jueves, 30 de enero de 2020

La niña viajera

     Marcela ha viajado con nosotros desde que tiene un mes de nacida. Leover tenía que hacer una diligencia en San Felipe y no quería ir solo, así que pusimos la silla para bebés en el "pancito" (nombre cariñoso de nuestro carro), la abrigamos bien y arrancamos. Marcela se portó muy bien, entre tomar tetica y dormir, la ruta se hizo corta y ella feliz.

     Unas semanas después emprendimos una odisea de un mes que incluyó Falcón, Zulia, Trujillo, Mérida y Cúcuta. Esa fue la prueba de fuego para ella como viajera y para nosotros como responsables de dicha viajera. Durante ese mes, pescó su primer resfriado. Tal vez los cambios de clima le afectaron un poco, pero sobrevivió. Recuerdo que el sólo hecho de hacerle un lavado nasal era un suceso, aún así estuvimos con la familia de Leover en navidad, visitamos algunos amigos de camino a Zulia y Mérida, donde dimos unos talleres relacionados al ministerio indigenista, y al final llegamos a Cúcuta para colocarle unas vacunas a Marcela. Toda esa ruta (hasta la frontera y de regreso) la hicimos en el carrito, y Marcela se portó como toda una experta viajera. 
Marcela merendando camino a Falcón

    Regresamos a Valencia, estuvimos ahí un par de semanas y volvimos a agarrar carretera, aunque esta vez el reto era mayor porque era un viaje largo hacia Amazonas, en plena época de calor (nuestro vehículo no tenía aire acondicionado). El pancito como siempre iba requete full, de punta a punta; la mayoría de las cosas está vez eran de Marcela: corral, colchón del corral, coche, su ropa, etc. Solo quedó el espacio necesario para la silla de Marcela y para mi (por supuesto, Leover tenía su puesto de chófer seguro adelante). Hicimos el viaje en dos tramos para que no fuera tan forzado; el primer día paramos en San Fernando de Apure y seguimos bien temprano al día siguiente. Marcela se portó como una campeona, tomó toda la tetica que quiso en el camino y durmió durante horas! Dios nos dio una viajera frecuente.

¡Esos cachetes viajeros!

     Después de dos meses en Amazonas (durante ese tiempo ocurrió el apagón nacional, fue un poco complicado con la bebé tan pequeña, pero lo logramos) , volvimos a Valencia, para estar un tiempo corto y emprender en Abril otra odisea: San Antonio del Táchira, Cúcuta, Bogotá, Quindío y de regreso. 


De camino a Bogotá y con mucho frío!

    Un mes completo de viaje. Marcela se engripó otra vez. Hubo cambios de clima muy drásticos en una semana y creo que eso le afectó. Además de que cuando uno viaja en autobuses, no sabes si tu vecino de asiento está enfermo. Son las desventajas. Pero en cuanto a nuestra viajera, ella siempre se porta bien. La diferencia en esta ocasión era que viajábamos en bus, y no es igual que viajar en tu propio carro donde tú marcas tu ritmo. 


Tomando un baño en Pozo Azul, Edo Amazonas

    Pero una vez que Marce pasó la gripe, el resto del viaje fue bien relajado. Para ese momento aún estaba en lactancia materna exclusiva, así que para alimentarla sólo necesitaba estar cerca. Durante ese viaje Marcela cumplió seis meses y comenzó a dar sus primeras probadas a los alimentos sólidos. Disfrutamos mucho esos primeros días de alimentación complementaria porque nos permitía vivir muchas primeras veces y comenzar a saber qué le gustaba y qué no, y verla experimentar tantas cosas nuevas para ella. Pero para viajar la alimentación complementaria no es lo más práctico del mundo, tienes que planificar el viaje, pensar qué puedes llevar para sus comidas y meriendas, que sea apropiado para su edad, que no se dañe durante el viaje y que sea práctico, ah y comprar algunos envases que no se abran fácilmente en tu bolso (Vital!). 
El agua y el almuerzo de Marcela (brócoli, en esa ocasión)

Marcela ha utilizado casi todos los medios de transporte que existen. Nos falta el helicóptero.

    Realmente no es fácil, sobre todo al principio, porque van probando alimentos poco a poco y hay alimentos que son prácticos pero que no son apropiados para su edad; otros son apropiados pero no son prácticos para llevar.

