ¿Es difícil para ti decir que NO?

·         ¿Tiendes a callarte si algo te molesta?

·         ¿Tienes miedo a hacerle daño a los demás o a su rechazo?

·         ¿Tienes miedo de ser abandonado?

Esas son algunas de las manifestaciones cuando una persona está lidiando con sentimientos de culpa recurrentes. ¿Conoces a alguna mamá o papá que no haya sentido culpa? Tal vez no lo admita públicamente, pero creo que es algo con lo que todos los padres luchamos en este viaje. Sin embargo, tenemos que ser muy cuidadosos con ese sentimiento porque él puede arruinar nuestra caminata convirtiéndose en una pesada carga. 

Cuando la culpa aparece y no sabemos lidiar con ella, se convierte en un problema porque distorsiona la forma como nos vemos, nos evaluamos y nos valoramos s a nosotros mismos. Es muy nociva porque se convierte en un juez interno que está continuamente comparándonos con otras personas o con algunas idealizaciones que nosotros mismos hemos construido respecto a la tarea que llevamos a cabo, y en esas comparaciones siempre salimos perdiendo haciendo que el concepto que tenemos de nosotros mismos se deteriore poco a poco y, además la culpa no viaja sola. Ella está siempre acompañada por la tristeza, la frustración, impotencia y remordimientos. ¡Lindos compañeros de viaje!

Yo recuerdo que cuando Marcela tenía casi seis meses tuvimos que hacer un viaje muy largo hasta la ciudad de Armenia, en Colombia. El viaje fue por tierra y para no hacerlo directo que sería muy largo y cansativo, paramos para descansar en la ciudad de Cúcuta, pues ahí Marcela se enfermó, tenía mucha tos, estornudaba demasiado, hasta le dio fiebre. Después de tres días con la bebé enferma, comenzaron las dudas y los miedos ¿Por qué tuvimos que hacer este viaje? ¿Si estuviésemos en casa la bebé hubiese enfermado igual? ¿Si empeora qué vamos a hacer, si estamos en otro país? Seguimos nuestro camino, de hecho tuvimos que llevar la bebé al médico después que pasó una noche entera llorando (los que tienen hijos saben que el llanto puede llegar a desesperar). Esa noche la culpa asaltó mi mente y me tomó desprevenida: “Si nos hubiésemos quedado en casa, esto no estaría pasando. Es tu culpa que Marcela esté así, no debimos haber venido. Si le pasa algo peor tú serás la culpable”. Esos pensamientos eran muy fuertes y persistentes. Eran un tormento, en realidad. Gracias a Dios, Marcela comenzó a mejorar rápido y esos sentimientos se disiparon.

Seguramente ya lo has vivido, incluso si no eres padre. Cuando las cosas no siguen la ruta planeada, tratamos de encontrar dónde estuvo el error, y generalmente lo encontramos en nosotros mismos, y ahí es donde comienza la batalla.

Obviamente, no estoy hablando de llevar la vida con la filosofía de: “Cómo vaya viniendo vamos viendo”, o con un conformismo absoluto. Está bien plantearnos metas y objetivos y perseguirlos. Pero entonces, cuando algo sale de los planes perfectos que hicimos qué podemos hacer cuando la culpa nos asalte (ella va a venir, eso es seguro), cómo lidiar con esa desagradable visitante que quiere venir a instalarse en nuestra vida como residente permanente.

La culpa cuando es sana y se mantiene bajo control sirve para ayudarnos a darnos cuenta de un error cometido y a reparar el daño causado. El problema comienza cuando esa señora se manifiesta con excesiva frecuencia o intensidad porque pierde su función correctiva y pasa a ser una molestia.

Entonces, es muy importante cuando sentimos culpa, evaluar la situación e intentar aplicar la lógica y el sentido común (que a veces no es tan común). Retomando el ejemplo que coloqué antes, cuando Marcela se enfermó durante el viaje, es bastante obvio que carece de toda lógica cargar con culpa porque Marcela pegó un virus durante el viaje. Es algo que está fuera de mi control, además de que otras veces también se ha engripado estando en casa, entonces así puedo ayudarme a mí misma a ver en que no necesito cargar con una culpa que no me pertenece.

