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miércoles, 19 de agosto de 2020

La culpa: No es buena compañera

        Para algunos la maternidad comienza cuando el bebé nace, pero yo pienso que comienza en el instante que sabes que otra persona está siendo formada dentro de ti, porque desde ese momento muchas cosas comienzan a cambiar (no sólo físicamente), comenzamos a pensar cómo alimentarnos mejor para que el bebé nazca sano, hay algunas medicinas que no podemos tomar y algunas actividades que no podemos hacer o en las que debemos ser más cuidadosas.

Marcela en la panza. Nuestras ilusiones en su máxima expresión 


     Pero, es una realidad que el cambio más radical ocurre una vez que el bebé nace. Todo se hace más intenso. Descubrimos un amor diferente y profundo que no conocíamos. Sin embargo, rápidamente caemos en cuenta que estamos muy lejos de esa idealización cultural de la maternidad (y paternidad): No somos esa madre perfecta, cuya lactancia se le dio bien desde el inicio, que no “necesitó” ayuda, que tiene la casa inmaculada, que se maquilla y se hace manicure y cuyo bebé está siempre perfecto y hermoso. Pronto nos damos cuenta que esta tarea no es tan natural, sencilla e instintiva como pensamos. 

La realidad puede ser mejor que nuestra idealización de la maternidad. Es más sana y menos opresiva. 


    Es cuando, injustamente, comenzamos a compararnos con ese ideal inexistente en la realidad que aparece la culpa, una compañera totalmente perversa que puede arruinar nuestro viaje por la vida, no sólo en la maternidad. Tal vez estás pensando: No, yo no tengo problemas con la culpa. ¿Estás seguro? Observa esta lista con cuidado:

·         ¿Cualquier opinión o crítica te afecta?

·         ¿Magnificas o exageras todo?

·         ¿Ves errores donde los demás ven aprendizaje?

·         ¿Te disculpas constantemente?

·         ¿Sientes la obligación de satisfacer a los demás?

·         ¿Es difícil para ti decir que NO?

·         ¿Tiendes a callarte si algo te molesta?

·         ¿Tienes miedo a hacerle daño a los demás o a su rechazo?

·         ¿Tienes miedo de ser abandonado?

Esas son algunas de las manifestaciones cuando una persona está lidiando con sentimientos de culpa recurrentes. ¿Conoces a alguna mamá o papá que no haya sentido culpa? Tal vez no lo admita públicamente, pero creo que es algo con lo que todos los padres luchamos en este viaje. Sin embargo, tenemos que ser muy cuidadosos con ese sentimiento porque él puede arruinar nuestra caminata convirtiéndose en una pesada carga. 

Cuando la culpa aparece y no sabemos lidiar con ella, se convierte en un problema porque distorsiona la forma como nos vemos, nos evaluamos y nos valoramos s a nosotros mismos. Es muy nociva porque se convierte en un juez interno que está continuamente comparándonos con otras personas o con algunas idealizaciones que nosotros mismos hemos construido respecto a la tarea que llevamos a cabo, y en esas comparaciones siempre salimos perdiendo haciendo que el concepto que tenemos de nosotros mismos se deteriore poco a poco y, además la culpa no viaja sola. Ella está siempre acompañada por la tristeza, la frustración, impotencia y remordimientos. ¡Lindos compañeros de viaje!

Yo recuerdo que cuando Marcela tenía casi seis meses tuvimos que hacer un viaje muy largo hasta la ciudad de Armenia, en Colombia. El viaje fue por tierra y para no hacerlo directo que sería muy largo y cansativo, paramos para descansar en la ciudad de Cúcuta, pues ahí Marcela se enfermó, tenía mucha tos, estornudaba demasiado, hasta le dio fiebre. Después de tres días con la bebé enferma, comenzaron las dudas y los miedos ¿Por qué tuvimos que hacer este viaje? ¿Si estuviésemos en casa la bebé hubiese enfermado igual? ¿Si empeora qué vamos a hacer, si estamos en otro país? Seguimos nuestro camino, de hecho tuvimos que llevar la bebé al médico después que pasó una noche entera llorando (los que tienen hijos saben que el llanto puede llegar a desesperar). Esa noche la culpa asaltó mi mente y me tomó desprevenida: “Si nos hubiésemos quedado en casa, esto no estaría pasando. Es tu culpa que Marcela esté así, no debimos haber venido. Si le pasa algo peor tú serás la culpable”. Esos pensamientos eran muy fuertes y persistentes. Eran un tormento, en realidad. Gracias a Dios, Marcela comenzó a mejorar rápido y esos sentimientos se disiparon.

