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martes, 10 de septiembre de 2019

Abnegación y Sacrificio

     Hay dos palabras que culturalmente han sido asociadas a la maternidad: abnegación y sacrificio. Todos suponemos que una madre debe ser abnegada y que sacrificaría cualquier cosa por sus hijos. Una madre sin esas dos cualidades no es considerada una buena madre.
   
Ella y yo en su primera consulta con el pediatra
Según el diccionario la abnegación es la “renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas". Esta definición resume muy bien lo que se espera de una mamá; se espera que una madre renuncie a lo que tenga que renunciar en beneficio de sus hijos, y todas mis queridas colegas estarán de acuerdo en que ese instinto materno que se activa cuando sostenemos a nuestro hijo por primera vez es tan fuerte que desde ese momento comenzamos a renunciar a muchas cosas por el bien de ese pequeño bebé: renunciamos a muchas horas de sueño y descanso, renunciamos a un baño largo, a comer lentamente, a emprender algunas cosas, a pasar tiempo con amigos, incluso a no hacer nada, y todo lo hacemos voluntariamente. Es lo que el instinto nos dice que debemos hacer, y está bien que sigamos ese instinto.
Nos quedamos dormidas juntitas

      Muchas de esas renuncias son en sí mismas algunos sacrificios, algunos más grandes que otros, pero sacrificios al fin. Sacrificar algunas horas de sueño no parece gran cosa, hasta que lo haces por diez meses seguidos y tu cuerpo parece que grita.
       Ahora bien, a algunas mamás les pasa que en esa abnegación y sacrificio pueden llegar a perderse como personas. La maternidad pasa a ser su TODO y las otras facetas de su vida, que todavía siguen ahí, son puestas en espera a veces por mucho tiempo.
     Puede que estés pensando: ¿Acaso la maternidad no te absorbe por completo? La respuesta es: probablemente sí! Depende del sistema de apoyo que tengas alrededor. Aunque, incluso con mucho apoyo la maternidad puede tragarte.
      No me malinterpreten. Yo amo ser mamá. Disfruto mucho tener a Marcela cerca de mí, alimentarla, cuidarla, jugar con ella, verla crecer. Es un trabajo especial y hoy día es un privilegio y una bendición poder cuidar a mi bebé en estos primeros meses cuando más me necesita. Sé que Dios me puso en una posición privilegiada de poder sembrar en mi bebé y verla brillar cada día. 
¿Cómo no amarla?
      De lo que hablo es de anular por completo otras facetas. Sé de primera mano que no vuelve a ser igual, no alcanza el tiempo ni la energía. Es un gran cambio; seríamos muy ilusos si pensáramos que las cosas no cambiarían con la llegada de la beba.
      Yo lo viví personalmente. Los primeros dos o tres meses de vida de Marcela yo estuve dedicada casi exclusivamente a cuidarla y me siento muy privilegiada por haber podido hacerlo. Pero llegó un momento en que estaba tan agotada que no tenía ganas de salir, dejé de hacer cosas que disfrutaba (excepto cuidar a Marcela), y eso me producía un estado de ánimo algo tóxico, como si resintiera mi nueva posición que me hacía perderme de cosas que me gustaban.
      Pero he aprendido (con un poco de trabajo) que algo de mi tiempo y de mi energía debe ser utilizado en hacer algo que me guste hacer, algún hobbie, algo que me produzca una sonrisa (y que no sea la ternura de mi Marce). Tengo que ser organizada para vivir todas mis facetas y no quedar en deuda con nadie, pero especialmente conmigo misma.
Mi gran apoyo, un gran papá
     He aprendido también que debido a esas expectativas de abnegación y sacrificio que pesan sobre nosotras, las madres, incluso llegamos a sentirnos culpables cuando pensamos que necesitamos un break, un rato sin el bebé, un descanso, ir a hacernos las uñas o a pasar un rato con una buena amiga poniéndonos al día. Pero no, no hay de qué sentirnos culpables. Lo necesitamos, todo eso! A veces, pensamos que es egoísta pensar en lo que necesitamos como personas, como mujeres, no sólo como mamás; el bebé se convirtió en nuestro sol y nosotros giramos a su alrededor. Pero no es egoísta darnos un pequeño gusto de vez en cuando, de hecho es saludable. Cuando tenemos esos pequeños espacios, funcionamos mejor como mamás, tenemos más energía y más paciencia para tratar con nuestro bebé que no entiende nada de lo que estamos pasando.
       Estoy aprendiendo que mientras me siento mejor conmigo misma, mejor mamá soy para Marcela. Tengo más paciencia y más ánimo para afrontar el día a día que, admitámoslo, puede ser una locura.
    Así que, queridas colegas de la maternidad, creo que es bueno pensar en esto, y tomar acción si fuera necesario. Por tu bien, por el bien de las relaciones interpersonales que debes llevar y especialmente por el bien de tu pequeño bebé. Tu salud integral también se traduce en su bienestar.