Ahora bien, si la evaluación da como resultado que efectivamente me equivoqué. No estuvo bien eso que hice. Está bien. El asunto está en no quedarse en la culpa y pasar a la responsabilidad. El remordimiento y la frustración por el error cometido no van a solucionar nada, pero yo puedo asumir la responsabilidad por el error que cometí, pedir perdón, resarcir, corregir, aprender y continuar. Por ejemplo, un día estábamos en una reunión especial donde se requería silencio, cosa que es casi imposible si tienes una niña de 18 meses, Marcela parecía que tenía demasiada energía ese día, canataba gritaba, quería correr, etc.  Lo cierto es que intenté por todos los medios calmarla sin conseguirlo, hasta que me sentí sobrepasada por la situación y me llevé a Marcela aparte y le hablé muy rudo. Ella obviamente no entendía lo que pasaba, se pudo a llorar, y yo también. La abracé, le pedí perdón por tratarla de esa forma (ojo: no le pegué, pero la traté duramente) y oré a Dios un momento para encontrar calma. Después que eso aconteció, hablé con Leover al respecto, quien estaba ocupado en el momento del episodio, y el acuerdo fue que cuando Marcela estuviera muy inquieta en alguna reunión, yo no iba a insistir en participar, simplemente la iba a tomar y saldría de ahí antes de volver a reaccionar de esa forma. Entonces, en este caso la culpa me asaltó pronto y de hecho me ayudó a ver que había obrado mal, pero en vez de darle largas y quedarme rumiando esos pensamientos, lo que hice fue evaluar la situación y ver de qué manera puedo evitarla en el futuro.

Entonces, ¿Te sientes culpable por tener que ir a trabajar y dejar tu bebé al cuidado de otra persona? ¿Te siente culpable contigo misma por dejar tu carrera para criar a tus hijos? ¿Te sientes culpable por no poder ofrecer a tus hijos todo lo que quisieras? ¿Explotaste y le gritaste a tu hijo? ¿Te sientes culpable por querer tener un día sin hijos? ¿Qué hacer con esa culpa? Intenta evaluar la situación racionalmente, si sientes que la culpa te está indicando algo para corregir, para mejorar, ¡bienvenida sea! Haces los ajustes a los que haya lugar y listo. Aprende a ver los errores como oportunidades para aprender lecciones muy valiosas.

En este punto, todavía conservaba algunos ideales perfeccionistas que he tenido que ir sacando de mi mente poco a poco

Saca de tu mente esa idealización de la madre perfecta, el padre perfecto, el hijo perfecto, etc., porque tal cosa no existe. Si mantienes expectativas idealizadas de ti mismo o de los demás, cualquier error va a ser enjuiciado y sentenciado. Recuerda: Sé amable contigo mismo, perdona tus errores, aprende de ellos y continúa.

La vida es un viaje ¡La culpa no es buena compañera! Hoy es un buen día para desalojarla de nuestras vidas y dar lugar a cosas mejores. 

lunes, 10 de agosto de 2020

¿Cuando fue la última vez que fuiste amable contigo misma?

     Durante nuestra formación, nosotros somos frecuentemente instruidos sobre la necesidad de ser amables, afectuosos y generosos con los demás y demostrar empatía con sus situaciones y sus problemas.  Desde muy pequeños nuestros padres ponen su empeño en que desarrollemos esas habilidades sociales. Sin embargo, la mayoría de las veces se pasa por alto enseñar esas habilidades para ser aplicadas a nosotros mismos, es decir, ser amables, afectuosos y generosos con nosotros, y tener empatía ante nuestras situaciones y nuestros problemas. Lo que resulta es que somos muy autoexigentes, tendemos al perfeccionismo, y nos juzgamos con una dureza con la que no juzgamos a nadie más.


        Si un amigo nuestro comete un error, nosotros estamos ahí para ayudarlo a levantarse y darle palabras de ánimo. Pero si el error es nuestro, no tarda en aparecer el juicio y la recriminación.

       Si un amigo está en una situación en la que las cosas no salieron como lo esperaba, nuestras palabras son de consuelo y abrigo. Pero, si las cosas no nos salen como lo planeamos, incluso lo más inesperado como la muerte y la enfermedad, tendemos a buscar explicaciones que generalmente arrojan una carga pesada de culpa sobre nuestros hombros.

       La autoexigencia, en su justa medida, es buena como gasolina para avanzar hacia nuestros objetivos. Sin embargo, rara vez aparece en su justa medida y por lo contrario suele convertirse en un filtro a través del cual juzgamos todo lo que hacemos y olvidamos lo más obvio: somos seres humanos, y por lo tanto siempre existirán las fallas y los errores.  No necesitamos aparentar que somos super mamás, que podemos con todo en la vida, que no hay nada que nos desborde. Esa actitud es dañina para nosotras (las mamás, y también para todos los demás), además de ser una mentira muy grande. 