Seguramente ya lo has vivido, incluso si no eres padre. Cuando las cosas no siguen la ruta planeada, tratamos de encontrar dónde estuvo el error, y generalmente lo encontramos en nosotros mismos, y ahí es donde comienza la batalla.

Obviamente, no estoy hablando de llevar la vida con la filosofía de: “Cómo vaya viniendo vamos viendo”, o con un conformismo absoluto. Está bien plantearnos metas y objetivos y perseguirlos. Pero entonces, cuando algo sale de los planes perfectos que hicimos qué podemos hacer cuando la culpa nos asalte (ella va a venir, eso es seguro), cómo lidiar con esa desagradable visitante que quiere venir a instalarse en nuestra vida como residente permanente.

La culpa cuando es sana y se mantiene bajo control sirve para ayudarnos a darnos cuenta de un error cometido y a reparar el daño causado. El problema comienza cuando esa señora se manifiesta con excesiva frecuencia o intensidad porque pierde su función correctiva y pasa a ser una molestia.

Entonces, es muy importante cuando sentimos culpa, evaluar la situación e intentar aplicar la lógica y el sentido común (que a veces no es tan común). Retomando el ejemplo que coloqué antes, cuando Marcela se enfermó durante el viaje, es bastante obvio que carece de toda lógica cargar con culpa porque Marcela pegó un virus durante el viaje. Es algo que está fuera de mi control, además de que otras veces también se ha engripado estando en casa, entonces así puedo ayudarme a mí misma a ver en que no necesito cargar con una culpa que no me pertenece.

Ahora bien, si la evaluación da como resultado que efectivamente me equivoqué. No estuvo bien eso que hice. Está bien. El asunto está en no quedarse en la culpa y pasar a la responsabilidad. El remordimiento y la frustración por el error cometido no van a solucionar nada, pero yo puedo asumir la responsabilidad por el error que cometí, pedir perdón, resarcir, corregir, aprender y continuar. Por ejemplo, un día estábamos en una reunión especial donde se requería silencio, cosa que es casi imposible si tienes una niña de 18 meses, Marcela parecía que tenía demasiada energía ese día, canataba gritaba, quería correr, etc.  Lo cierto es que intenté por todos los medios calmarla sin conseguirlo, hasta que me sentí sobrepasada por la situación y me llevé a Marcela aparte y le hablé muy rudo. Ella obviamente no entendía lo que pasaba, se pudo a llorar, y yo también. La abracé, le pedí perdón por tratarla de esa forma (ojo: no le pegué, pero la traté duramente) y oré a Dios un momento para encontrar calma. Después que eso aconteció, hablé con Leover al respecto, quien estaba ocupado en el momento del episodio, y el acuerdo fue que cuando Marcela estuviera muy inquieta en alguna reunión, yo no iba a insistir en participar, simplemente la iba a tomar y saldría de ahí antes de volver a reaccionar de esa forma. Entonces, en este caso la culpa me asaltó pronto y de hecho me ayudó a ver que había obrado mal, pero en vez de darle largas y quedarme rumiando esos pensamientos, lo que hice fue evaluar la situación y ver de qué manera puedo evitarla en el futuro.

Entonces, ¿Te sientes culpable por tener que ir a trabajar y dejar tu bebé al cuidado de otra persona? ¿Te siente culpable contigo misma por dejar tu carrera para criar a tus hijos? ¿Te sientes culpable por no poder ofrecer a tus hijos todo lo que quisieras? ¿Explotaste y le gritaste a tu hijo? ¿Te sientes culpable por querer tener un día sin hijos? ¿Qué hacer con esa culpa? Intenta evaluar la situación racionalmente, si sientes que la culpa te está indicando algo para corregir, para mejorar, ¡bienvenida sea! Haces los ajustes a los que haya lugar y listo. Aprende a ver los errores como oportunidades para aprender lecciones muy valiosas.