    Después de ese viaje, pasamos un rato en Valencia y regresamos a Amazonas por unos cinco meses más. Durante ese tiempo visitamos la comunidad unas pocas veces porque el pancito ya tiene otro dueño (Nostalgia).

     En Octubre volvimos a Valencia esta vez en autobús, y con todas nuestras pertenencias en cuatro maletas. Cerramos nuestro ciclo en Amazonas y comenzamos a prepararnos para el viaje más largo que jamás hicimos y que nos llevaría a nuestro nuevo hogar en esta aventura del servicio a Dios. 


Durante el viaje a Brasil: Ruta Pacaraima - Boa Vista

    Tan largo era este viaje que salimos de casa el lunes, y llegamos a Fortaleza el sábado!! Por supuesto que no fue una viaje sin escalas, pero igual fue agotador. Marcela hizo su primer viaje en avión (por cierto, me dijeron que darle tetica al despegar y aterrizar atenúa la presión en sus oídos. Buen dato), también viajamos en autobús toda la noche (lo cual de por sí no es cómodo, y menos con 10 kgs de ternura encima) y finalmente después de un vuelo de 4 horas llegamos a Fortaleza. Creo que Marcela se ha ganado la medalla de la niña viajera!! Damos gracias a Dios porque nuestra chiquilla es 4x4!


Incluso llegó a salir solita con papá en el carro, y vean qué divino dormía.
En fin, ¿es posible viajar con bebés?
Sí, definitivamente sí.
Hay que ser lo más prácticos posible, no complicarse la vida en vano. Simplificar las cosas tanto como se pueda. (maletas, pañalera, etc.)
Llevar frutas y galletas apropiadas (si ya comen sólidos) y mucha agua. Además de la tetica si sigue disponible.
En cuanto a Marcela, ella es muy calurosa. Normalmente, viaja con ropa ligera y de algodón, y siempre llevo una cobija en caso de que el clima se ponga frío poder abrigarla. Dependerá de los gustos de tu bebé.
Disfrutar el viaje! Ese momento, ese instante, es irrepetible!! 

domingo, 26 de enero de 2020

Un largo viaje

     La vida es un viaje, un peregrinar en el que nos encontramos valles y montañas. Unos más complejos que otros, pero todos con un aprendizaje que debemos considerar para seguir.

     Nuestro viaje como familia ha estado lleno de muchas aventuras, algunas lágrimas, muchísimas risas, alegrías y milagros.

     En este año 2019 terminamos un tramo de este viaje. Un tramo que nos llevó a la selva; anduvimos por ríos hermosos, conocimos gente linda y muy querida que ocupa un lugar especial en nuestro corazón, servimos a las etnias, y aprendimos a amarles, pero también fuimos enseñados en paciencia, compasión, fe y diligencia.

     Sin duda alguna no somos los mismos que comenzaron la travesía en Amazonas. Cuando el 2019 comenzó yo no tenía idea de que se acercaba el momento de seguir, de avanzar a otro lugar, de hacer maletas y mudarnos.

     Ahora comenzamos otra parte de la ruta. Dios nos ha traído a Brasil como parte de este viaje. ¿Qué tiene Dios para nosotros aquí? ¿Qué lecciones hemos de aprender? Todas esas preguntas todavía andan en nuestra mente ahora.


Tradicional (para nosotros) foto con las maletas

    Está última etapa comenzó dejando en nuestro país a nuestras familias por un largo tiempo. No fue fácil. Pasé por un período en el que me sentía culpable. Culpable de llevarme a Marcela y separarla de gente que la ama y que quieren verla crecer. Antes de tener a Marcela las despedidas eran más sencillas para mí, pero ahora me hago cada vez más consciente de que mis decisiones no sólo me afectan a mí, sino que la vida de Marcela y de otros resulta afectada también. 


El primer viaje de avión de Marcela


     Luego, no sabía si estar triste por lo que dejaba o estar alegre por lo que Dios nos tiene en Brasil. Es una sensación muy extraña.

Una pequeña parada en la Gran Sabana, a modo de despedida



     En todo eso, muchas personas dicen: ustedes están acostumbrados! Pero la verdad es que no, ¿cómo puede uno acostumbrarse a dejar lo que amas y conoces? ¿Cómo puede uno dejar de extrañar tu familia? Aprendemos a vivir extrañando, mas no dejamos de extrañar.