     Estas son algunas recomendaciones para comenzar a ser amable contigo misma:

  1. Repite después de mí: La gente se equivoca, ¡eso me incluye a mí! Ser amable contigo mismo no significa que vas a ser mediocre y conformarte, significa que vas a entender que los errores van a aparecer, tal vez no el mismo error, pero mientras estemos en este cuerpo físico vamos a equivocarnos eventualmente. ¿Qué le dices a un amigo tuyo que ha hecho algo errado? ¿Lo tratas con empatía y amor? ¿Qué tal si la próxima vez que te equivoques te tratas a ti mismo con la misma empatía y el mismo amor? Trata de aprender de tus errores y sigue adelante.
  2.         No  ignores tus emociones y sentimientos. Los tuyos son tan válidos como los de los demás. Cuando estés teniendo un mal día, estés enojada(o), te sientas abrumada(o), no intentes suprimir eso que sientes, háblalo con alguien y pide ayuda si pudieres. Ignorar o suprimir los sentimientos no hará que desaparezcan, más bien puede hacer que las cosas empeoren. Cuando las emociones no se gestionan, eventualmente explotarán por algún lado. Tristemente yo también he pasado por esto. Por alguna razón asumimos que no es bueno asumir que estás cansada, que necesitas un break, pero las veces que he retrasado la petición de ayuda, he sido rebasada en los momentos menos oportunos e incluso un par de veces he tratado rudamente a Marcela como consecuencia. Por eso, es mejor pedir ayuda a tiempo que terminar lastimando a otros a nuestro alrededor.
  3.        Renuncia a la necesidad de ser perfecta(o): Esto puede ser una liberación, y te permite en concentrarte en objetivos claros, sin tener que frustrarnos ante el mínimo error. Cuando persistimos en buscar la perfección, gastamos nuestras energías en buscar lo inalcanzable. No existe la mamá perfecta, ni la misionera perfecta, ni la esposa perfecta. Ya te habrás dado cuenta que tú no serás la primera. Ya yo lo asumí.
  4.       Cuida el lenguaje con que te hablas a ti misma(o). ¿Recuerdas la última conversación que tuviste contigo misma(o)? ¿Fuiste amable? ¿O te hablaste como si fueras tu peor enemigo? Estamos tan acostumbrados a ser críticos con nosotros mismos que no pensamos las palabras que nos decimos frente al espejo. Evita las etiquetas y las críticas peyorativas. La próxima vez puedes intentar: “Desearía que esto no hubiera sucedido, pero sucedió. Intentaré aprender las lecciones que pueda y continuaré. La próxima vez lo haré mejor”.
  5.     .  Evita las comparaciones. Además de odiosas, son injustas. Cada persona se enfrenta a circunstancias tan particulares como ella misma, y las enfrenta con las herramientas que tiene a disposición. Por eso, no sirve de nada comparar. Como mamás es muy fácil pensar: El hijo de fulana ya habla y mi hijo apenas dice pá, el hijo de mengano caminó a los 8 meses y mi bebé aún no camina, y así hasta el infinito y más allá. Como misioneros, es igual: ¡Fulano aprendió el idioma en tres meses y yo llevo seis meses y apenas puedo decir algunas cosas! Esas comparaciones nos ponen una presión innecesaria, minan nuestra confianza, no aportan nada positivo y afianzan el pensamiento de que nuestro valor personal está en lo que hacemos y no en lo que somos, lo cual no es cierto.
  6.       Celebra tus victorias. Tendemos a enfatizar los errores, las fallas, etc., pero pasamos por alto lo que sale bien, lo que ganamos. La próxima vez que alcances algún objetivo planteado, ¡celébralo! 
  7.        Hazte un regalo sin sentir culpa: Ve a la peluquería, hazte un pedicure, sal a caminar (¡sola!) y cómete un helado en el camino, consigue una niñera y visita una amiga sólo para conversar, pide ayuda para cuidar al bebé y tener tiempo para orar con tranquilidad, etc., pero sin sentir culpa, no tienes por qué. La culpa no es bienvenida.  

  Como persona, y en todos los roles que hemos de asumir, tendremos buenas épocas y malas épocas. Una mala época no quiere decir que la vida acabó, o dejó de tener sentido. Significa que es un tiempo difícil, que seguramente te ofrecerá grandes lecciones. Mientras pasa la mala racha, enfócate en las pequeñas cosas positivas que pasan a tu alrededor, y sé agradecido por ellas.

¡Celebra las bendiciones! Sonríe
Celebra las bendiciones, y ¡sonríe!

La vida a veces es suficientemente dura como para que nosotros nos tornemos en nuestros enemigos particulares.