En este punto, todavía conservaba algunos ideales perfeccionistas que he tenido que ir sacando de mi mente poco a poco

Saca de tu mente esa idealización de la madre perfecta, el padre perfecto, el hijo perfecto, etc., porque tal cosa no existe. Si mantienes expectativas idealizadas de ti mismo o de los demás, cualquier error va a ser enjuiciado y sentenciado. Recuerda: Sé amable contigo mismo, perdona tus errores, aprende de ellos y continúa.

La vida es un viaje ¡La culpa no es buena compañera! Hoy es un buen día para desalojarla de nuestras vidas y dar lugar a cosas mejores. 

jueves, 30 de enero de 2020

La niña viajera

     Marcela ha viajado con nosotros desde que tiene un mes de nacida. Leover tenía que hacer una diligencia en San Felipe y no quería ir solo, así que pusimos la silla para bebés en el "pancito" (nombre cariñoso de nuestro carro), la abrigamos bien y arrancamos. Marcela se portó muy bien, entre tomar tetica y dormir, la ruta se hizo corta y ella feliz.

     Unas semanas después emprendimos una odisea de un mes que incluyó Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida y Cúcuta. Esa fue la prueba de fuego para ella como viajera y para nosotros como responsables de dicha viajera. Durante ese mes, pescó su primer resfriado. Tal vez los cambios de clima le afectaron un poco, pero sobrevivió. Recuerdo que el sólo hecho de hacerle un lavado nasal era un suceso, aún así estuvimos con la familia de Leover en navidad, visitamos algunos amigos de camino a Zulia y Mérida, donde dimos unos talleres relacionados al ministerio indigenista, y al final llegamos a Cúcuta para colocarle unas vacunas a Marcela. Toda esa ruta (hasta la frontera y de regreso) la hicimos en el carrito, y Marcela se portó como toda una experta viajera. 
Marcela merendando camino a Falcón

    Regresamos a Valencia, estuvimos ahí un par de semanas y volvimos a agarrar carretera, aunque esta vez el reto era mayor porque era un viaje largo hacia Amazonas, en plena época de calor (nuestro vehículo no tenía aire acondicionado). El pancito como siempre iba requete full, de punta a punta; la mayoría de las cosas está vez eran de Marcela: corral, colchón del corral, coche, su ropa, etc. Solo quedó el espacio necesario para la silla de Marcela y para mi (por supuesto, Leover tenía su puesto de chófer seguro adelante). Hicimos el viaje en dos tramos para que no fuera tan forzado; el primer día paramos en San Fernando de Apure y seguimos bien temprano al día siguiente. Marcela se portó como una campeona, tomó toda la tetica que quiso en el camino y durmió durante horas! Dios nos dio una viajera frecuente.

¡Esos cachetes viajeros!

     Después de dos meses en Amazonas (durante ese tiempo ocurrió el apagón nacional, fue un poco complicado con la bebé tan pequeña, pero lo logramos) , volvimos a Valencia, para estar un tiempo corto y emprender en Abril otra odisea: San Antonio del Táchira, Cúcuta, Bogotá, Quindío y de regreso. 


De camino a Bogotá y con mucho frío!

    Un mes completo de viaje. Marcela se engripó otra vez. Hubo cambios de clima muy drásticos en una semana y creo que eso le afectó. Además de que cuando uno viaja en autobuses, no sabes si tu vecino de asiento está enfermo. Son las desventajas. Pero en cuanto a nuestra viajera, ella siempre se porta bien. La diferencia en esta ocasión era que viajábamos en bus, y no es igual que viajar en tu propio carro donde tú marcas tu ritmo. 