     Llegamos a Brasil hace apenas dos días, después de seis días de viaje desde Valencia hasta Fortaleza. Tomamos aviones, carros y autobuses. Estamos realmente agotados. Pero nos sentimos muy bienvenidos aquí, los hermanos han sido muy amables con nosotros y Marcela se ha ganado el corazón de muchos. El día que nos presentaron a la iglesia ella se hizo muy popular por lanzar besos a la gente. Esta niña es una bendición en todo el sentido de la palabra, y aquí ha sido el boleto directo al corazón de la gente. Estoy segura que Dios la usa y la seguirá usando para bendecirnos. 


Marcela cansada durante el viaje

     Aún tenemos por delante muchos retos, entre ellos aprender el idioma y la cultura y hacer amigos, pero vamos dando un paso a la vez.

Sólo estaba recargando baterías

     En este viaje (de la vida), primero como persona y luego como familia, decidimos servir a Dios y dedicar nuestras vidas en su obra. Hacer esto implica algunas renuncias, pero también hemos ganado mucho, Dios nos ha bendecido y eso aumenta nuestra fe para el futuro.


Mientras fuimos presentados a la Iglesia AD CIDADE en Fortaleza

    ¿Extrañamos nuestra familia? Sí, eso no va a cambiar, pero Dios nos ha regalado una familia grande que cuida de nosotros aquí en Brasil. No es igual, pero es bueno tenerles. 

    ¿Estamos ansiosos? Un poco. Tal vez la palabra correcta no es ansiosos, pero a mí me inquieta un poco el futuro y todos los desafíos que hemos de enfrentar. Sin embargo, además de eso, también tengo confianza. Parece extraño, pero no son mutuamente excluyentes. 


Como siempre digo, mientras ella sonría la tierra sigue girando. 


    Aquí estamos. A la expectativa. Creemos que Dios tiene buenos planes con nuestra familia. No podría ser de otro modo. Dios es bondad!

jueves, 28 de noviembre de 2019

¿Dignos de imitar?

      Quizá algunas personas pueden llegar a creer que cuando bebé nace no sabe absolutamente nada, que ese ser pequeñito está completamente en blanco. Pero realmente no es así, ahora sabemos que un bebé en el vientre de su mamá puede oír las voces que están a su alrededor y "probar" los sabores de lo que come mamá, así que al nacer puede reconocer las voces que más oyó durante esos nueve meses y al comer puede saber si es un sabor diferente a lo habitual. Estos son sólo ejemplos, pero un bebé en el vientre puede aprender muchas cosas más que le serán útiles una vez nazca. 
     


Casi lista para gatear
     Cuando el bebé sale de la panza de mamá, rápido aprende qué es el hambre y cómo calmarla. Aprende que si llora alguien que lo ama mucho vendrá rápido a ver qué le pasa. Aprende que la leche que sale del pecho de mamá es muy deliciosa. Aprende que los brazos de mami y papi le ofrecen seguridad, por eso quiere estar ahí el mayor tiempo posible.

La sonrisa más bella de la tierra


    Ahora bien, conforme el bebé va creciendo va experimentando aprendizajes más complejos, como el de su idioma materno y algunas actividades que ve hacer a los demás. Entonces comienza a pronunciar sonidos que imitan el lenguaje de los que le rodean y también utilizar sus manos para hacer lo que ve a su alrededor. Marcela, por ejemplo, disfruta mucho jugando con ollas y cucharas de madera mientras me ve cocinar. Ella me está imitando.

Experimentando con los alimentos (seis meses)

      También le da palmadas a los juguetes por la espalda para dormirlos, mueve las manos cuando está "conversando", e incluso en una ocasión la encontramos con los pies llenos de talco tal y como ella ve a su papá hacer cada vez que se va a colocar zapatos. Si le das lápiz y papel mueve el lápiz como si estuviera escribiendo y si agarra un teléfono, o cualquier otra cosa (hasta un plátano) se pone a hablar y mover las manos como ve hacer a su alrededor. Baila cualquier música que oye, el paso más reciente es mover la cabeza al ritmo de la música. Aplaude, responde algunas preguntas, juega. Ahora que camina está aprendiendo a bajar y subir los escalones. Cada día, en cada juego, ella aprende. En la iglesia, levanta la mano al son de la música. 