No creas ni remotamente que escribo como quien tiene estos asuntos totalmente resueltos. Sigo aprendiendo, hay días en que lo consigo y días en que no. Pero he percibido que cuando soy más amable conmigo misma, soy más paciente y amable con Marcela y con los demás. 

¡No seas nunca más el último ítem de la lista de pendientes! 


miércoles, 4 de marzo de 2020

¿Los niños aprenden más rápido una segunda lengua?

Esa una creencia muy popular. Me lo han dicho tantas veces: Lo bueno es que Marcela aprenderá más rápido que ustedes el portugués!

En este punto, el llanto era el ruido más producido por Marcela. Sólo tenía unos días de nacida
La verdad es que no es verdad! como muchas de las creencias populares.  No es cierto que los niños pueden aprender una segunda lengua más rápido que sus padres, sobre todo si todavía no han adquirido la primera completamente, como es el caso de Marcela.

Los niños aprenden bien una segunda lengua, de eso no hay dudas. con frecuencia aprenden perfectamente, pero lo hacen rápido? La verdad es que no. Sólo hay que ver cómo aprenden la primera lengua: pasan un período largo en el que casi el único ruido que producen con sus órganos fonadores es el llanto, luego poco a poco comienzan a usar la lengua y los labios para producir diferentes sonidos aislados, sólo están entrenando, pero aún no pueden articular palabras. Cuánto celebramos la primera "palabra"!! En el caso de Marcela fue Pa, refiriéndose a su papá. Debo acotar que está avalado científicamente que la 'p' es el sonido más fácil de articular para los bebés, por eso casi todos dicen primero "pa" que "ma". El sonido 'm' es mucho más difícil de pronunciar para ellos, primero deben descubrir esa cosa llamada velo del paladar y hacer que se separe de su sitio habitual para que el aire salga por la nariz. En fin, esa es la explicación que me digo a mí misma de porqué los bebés dicen "pa" primero. 

Después se suman otros nombres de uso frecuente, como agua, teta, etc. Marcela dice unos pocos verbos, como "dame" (que para ella es lo mismo que "toma"), y dormir (que lo ha usado un par de veces en que estaba realmente agotada y quería irse a dormir voluntariamente). Generalmente, después de los dos años los niños pueden formar una frase que incluya un verbo y un nombre, por ejemplo: Dame agua, quiero manzana, etc., (Marcela aún no ha llegado a ese punto, aunque cuando quiere algo generalmente se da entender a través de señas). Aunque no pueden expresar mucha cosa, es mucho lo que están aprendiendo: vocabulario, sintaxis, reglas fonológicas, etc. Están aprendiendo un idioma. Nunca oiremos a nadie decir (eso espero) a un niño de un año: Ey!! ¿Por qué no puedes hablar? Ya casi en edad prescolar, es que los niños comienzan a comunicar más libremente sus pensamientos, para ese punto ya han pasado cuatro años, y ellos continúan aprendiendo algunos años más hasta ser hablantes competentes de su idioma materno. 


En el caso de un segundo idioma, no van a pasar cuatro años para que un niño pueda hablar porque ya tuvo una primera experiencia, aunque inconsciente, sobre la adquisición de un idioma. 

En cuanto a la diferencia entre los niños y los adultos, hay una serie de factores que intervienen en este proceso:

Al inicio, un adulto, dadas las oportunidades y las condiciones adecuadas, usualmente

aprenderá más rápido que un niño. Los adultos simplemente tenemos más capacidad intelectual, tenemos más experiencia en el aprendizaje y nuestra memoria está más desarrollada. Nosotros, los adultos, requerimos menos repeticiones para aprender algún asunto, y además tenemos conciencia del aprendizaje (eso puede relentizarlo). En la adquisición de otro idioma, está demostrado que mientras más inconsciente, mejor, más rápido y eficiente. Como adultos, tenemos una idea de lo que es "aprender" entonces vamos a clases de idiomas, leemos artículos, practicamos conjugaciones verbales, notamos las diferencias entre un idioma y otro, y todo eso muchas veces en vez de ayudar a acelerar el paso nos hace andar más lento, sin embargo nuestro lento es más rápido que el ritmo de aprendizaje de un niño. 


