Hace muchos meses dejé pendiente el asunto de la disciplina en los hijos. Me dejé atrapar por muchas ocupaciones, pero al final leí el libro e hice una reseña del mismo, la cual compartiré a continuación.
El tema del libro (de Tedd Tripp) es la crianza de los hijos desde un punto de vista bíblico. La cultura de hoy ha reducido la paternidad a simplemente proveer cuidado: comida, ropa, una cama y algo de tiempo de calidad. En contraste con este punto de vista tan débil, el llamado de Dios para los padres es más profundo: A pastorear a los hijos de parte de Dios. Es una tarea penetrante. Ser un padre significa trabajar de parte de Dios para proveer dirección a los hijos.
No es común que los padres se consideren pastores de sus hijos, sin embargo esa relación de pastoreo describe muy bien la tarea de guiarles en sus descubrimientos acerca de sí mismo, de Dios y de la vida.
Como el pastor de sus hijos, los padres deben ayudar a sus hijos a entenderse a sí mismos como criaturas hecha por Dios. No es posible mostrarles estas cosas solamente a través de instrucciones; deben guiarlos por un camino de descubrimientos. Deben pastorear sus pensamientos, ayudarlo a aprender el discernimiento y la sabiduría.
El libro está organizado en dos partes. La primera de ellas está enfocada en los principios bíblicos que fundamentan la crianza de los hijos. La segunda parte es dedicada a la aplicación práctica de estos principios según las diferentes etapas de desarrollo de los hijos. Con respecto a la primera parte, los principios para el pastoreo de los hijos son:
1. El centro de la vida es el corazón:
La biblia enseña que el corazón es el centro de control de la vida. El comportamiento de una persona es la expresión del fluir del corazón. Como padres frecuentemente nos desviamos a tratar solo el comportamiento, ya que el comportamiento suele ser molesto. Pero las necesidades de los hijos son mucho más profundas que el comportamiento inadecuado. Su comportamiento revela su corazón. Si de verdad quiere ayudarlo, preocúpese por las actitudes del corazón que originaron su comportamiento. Un cambio de comportamiento sin un cambio en el corazón no es recomendable. Al contrario, ¡es condenable! Esa fue la clase de hipocresía que Jesús condenó en los fariseos. El comportamiento es impulsado por el corazón, por tanto toda disciplina, corrección o entrenamiento - toda la crianza de los hijos - debe dirigirse al corazón.
2. El desarrollo de un niño viene dado por las influencias que lo rodean y por la forma en que reacciona a esa influencia. La Biblia instruye sobre las influencias que moldean la vida de los niños y el efecto que pueden tener en sus vidas: La estructura familiar, los valores familiares, los roles en la familia, la forma en que se resuelven los conflictos en la familia, la respuesta ante el fracaso, etc. Ahora bien, un niño es más que la suma de las influencias que recibe. Él no es un ente pasivo, él reacciona ante esas influencias. Pensar que el niño es receptor pasivo frente a ellas es un error. Incluso, pensar que rodearlo de circunstancias positivas es determinante para que sea una persona de bien es también un error, porque ignora que él también tiene que reaccionar a esas circunstancias. Los niños no son inertes, ellos interactúan con la vida. Su corazón dirige esa interacción. Entonces, los padres además de proveer las mejores influencias para sus hijos debe pastorearlos en orientación hacia Dios.
3. Los padres fueron delegados por Dios para ejercer autoridad en su familia. La autoridad de los padres en el hogar es una responsabilidad delegada por Dios. Son sus agentes en esa familia en la tarea de promover entrenamiento esencial e instrucción en el Señor. Entonces los padres, también son personas bajo autoridad, es decir, padres e hijos, están bajo la autoridad de Dios; tienen roles diferentes, pero tienen al mismo Dueño.
Cuando un padre dirige, corrige o disciplina, no está actuando por su propia voluntad, sino que está actuando de parte de Dios. Los padres deben querer estar al mando. Deben hacerlo de una manera benevolente y con gracia, pero deben ser una autoridad con sus hijos. Los directores están a cargo (al mando). Esto involucra conocerlos y ayudarles a entender los estándares de Dios para la conducta de los hijos. Significa enseñarles que son pecadores por naturaleza. Incluye mostrarles la misericordia y gracia de Dios demostrada en la vida de Cristo y su muerte por los pecadores. La corrección no es mostrar tu enojo por sus ofensas, más bien es recordarles que su comportamiento pecaminoso ofende a Dios. Si la corrección gira alrededor del padre que ha sido ofendido, entonces el enfoque estará en descargar la ira, o quizá, tomar venganza. La función es penal. Sin embargo, si la corrección gira alrededor de Dios como el que ha sido ofendido, entonces el enfoque es la restauración. La función es reparadora. Está diseñada para mover a un niño que ha sido desobediente a Dios de nuevo al camino de la obediencia. Esta es correctiva.