Aprendiendo a sostenerse sentada

      Al ver a Marcela imitarnos en tantas cosas me asusté un poco y me sentí responsable de ser digna de imitar. A la larga, cuando el tiempo pase y Marcela crezca aún más, muchos de su hábitos, de sus actitudes y sus reacciones habrán sido aprendidas de nosotros, sus papás, quienes pasamos la mayor parte del tiempo con ella.
Así que ahora es el momento de sembrar, de orar con ella, de enseñarle a cepillarse los dientes, de recoger con ella sus juguetes, etc. Ahora es el momento de ser para ella lo que queremos que ella sea, de poner a su alcance ejemplos para imitar que le ayuden a crecer integralmente. 
Gracias a Dios que nos ha dejado su Palabra para ser instruidos en ella sobre cómo criar a nuestros chiquillos en la instrucción del Señor.

    Que Dios nos ayude a ser buenos hijos suyos, atentos a su Palabra, seguidores de sus preceptos, porque de esa manera seremos dignos de ser imitados por nuestros hijos. No hay nada peor para un niño que oír una cosa y ver que el que se lo dijo hace todo lo contrario. El niño necesita firmeza, y parte de esa firmeza consiste en un ejemplo firme y consistente de integridad. 



lunes, 11 de noviembre de 2019

El miedo: Un compañero indeseado

    Supe que el miedo sería un acompañante indeseado en este viaje de la maternidad unos días después de saber que estaba embarazada. Fuimos al médico para confirmar el embarazo e iniciar el control del mismo y sólo recuerdo que tenía las manos heladas y sudaba, quería saber que todo estaba bien, y así fue en cada control, cada ecografia. Era una mezcla de emoción y susto. Quería estar segura de que todo seguía marchando como debía.
    Ni hablar del proceso del parto. Yo siempre dije que quería dar a luz de forma natural y leí mucho sobre eso, vi videos, etc., pero igual al pensar en eso sentía miedo. Era algo nuevo para mí, algo que además ha sido estigmatizado como horrible e insoportable (lo cual es irónico, porque miles de mujeres dan a luz cada día); también me asustaba la salud de Marcela en ese proceso, y la ansiedad de poder verla pronto se juntaba con todo. Al final, no fue un parto natural sino una cesárea, y no por eso pude estar libre de temores. Me sentí tan aliviada cuando la oí llorar y aún más cuando la vi por primera vez en manos de la pediatra que la recibió en el quirófano.

     Una vez que nació el miedo no desapareció, se multiplicó! Que si la bebé no se prende del pecho, que si no se alimenta en tres horas puede sufrir una baja de glicemia (hay opiniones al respecto) , que si no duerme lo suficiente, que si duerme demasiado, que si no hace popó, que si hace demasiado, y el etc es casi perpetuo. Todo es nuevo. Es una absoluta sobrecarga sensorial con todas las letras. Por más apoyo que se tenga, y yo lo tuve, ese compañero indeseado siempre aparece. Y no se va pasado el primer mes, ni el primer trimestre. Parece que cuando vas superando algunos, aparecen otros nuevos.
     Cada etapa viene con su paquete de miedos. Luego que pasan la lactancia, viene la alimentación y otra vez comienzan los consejos contradictorios que podrían enloquecer a cualquiera: que sin sal, que mejor con sal, que porqué le das brócoli tan pequeña, por qué no le haces una cremita de auyama, se puede ahogar!
    Más tarde, gatean! Sí, tú anhelabas que comenzara a gatear, pero en cuanto lo logra te das cuenta de que tu casa es todo lo insegura que una casa podría ser para un bebé, y si hay escaleras (como en mi caso) los miedos se aceleran cuando comienza a levantar la piernita para intentar subir.
    Casi al mismo tiempo que gateó, Marcela pudo pararse apoyada de los muebles y comenzaron las caídas. Mi corazón se acelera al máximo cuando eso pasa, pero aunque todavía se cae de vez en cuando, la verdad es que ellos aprenden muy rápido y desarrollan estrategias para superar cada etapa, y además Dios los hizo super resistentes! Él sabía que se caerían.
Ahora mismo está en el tiempo que se mantiene parada solita por algunos segundos y da algunos pasitos. Comenzó haciéndolo eventualmente, y cuando le celebraba el hecho ella se asustaba con mi celebración y se sentaba. Así que opté por no celebrar, solo la miraba cómo iba ganando confianza poco a poco. Ahora lo hace muy seguido, incluso ha intentado dar sus primeros pasos cuando algo de su interés se encuentra a un par de pasos de distancia. Sin presión, a su ritmo, y en cada hito mamá siempre se asusta un poco. Siempre es una liga entre susto y emoción. Susto porque podría lastimarse, y emoción porque la bebé de mami crece muy rápido.