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Cansada?

Al parecer ella está muy agotada!
Durante las últimas semanas de embarazo, tenía mucha ansiedad de tener a Marcela con nosotros. Por un lado, quería "descansar" mi adolorida espalda (qué ilusa era), y por otro lado quería verla y besarla. Hoy Marcela Noemí ya tiene doce semanas con nosotros, y sí, lo que dicen sobre la maternidad: que es caóticamente hermosa, es cierto!
La palabra "cansancio" ha adquirido un nuevo significado para mí. Es más, descubrí que nunca antes estuve verdaderamente cansada en mi vida.
También descubrí que admiro inmensamente a las madres que tienen más de un hijo y que además trabajan, atienden la casa y sirven a Dios. Si mi columna me duele tanto en dos meses de maternidad, no me quiero imaginar los niveles de cansancio que ellas experimentan y soportan, muchas veces sin la empatía de los demás.

Ser madre es muy agotador: un bebé no entiende que después de una larga noche de desvelo seguida de un largo día de quehaceres, mami necesita un break. Un bebé es demandante, quiere lo que quiere cuando lo quiere, y la gran mayoría de las veces es mami la responsable de satisfacer sus necesidades, que van desde comida, sueño, cariño, protección, seguridad, etc.
De vez en cuando cada madre pasa por un momento crítico en el que el cansancio se junta con frustración y el resultado puede ser caótico.
Esa sonrisa lo vale todo
A mí me ha pasado. Me he sentido tan cansada que el dolor en la espalda se hace insoportable, al punto de querer llorar! Pero ahí está Marcela, con sus seis kilos de ternura, y con hambre, y nadie más que yo puede darle de comer. Así que tengo que hacer de tripas corazón, respirar profundo, cargarla y amamantarla con todo y cansancio. Para entonces siento como si pesara unos 15 kilos. 
Sin embargo, a veces después de darle de comer, pido un break aunque sea de media hora, solo para estar recostada y descansar la espalda un poco. Sin ese break, estaría muy malhumorada y Marcela no merece ese trato.
Gracias a Dios por mi esposo, quien me auxilia cuando lo necesito y siempre está dispuesto a ayudarme. De verdad, sé lo afortunada que soy de tenerlo conmigo. De otra manera sería demasiado difícil. 

Algo que me ha ayudado en esos momentos difíciles es poder pedir ayuda. Parece sencillo, sin embargo implícitamente se nos ha enseñado que pedir ayuda es una señal de debilidad. No somos Todopoderosas, aunque nos creamos ese discurso, somos de carne y hueso y el cuerpo tiene un límite. Como madres debemos evitar llegar a ese límite, porque podemos enfermarnos hasta el punto de no poder atender a nuestro bebé. 
    Hacer los ejercicios de estiramiento que me recomendó una amiga me ha ayudado muchisimo para aliviar los dolores que tenía en la cervical. Lo confieso, no soy lo suficientemente disciplinada en eso, pero aún así he sentido alivio. En YouTube puedes encontrar varios videos muy buenos para este fin, por ejemplo: Estiramientos para Aliviar dolor de espalda y cuello

    Por último, me ha ayudado inmensamente ser parte de un grupo de apoyo a través de Whatsapp donde muchas madres nos juntamos para compartir experiencias, pedir consejos o simplemente desahogarnos después de un día difícil. Tener con quien conversar, alguien que entienda lo que atraviesas y te escuche atentamente es una gran terapia. 

Si estás cerca de una madre, ten empatía y ofrece toda la ayuda que puedas. Siempre, siempre, siempre la necesitan aunque no la pidan. Una mami siempre, siempre, siempre está cansada, aunque no lo admita.