4. Debido a que el fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de El para siempre, es responsabilidad de los padres crear tal cosmovisión en tus hijos. Todos los seres humanos nacen con una orientación a lo divino. Nadie es neutral, incluso en la niñez. Aunque no tengan conciencia, ellos son adoradores, de Dios o de los ídolos sutiles de su corazón. Por eso, la gran tarea de los padres es pastorearlo como una criatura que adora, dirigiéndolo al único que debe ser adorado.
5. Los objetivos bíblicos se alcanzarán a través de métodos establecidos en la Biblia. El objetivo es que los hijos glorifiquen a Dios con sus vidas, y eso no se puede lograr a través de métodos no bíblicos que diluyen la autoridad de los padres, o apelan al soborno y la negociación para conseguirlo. Dios ha dado dos métodos para la crianza de niños. Son (1) la comunicación y (2) la vara. Estos métodos deben entretejerse en la práctica. Los padres deben conocer a sus hijos, deben tener una comunicación franca, significativa y abundante con ellos. Pero también necesitan ejercer la autoridad que Dios les dio. La vara funciona para subrayar la importancia de las cosas de las que hablas con ellos. En este punto el autor destaca como de suma importancia que la vara no es instrumento para que los padres descarguen su ira, su rabia e impotencia con sus hijos. No es un medio de pago por los errores. Es medio para la corrección.
En la segunda parte del libro, el autor se dedica a aplicar estos principios según cada etapa del desarrollo de los niños, desde la infancia hasta la adolescencia.
1. La primera etapa es la infancia temprana (hasta los cinco años). Esta etapa se caracteriza por el cambio en todos los aspectos (físico, emocional, intelectual, etc.) durante la cual el objetivo principal en la crianza es que ellos aprendan que son individuos bajo autoridad (delegada por Dios a sus padres). En esta etapa los niños deben aprender que ellos fueron hechos por Dios, Él tiene el derecho de gobernarlos y ellos le deben obediencia. La disciplina en este tiempo está enfocada en contrarrestar la rebeldía innata del corazón de los niños.
2. La segunda etapa es la niñez (de los 5 hasta los 12 años). Esta etapa se caracteriza por el momento en que los niños comienzan a pasar más tiempo separados de sus padres (por causa de la escuela). Para este momento, el objetivo de la primera etapa debería estar ya alcanzado, para construir sobre ese fundamento. El asunto principal de este período es el desarrollo del carácter. El padre necesita enfocarse en cómo se relaciona su hijo con Dios, consigo mismo y con los demás, encontrar los puntos débiles y trabajar para fortalecerlos. En esta etapa es vital, que los hijos cambien su corazón. El cambio en el corazón comienza con la convicción del pecado. La convicción del pecado viene a través de la conciencia. Los hijos necesitan convencerse que han fallado a Dios y que han quebrantado el pacto.
3. La tercera etapa es la adolescencia (desde el comienzo de la pubertad hasta el inicio de la etapa universitaria). Los años de adolescencia son años de inseguridad monumental. El adolescente no es ni un niño ni un adulto. No está seguro acerca de cómo actuar. Los adolescentes se sienten vulnerables acerca de todo. Se preocupan por su apariencia. La rebeldía es un asunto común en estos años, sobretodo sino se ha trabajado consistentemente en la obediencia y en el carácter durante las etapas anteriores. A esta edad, poco puede hacer el padre para “por la fuerza” conseguir que sus hijos hagan las cosas. Se consigue más a través de la influencia, pero la influencia se construye poco a poco desde la primera infancia cuando los padres son personas de confianza, cuando la conversación es una práctica común y sana, y cuando los padres son ejemplo de una vida sometida a Dios.
Conclusión
La tarea de ser padres siempre ha sido difícil porque son múltiples factores lo que intervienen, pero en esta época en que vivimos especialmente hay muchas voces fuera de la Biblia tratando de enseñar a los padres cuál es la manera correcta de criar a sus hijos.
Por eso, este libro es muy apropiado y necesario para las familias que quieren crecer con base en los principios bíblicos acerca de la crianza de los hijos. El libro es una buena lectura para padres, para hacer juntos – padre y madre -, discutir las preguntas que trae cada capítulo y ponerse de acuerdo en las acciones que tomarán en base a lo aprendido.
Llegará el momento en que como padres deben confiar tus hijos a Dios. Cómo terminan dependerá de muchos factores, algunos fuera del control de los padres. Dependerá en la naturaleza del compromiso que los hijos tengan hacia Dios.
Para saber más: https://youtu.be/t6_PXH-2QCo
No hay comentarios:
Publicar un comentario