Marcela comiendo Brócoli

Esta señorita ama trepar


Marcela y su amigo Rocco

Lecciones aprendidas:
  • El miedo siempre estará presente en cada etapa nueva, pero no tiene porqué dominar nuestras vidas. Es mejor disfrutar cada etapa, como lo que es, una ETAPA, y como tal es pasajera. 
  • El miedo, siempre que no nos domine, puede ser un buen amigo. Nos mantiene alertas! 
  • Puedo aminorar el efecto de este amigo indeseado con mucha información. Estar informada me ha servido como una escudo para luchar contra los miedos. Por ejemplo, alguien me dijo una vez que porqué le daba aguacate a Marcela (recién iniciaba su alimentación complementaria), que el aguacate era un alimento muy pesado para ella a esa edad. Yo oí su comentario, asentí para no ser grosera (acababa de conocer a esa persona) y me quedé tranquila, porque me había informado bien y sabía con certeza que Marce podía comer aguacate sin ningún problema. Y así podría poner muchos otros ejemplos en los que la información fue mi mejor amiga para tener confianza en que lo estaba haciendo bien.
  • Tener un grupo de apoyo, un grupo de mamás que compartan tus convicciones sobre la maternidad, es una maravilla. Con ellas puedes reír, consultar sin sentirte una tonta por no saber eso tan simple, llorar y hasta charlar por la noche cuando el bebé no quiere dormir y los suyos tampoco.
  • No puedo enfatizar lo suficiente la necesidad de tener un pediatra actualizado, informado y disponible para responder a las dudas de una mamá primeriza. 
  • Rodéate de personas que de vez en cuando te recuerden que eres una buena mamá y que lo estás haciendo bien.
  • Cuando veas a tu bebé crecer saludable y hermoso, como mi Marcela, te darás cuenta de que eres una excelente mamá. Perfecta? No, la perfección no existe, somos humanas, pero por el amor que tenemos a nuestros hijos lo estamos haciendo muy bien.

jueves, 26 de septiembre de 2019

La manta de la Esperanza

    Tal vez antes ya he contado un poco sobre lo que significó esperar la llegada de Marcela a nuestras vidas. No me refiero a los nueve meses de espera; ésta vez quiero ir un poco más allá y contar sobre los años que tuvimos que esperar hasta saber que Marcela al fin vendría. Me atrevo a recontar nuestra historia para animar a otras futuras colegas que están en ese mismo proceso de esperar.


     Cuando Leover y yo nos casamos en 2012 ya sabíamos sin dudas que queríamos tener hijos, pero también sabíamos que queríamos esperar un poco; eso de un cambio a la vez nos llevó a aplazar un poco la decisión ya que antes del primer aniversario salimos rumbo a Atabapo, y una vez allá, las carencias en los servicios de salud del pueblo nos intimidaron un poco así que seguimos esperando. 

     Recuerdo que en Octubre de 2014, estando en Atabapo, un pastor cercano y su esposa tuvieron un bebé. Cuando lo conocí y lo cargué, tan tierno, tan lindo, tan suavecito, supe que había llegado el tiempo: ¡quería tener un hijo!  Ese día se despertó en mí ese anhelo, y un par de meses después de hablarlo con Leover, dejamos de usar las pastillas y comenzamos a esperar.

Este pequeño es Óscar Josué, quien nos animó a ser papás. Una belleza. Hoy debe tener cinco años

    Los primeros meses esperaba a mi amiga mensual con la esperanza de que no llegara. Lo sé, es una contradicción esperar algo que no quieres que llegue, pero así funciona. Tal vez pasaron unos seis meses para que nos diéramos cuenta de que no iba a ser tan sencillo, o tan rápido como hubiésemos querido o esperado al principio. 