Tomando un baño en Pozo Azul, Edo Amazonas

    Pero una vez que Marce pasó la gripe, el resto del viaje fue bien relajado. Para ese momento aún estaba en lactancia materna exclusiva, así que para alimentarla sólo necesitaba estar cerca. Durante ese viaje Marcela cumplió seis meses y comenzó a dar sus primeras probadas a los alimentos sólidos. Disfrutamos mucho esos primeros días de alimentación complementaria porque nos permitía vivir muchas primeras veces y comenzar a saber qué le gustaba y qué no, y verla experimentar tantas cosas nuevas para ella. Pero para viajar la alimentación complementaria no es lo más práctico del mundo, tienes que planificar el viaje, pensar qué puedes llevar para sus comidas y meriendas, que sea apropiado para su edad, que no se dañe durante el viaje y que sea práctico, ah y comprar algunos envases que no se abran fácilmente en tu bolso (Vital!). 
El agua y el almuerzo de Marcela (brócoli, en esa ocasión)

Marcela ha utilizado casi todos los medios de transporte que existen. Nos falta el helicóptero.

    Realmente no es fácil, sobre todo al principio, porque van probando alimentos poco a poco y hay alimentos que son prácticos pero que no son apropiados para su edad; otros son apropiados pero no son prácticos para llevar.

    Después de ese viaje, pasamos un rato en Valencia y regresamos a Amazonas por unos cinco meses más. Durante ese tiempo visitamos la comunidad unas pocas veces porque el pancito ya tiene otro dueño (Nostalgia).

     En Octubre volvimos a Valencia esta vez en autobús, y con todas nuestras pertenencias en cuatro maletas. Cerramos nuestro ciclo en Amazonas y comenzamos a prepararnos para el viaje más largo que jamás hicimos y que nos llevaría a nuestro nuevo hogar en esta aventura del servicio a Dios. 


Durante el viaje a Brasil: Ruta Pacaraima - Boa Vista

    Tan largo era este viaje que salimos de casa el lunes, y llegamos a Fortaleza el sábado!! Por supuesto que no fue una viaje sin escalas, pero igual fue agotador. Marcela hizo su primer viaje en avión (por cierto, me dijeron que darle tetica al despegar y aterrizar atenúa la presión en sus oídos. Buen dato), también viajamos en autobús toda la noche (lo cual de por sí no es cómodo, y menos con 10 kgs de ternura encima) y finalmente después de un vuelo de 4 horas llegamos a Fortaleza. Creo que Marcela se ha ganado la medalla de la niña viajera!! Damos gracias a Dios porque nuestra chiquilla es 4x4!


Incluso llegó a salir solita con papá en el carro, y vean qué divino dormía.
En fin, ¿es posible viajar con bebés?
Sí, definitivamente sí.
Hay que ser lo más prácticos posible, no complicarse la vida en vano. Simplificar las cosas tanto como se pueda. (maletas, pañalera, etc.)
Llevar frutas y galletas apropiadas (si ya comen sólidos) y mucha agua. Además de la tetica si sigue disponible.
En cuanto a Marcela, ella es muy calurosa. Normalmente, viaja con ropa ligera y de algodón, y siempre llevo una cobija en caso de que el clima se ponga frío poder abrigarla. Dependerá de los gustos de tu bebé.
Disfrutar el viaje! Ese momento, ese instante, es irrepetible!! 

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Maternidad: Mitos y Leyendas




No sabía yo que tantas supersticiones y creencias rodeaban la maternidad hasta que supe que estaba embarazada y comenzó la avalancha de opiniones, la mayoría fundamentadas en cuentos de las abuelas que han pasado de generación en generación y que hoy en pleno siglo 21 siguen presentes en las mentes de muchos.
Antes de seguir debo aclarar que estoy muy segura de que todas esas opiniones llegan a la madre, sobre todo si es primeriza, con las mejores intenciones de ayudar en este proceso en que todo es nuevo. Sin embargo, puede volverse un poco estresante si las voces llegan a ser demasiadas.
Apenas supimos de mi embarazo comenzamos a oír muchos consejos y tabúes, incluso de desconocidos en la calle. Es impresionante como una barriga notable de 25 semanas en adelante te vuelve el centro de atención en muchos casos, y emergen los expertos en los temas relacionados con el embarazo, el nacimiento, la crianza, etc. Algunos de los consejos recibidos forman parte del acervo popular. He aquí algunos de ellos:
  • ·         Hay que comer por dos.
  • ·         Si tienes la cara de esta forma es niño, si la tienes de esta otra es niña.
  • ·         La mujer embarazada no puede hacer ejercicio, ni las labores normales del hogar.
  • ·         Si ves la luna llena o un eclipse estando embarazada le salen lunares en la cara al bebé
  • ·         Si una mujer embarazada le cae a correazos a un árbol frutal, éste puede dar más frutos. Sólo para primerizas.
  • ·         Si tienes mucha acidez durante el embarazo es porque el bebé tiene mucho cabello.
  • ·         Si no se cumplen los antojos de la madre, el bebé puede nacer con la boca abierta.
  • ·         Si una mujer embarazada te corta el cabello se pone más abundante.
  • ·         Una mujer embarazada no debe tejer, porque el cordón umbilical del bebé se puede enrollar en su cuello.