Los niños por su parte muchas veces, como en el caso de Marcela, no tiene conciencia plena de ese aprendizaje, y por ende es más eficiente, aunque no más rápido. Marcela por ejemplo, ha notado que la gente alrededor habla un idioma diferente al nuestro. Es muy cómico ver cómo ella trata de imitarles pronunciando puras "u", para ella el portugués es un idioma de "us" y es verdad! Su deducción es correcta. ¿Ella está aprendiendo portugués? Sí ¿entontes no aprenderá español? Sí, sí aprenderá español. Aprenderá los dos idiomas a la vez, y eso puede hacer que sea todavía un poco más lento de lo normal, porque su cerebro está procesando información en dos lenguas, "catalogando y archivando". Es rapido? No, ella apenas dice algunas palabras en español, y además de la imitación aún no ha dicho su primera palabra en portugués.

Entonces, los niños no aprenden más rápido, sino que normalmente aprenden mejor, pero esto se debe a que ellos generalmente se hallan bajo condiciones mucho más favorables:
Ellos aprenden de otros niños, y los niños hablan con vocabulario y sintaxis más simple y con más repeticiones, creando así condiciones más favorables para el principiante. En contraste, el adulto tiene que aprender de otros adultos, desafío que puede compararse con chupar agua de la manguera de los bomberos.
Además, ellos están bajo menos presión. Nadie espera que Marcela pueda conversar en portugués. Lógicamente, todos saben que la bebé necesita su tiempo para aprender, algún día podrá hablar portugués. Pero nosotros! Nosotros los adultos somos recibidos por adultos que quieren y esperan poder comunicarse con nosotros a la brevedad posible. De hecho, lo necesitan. Eso produce mucha presión en el aprendiz (es decir nosotros), y esa presión también puede hacer que el proceso sea más lento y/o menos eficiente y agradable!

Por otro lado, psicológicamente los niños tienen más tolerancia a la ambigüedad y a las repeticiones, y a la vez sienten menos la vergüenza. Esto los hace unas verdaderas esponjas. Por el contrario, los adultos somos presa de la vergüenza, y no gustamos tanto de repetir la misma cosa muchas veces. 
Estudios científicos prueban que un niño necesita escuchar una palabra muchísimas veces más para aprenderla que un adulto. Es decir, ellos necesitan más tiempo, pero tal vez por tomarse más tiempo su adquisición es más efectiva.

Cuando un adulto llega a un nuevo lugar se espera que en unas cuantas semanas o tal vez meses, él pueda comunicarse fluidamente con otros adultos. Tal vez es un poco ambicioso, pero así suele funcionar. En cambio, cuando un niño llega a un nuevo lugar donde debe aprender otro idioma, todos saben que algún día va a hablar ese idioma fluidamente, pero esperan sin ejercen presión. El niño aprende a su ritmo, y efectivamente, algún puede hablar.

En cuanto a nosotros, estoy segura de que Marcela será una niña bilingüe porque nosotros en casa sólo hablamos español, oramos en español, cantamos en español. En cuanto al portugués, lo aprenderá de los nativohablantes que están a su alrededor. 



jueves, 30 de enero de 2020

La niña viajera

     Marcela ha viajado con nosotros desde que tiene un mes de nacida. Leover tenía que hacer una diligencia en San Felipe y no quería ir solo, así que pusimos la silla para bebés en el "pancito" (nombre cariñoso de nuestro carro), la abrigamos bien y arrancamos. Marcela se portó muy bien, entre tomar tetica y dormir, la ruta se hizo corta y ella feliz.

     Unas semanas después emprendimos una odisea de un mes que incluyó Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida y Cúcuta. Esa fue la prueba de fuego para ella como viajera y para nosotros como responsables de dicha viajera. Durante ese mes, pescó su primer resfriado. Tal vez los cambios de clima le afectaron un poco, pero sobrevivió. Recuerdo que el sólo hecho de hacerle un lavado nasal era un suceso, aún así estuvimos con la familia de Leover en navidad, visitamos algunos amigos de camino a Zulia y Mérida, donde dimos unos talleres relacionados al ministerio indigenista, y al final llegamos a Cúcuta para colocarle unas vacunas a Marcela. Toda esa ruta (hasta la frontera y de regreso) la hicimos en el carrito, y Marcela se portó como toda una experta viajera. 
Marcela merendando camino a Falcón

    Regresamos a Valencia, estuvimos ahí un par de semanas y volvimos a agarrar carretera, aunque esta vez el reto era mayor porque era un viaje largo hacia Amazonas, en plena época de calor (nuestro vehículo no tenía aire acondicionado). El pancito como siempre iba requete full, de punta a punta; la mayoría de las cosas está vez eran de Marcela: corral, colchón del corral, coche, su ropa, etc. Solo quedó el espacio necesario para la silla de Marcela y para mi (por supuesto, Leover tenía su puesto de chófer seguro adelante). Hicimos el viaje en dos tramos para que no fuera tan forzado; el primer día paramos en San Fernando de Apure y seguimos bien temprano al día siguiente. Marcela se portó como una campeona, tomó toda la tetica que quiso en el camino y durmió durante horas! Dios nos dio una viajera frecuente.

¡Esos cachetes viajeros!

     Después de dos meses en Amazonas (durante ese tiempo ocurrió el apagón nacional, fue un poco complicado con la bebé tan pequeña, pero lo logramos) , volvimos a Valencia, para estar un tiempo corto y emprender en Abril otra odisea: San Antonio del Táchira, Cúcuta, Bogotá, Quindío y de regreso. 


De camino a Bogotá y con mucho frío!

    Un mes completo de viaje. Marcela se engripó otra vez. Hubo cambios de clima muy drásticos en una semana y creo que eso le afectó. Además de que cuando uno viaja en autobuses, no sabes si tu vecino de asiento está enfermo. Son las desventajas. Pero en cuanto a nuestra viajera, ella siempre se porta bien. La diferencia en esta ocasión era que viajábamos en bus, y no es igual que viajar en tu propio carro donde tú marcas tu ritmo. 


Tomando un baño en Pozo Azul, Edo Amazonas

    Pero una vez que Marce pasó la gripe, el resto del viaje fue bien relajado. Para ese momento aún estaba en lactancia materna exclusiva, así que para alimentarla sólo necesitaba estar cerca. Durante ese viaje Marcela cumplió seis meses y comenzó a dar sus primeras probadas a los alimentos sólidos. Disfrutamos mucho esos primeros días de alimentación complementaria porque nos permitía vivir muchas primeras veces y comenzar a saber qué le gustaba y qué no, y verla experimentar tantas cosas nuevas para ella. Pero para viajar la alimentación complementaria no es lo más práctico del mundo, tienes que planificar el viaje, pensar qué puedes llevar para sus comidas y meriendas, que sea apropiado para su edad, que no se dañe durante el viaje y que sea práctico, ah y comprar algunos envases que no se abran fácilmente en tu bolso (Vital!). 
El agua y el almuerzo de Marcela (brócoli, en esa ocasión)

Marcela ha utilizado casi todos los medios de transporte que existen. Nos falta el helicóptero.

    Realmente no es fácil, sobre todo al principio, porque van probando alimentos poco a poco y hay alimentos que son prácticos pero que no son apropiados para su edad; otros son apropiados pero no son prácticos para llevar.

    Después de ese viaje, pasamos un rato en Valencia y regresamos a Amazonas por unos cinco meses más. Durante ese tiempo visitamos la comunidad unas pocas veces porque el pancito ya tiene otro dueño (Nostalgia).

     En Octubre volvimos a Valencia esta vez en autobús, y con todas nuestras pertenencias en cuatro maletas. Cerramos nuestro ciclo en Amazonas y comenzamos a prepararnos para el viaje más largo que jamás hicimos y que nos llevaría a nuestro nuevo hogar en esta aventura del servicio a Dios. 


Durante el viaje a Brasil: Ruta Pacaraima - Boa Vista

    Tan largo era este viaje que salimos de casa el lunes, y llegamos a Fortaleza el sábado!! Por supuesto que no fue una viaje sin escalas, pero igual fue agotador. Marcela hizo su primer viaje en avión (por cierto, me dijeron que darle tetica al despegar y aterrizar atenúa la presión en sus oídos. Buen dato), también viajamos en autobús toda la noche (lo cual de por sí no es cómodo, y menos con 10 kgs de ternura encima) y finalmente después de un vuelo de 4 horas llegamos a Fortaleza. Creo que Marcela se ha ganado la medalla de la niña viajera!! Damos gracias a Dios porque nuestra chiquilla es 4x4!


Incluso llegó a salir solita con papá en el carro, y vean qué divino dormía.
En fin, ¿es posible viajar con bebés?
Sí, definitivamente sí.
Hay que ser lo más prácticos posible, no complicarse la vida en vano. Simplificar las cosas tanto como se pueda. (maletas, pañalera, etc.)
Llevar frutas y galletas apropiadas (si ya comen sólidos) y mucha agua. Además de la tetica si sigue disponible.
En cuanto a Marcela, ella es muy calurosa. Normalmente, viaja con ropa ligera y de algodón, y siempre llevo una cobija en caso de que el clima se ponga frío poder abrigarla. Dependerá de los gustos de tu bebé.
Disfrutar el viaje! Ese momento, ese instante, es irrepetible!! 

jueves, 26 de septiembre de 2019

La manta de la Esperanza

    Tal vez antes ya he contado un poco sobre lo que significó esperar la llegada de Marcela a nuestras vidas. No me refiero a los nueve meses de espera; ésta vez quiero ir un poco más allá y contar sobre los años que tuvimos que esperar hasta saber que Marcela al fin vendría. Me atrevo a recontar nuestra historia para animar a otras futuras colegas que están en ese mismo proceso de esperar.