       El objetivo de este artículo no es refutar cada uno de estos mitos, ni fomentar el escepticismo en estos asuntos populares. Sólo quiero recordar todo lo que me han dicho a mí, y a tantas mujeres embarazadas en el curso de la historia. Pero si pensaba que al finalizar el embarazo iba a terminar la lluvia de fantasías, estaba muy equivocada. Realmente, ¡se pone peor! Nada atrae más consejos no solicitados que cargar un bebé recién nacido en brazos. Cuando Marcela nació los fetichismos se multiplicaron por la enésima potencia.  Lo siguiente es una pequeña muestra de ellos:
  • ·         Si el bebé llora y no quiere tomar del pecho es que lo eructó y por eso ya no le gusta.
  • ·         Que le ponga leche materna en los ojos para que se le queden claros. (Ella lo hizo con sus hijos y le funcionó)
  • ·         Las mujeres menstruando o embarazadas no pueden cargar bebés  recién nacidos porque se ponen pujones.
  • ·         Que ponga el primer pañal con meconio (la primera caca) del bebé en el techo a llevar sol para que no se pusiera pujón.
  • ·         Para quitarle lo “pujón” a un bebé hay que acostarlo en el piso y que una muchacha virgen le pase por encima, en cruz, cuatro veces.
  • ·         No se puede dar pecho en el sol porque se seca la leche.
  • ·         No se puede cortar ni coser nada mientras se tienen los puntos de sutura porque no se sanan.
  • ·         No se le pueden cortar las uñas al bebé antes de que se le caiga el ombligo porque se le pone aguado, es decir no se sana.
  • ·         Si a un bebé se le corta el cabello, tendrá dificultades para hablar.
  • ·         Si el bebé eructa el seno, se le debe pasar un peine y poner al bebé a mamar al revés.
  • ·         Si lo cargas mucho, se va a acostumbrar a los brazos y después no va a querer más nada.
  • ·         No puedes comer esto o aquello.

Esto es un botón de muestra de todo lo que tiene que escuchar una mujer embarazada y una madre primeriza. Muchas madres sucumben ante este tsunami de información no veraz, otras tantas preferimos informarnos de mano de los profesionales y expertos. Sin embargo, por no prestar atención a la cultura popular muchas veces somos señaladas y criticadas.
En mi caso, pasé todo el embarazo en Amazonas, donde trabajo junto a mi esposo, y fueron muchos los “no puedes…” que tuve que escuchar: No puedes ir a la comunidad, no puedes comer esto o aquello, no puedes andar en moto, etc. Una vez una persona me dijo: ¿Qué hace usted cambimbiando por ahí todavía? Tenía más o menos cinco meses de embarazo en ese momento, y con cambimbear se refería a estar en Amazonas (donde vivo) y visitar la comunidad donde mi esposo y yo trabajamos (en auto por supuesto). A veces sentía que la gente pensaba que Leover y yo éramos locos o que no teníamos sentido común; tenía que recordarme que sólo se preocupaban por nosotros y por el bienestar de la bebé.  
Llevar a un niño en el vientre durante nueve meses, traerlo al mundo y cuidar de él son tareas complicadas que se pueden hacer todavía más pesadas llevando a cuestas el peso de los mitos y leyendas de la maternidad.

PD: Estos mitos fueron colectados con la colaboración de las @mamisqueamamantan. Muchas gracias por su colaboración.
Si conoces algún mito que no fue tenido en cuenta, puedes compartirlo en los comentarios si deseas.