     Cuando Leover y yo nos casamos en 2012 ya sabíamos sin dudas que queríamos tener hijos, pero también sabíamos que queríamos esperar un poco; eso de un cambio a la vez nos llevó a aplazar un poco la decisión ya que antes del primer aniversario salimos rumbo a Atabapo, y una vez allá, las carencias en los servicios de salud del pueblo nos intimidaron un poco así que seguimos esperando. 

     Recuerdo que en Octubre de 2014, estando en Atabapo, un pastor cercano y su esposa tuvieron un bebé. Cuando lo conocí y lo cargué, tan tierno, tan lindo, tan suavecito, supe que había llegado el tiempo: ¡quería tener un hijo!  Ese día se despertó en mí ese anhelo, y un par de meses después de hablarlo con Leover, dejamos de usar las pastillas y comenzamos a esperar.

Este pequeño es Óscar Josué, quien nos animó a ser papás. Una belleza. Hoy debe tener cinco años

    Los primeros meses esperaba a mi amiga mensual con la esperanza de que no llegara. Lo sé, es una contradicción esperar algo que no quieres que llegue, pero así funciona. Tal vez pasaron unos seis meses para que nos diéramos cuenta de que no iba a ser tan sencillo, o tan rápido como hubiésemos querido o esperado al principio. 

    Fuimos al médico para descartar algún problema de salud. Invertimos una buena cantidad de dinero en exámenes, pruebas y consultas. La conclusión de todo ese proceso fue que no había nada en nuestros cuerpos que nos impidiera concebir, todo estaba funcionando como debía. Cualquiera pensaría que eso nos daría tranquilidad, pero a mí me puso muy ansiosa. Si hubiese algún problema, podríamos "arreglarlo"; pero al no haber ninguno, debíamos esperar. 

     Esperar? Eso era lo menos que yo quería hacer en ese momento. Para este punto ya llevábamos un año de espera, y no era divertido. 

     En ese momento estábamos bastante ocupados con nuestro trabajo en ELÍAS, la extensión en Caño Bocón, Colombia, ya estaba andando y eso nos mantenía activos y trabajando, además de todos los retos que implicaba vivir en Atabapo (meses sin electricidad, hacer compras sin punto de venta, conseguir gasolina, etc.); en fin, había muchas cosas en que mantener puesta nuestra mente. Sin embargo, de vez en cuando yo me sentía un poco afligida porque lo que tanto anhelábamos no sucedía, a veces incluso lloraba. 

    En ocasiones me daba por pensar: ¿qué pasaría si en el plan de Dios no está que nosotros tengamos hijos? ¿Podré vivir con eso? La sola idea me aterraba. 

     Así transcurrieron dos años más, con algunas falsas alarmas que nos emocionaban por instantes y después nos dejaban el corazón roto. 

    En enero de 2018, me quedé sola en casa por unos días debido a que Leover tuvo que hacer un viaje a Atabapo (para ese momento ya nos habíamos mudado a la capital de Amazonas). Esos días fueron muy difíciles, me sentía muy sola, lloré mucho, oré también. Recordé que hacía un par de años habíamos comprado una lana blanca para tejer una manta hermosa para nuestro hijo, sin embargo nunca me había atrevido a empezarla. Me aterraba la idea de que la tejiera y después el bebé no llegara. 

    Pero en esos días de orar y llorar, más animada y con una fe renovada, tomé el hilo y la aguja de crochet y comencé a tejer. En tres días la manta estaba lista. Era hermosa! 

La manta de la Esperanza

    Fue como una terapia, después de eso me sentí más tranquila y puedo decir que hasta lo "olvidé", ya no estaba ansiosa por eso. Dos meses después, estaba sentada llorando mientras Leover gritaba de alegría con el sobre del resultado en su mano.

Esperando a Marcela

    Los nueve meses se embarazo los disfrutamos mucho (sinceramente, no los nueve, los dos primeros fueron terribles: llenos de náuseas y mareos) y el 9 de noviembre de ese año recibimos a Marcela en nuestros brazos. Unos días después estrenamos esa hermosa manta que fue tejida antes de que ella fuera concebida.

Marcela a los dos meses de nacida


     En fin, esta es mi historia. Una historia de aprender a esperar en Dios, quien tiene planes maravillosos para nosotros, superando nuestros sueños más locos. 

    El creador del universo diseñó a nuestra hija para bendecir nuestra familia. La envió en el momento perfecto para nosotros y ahora la disfrutamos cada día.

Nuestro regalo! 


    Así que, futuras colegas, si están en ese tiempo de esperar aprovéchalo para crecer como persona, para ser mejor esposa, mejor hija, haz lo que te guste más hacer, pero sobre todo no pierdas la fe. Cada oración ha sido escuchada y Dios que es bueno sabrá responder con bondad.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cada minuto cuenta

     Ayer celebré mi cumpleaños número 35! Hay mujeres que prefieren no decir su edad, pero yo nunca he tenido problema con eso. Pienso que cada día vivido hace una diferencia para el futuro, nada es completamente inocuo, todo surte un efecto, y hoy un muy buen amigo me dijo: "ya son 10 años celebrando tu cumpleaños" (desde que le conocí) y pensé: ¡10 años! Wow! El tiempo ha pasado muy rápido. ¿Qué he hecho estos diez años?
En 2010, en mis años de seminario bíblico

     Pues, hace diez años era una joven que servía en la iglesia: cantaba, era maestra de una clase dominical, servía en el ministerio juvenil, etc. También ejercía mi profesión, me encantaba ser maestra, eso me permitía ser muy creativa e inventar algunas cosas poco comunes, pero además estaba en la búsqueda de su lugar en la obra de Dios. Estaba segura de que quería ser parte, pero no encontraba mi lugar. Fue entonces que oí por primera vez sobre el movimiento de traducción de la Biblia, asistí al primer taller y quedé prendada, hice los primeros cursos, aprendí mucho, enseñé otro poco, conocí mucha gente en el camino, pero sobre todo descubrí que quería usar mis dones ahí.
      Ese año muchas cosas cambiaron en consecuencia de ese descubrimiento. Renuncié a mi trabajo como maestra, me inscribí en el seminario para terminar mis estudios teológicos con el apoyo de mi iglesia (ahí conocí a Leover en noviembre de 2009), y creo que fue un antes y un después ya que muchas cosas cambiaron y mucho aprendí en el proceso.
     En 2011 fui a Perú a estudiar Lingüística y Traducción en CILTA.
Durante el viaje de campo de CILTA, en 2011

Fue un año desafiante en lo académico, pero también en lo personal, al salir tan lejos de mi familia y de mi iglesia, pero su apoyo incondicional fue muy valioso en ese tiempo. Ese tiempo en Perú me enseñó muchas cosas y me regaló amigos muy valiosos que aún conservo, y que son un regalo. Antes de terminar ese año, me propusieron matrimonio, acepté y en menos de lo que pensé ya estábamos pensando en la boda y todo lo que implicaba.
     En 2012, nos casamos el 8 de septiembre, disfrutamos nuestros primeros meses juntos y ya comenzamos a prepararnos para la salida al campo que estaba pautada para junio de 2013, cuando efectivamente salimos rumbo a Atabapo para establecernos ahí por tres años durante los cuales vivimos grandes aventuras en la selva, andando por el río, disfrutando de las maravillas naturales de la Orinoquia, probando cosas nuevas, aprendiendo mucho, conociendo gente amable. Mucho de eso me daba miedo al principio, pero con el tiempo aprendí a disfrutarlo y ahora lo extraño.
En Caño Bocón, 2015

    A finales de 2016 salimos de Atabapo para la licencia, y regresamos a Amazonas a mediados de 2017 para seguir trabajando, esta vez en la capital del estado, donde hemos estado desde entonces sirviendo a los hermanos jiwis.
     El 2018 fue espectacular! Dios nos envió a Marcela. Vivimos el embarazo, gracias a Dios muy sano, y luego nació Marcela en noviembre y ahora nos acompaña cada día.
Esperando a Marcela, en 2018

     Y aquí estamos, ya es 2019, transcurrieron 10 años de mi vida. Se dice rápido, pero entre letras hay muchas experiencias que han transformado lo que soy durante este tiempo. No soy la misma persona que comenzó esta aventura del servicio a Dios en 2009. Tengo más confianza en mí misma, conozco mi lugar en la obra de Dios, ahora soy esposa y madre, lo cual también me ha cambiado para bien de muchas maneras. Cada minuto cuenta, por eso trato de hacer que cada día valga la pena. 

     Doy gracias a Dios por estos años que me ha regalado y porque he podido disfrutar mi vida invirtiéndola en su reino, por darme un esposo amoroso, una hija soñada y amigos valiosos.