    Fuimos al médico para descartar algún problema de salud. Invertimos una buena cantidad de dinero en exámenes, pruebas y consultas. La conclusión de todo ese proceso fue que no había nada en nuestros cuerpos que nos impidiera concebir, todo estaba funcionando como debía. Cualquiera pensaría que eso nos daría tranquilidad, pero a mí me puso muy ansiosa. Si hubiese algún problema, podríamos "arreglarlo"; pero al no haber ninguno, debíamos esperar. 

     Esperar? Eso era lo menos que yo quería hacer en ese momento. Para este punto ya llevábamos un año de espera, y no era divertido. 

     En ese momento estábamos bastante ocupados con nuestro trabajo en ELÍAS, la extensión en Caño Bocón, Colombia, ya estaba andando y eso nos mantenía activos y trabajando, además de todos los retos que implicaba vivir en Atabapo (meses sin electricidad, hacer compras sin punto de venta, conseguir gasolina, etc.); en fin, había muchas cosas en que mantener puesta nuestra mente. Sin embargo, de vez en cuando yo me sentía un poco afligida porque lo que tanto anhelábamos no sucedía, a veces incluso lloraba. 

    En ocasiones me daba por pensar: ¿qué pasaría si en el plan de Dios no está que nosotros tengamos hijos? ¿Podré vivir con eso? La sola idea me aterraba. 

     Así transcurrieron dos años más, con algunas falsas alarmas que nos emocionaban por instantes y después nos dejaban el corazón roto. 

    En enero de 2018, me quedé sola en casa por unos días debido a que Leover tuvo que hacer un viaje a Atabapo (para ese momento ya nos habíamos mudado a la capital de Amazonas). Esos días fueron muy difíciles, me sentía muy sola, lloré mucho, oré también. Recordé que hacía un par de años habíamos comprado una lana blanca para tejer una manta hermosa para nuestro hijo, sin embargo nunca me había atrevido a empezarla. Me aterraba la idea de que la tejiera y después el bebé no llegara. 

    Pero en esos días de orar y llorar, más animada y con una fe renovada, tomé el hilo y la aguja de crochet y comencé a tejer. En tres días la manta estaba lista. Era hermosa! 

La manta de la Esperanza

    Fue como una terapia, después de eso me sentí más tranquila y puedo decir que hasta lo "olvidé", ya no estaba ansiosa por eso. Dos meses después, estaba sentada llorando mientras Leover gritaba de alegría con el sobre del resultado en su mano.

Esperando a Marcela

    Los nueve meses se embarazo los disfrutamos mucho (sinceramente, no los nueve, los dos primeros fueron terribles: llenos de náuseas y mareos) y el 9 de noviembre de ese año recibimos a Marcela en nuestros brazos. Unos días después estrenamos esa hermosa manta que fue tejida antes de que ella fuera concebida.

Marcela a los dos meses de nacida


     En fin, esta es mi historia. Una historia de aprender a esperar en Dios, quien tiene planes maravillosos para nosotros, superando nuestros sueños más locos. 

    El creador del universo diseñó a nuestra hija para bendecir nuestra familia. La envió en el momento perfecto para nosotros y ahora la disfrutamos cada día.

Nuestro regalo! 


    Así que, futuras colegas, si están en ese tiempo de esperar aprovéchalo para crecer como persona, para ser mejor esposa, mejor hija, haz lo que te guste más hacer, pero sobre todo no pierdas la fe. Cada oración ha sido escuchada y Dios que es bueno sabrá responder con bondad.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cada minuto cuenta

     Ayer celebré mi cumpleaños número 35! Hay mujeres que prefieren no decir su edad, pero yo nunca he tenido problema con eso. Pienso que cada día vivido hace una diferencia para el futuro, nada es completamente inocuo, todo surte un efecto, y hoy un muy buen amigo me dijo: "ya son 10 años celebrando tu cumpleaños" (desde que le conocí) y pensé: ¡10 años! Wow! El tiempo ha pasado muy rápido. ¿Qué he hecho estos diez años?
En 2010, en mis años de seminario bíblico

     Pues, hace diez años era una joven que servía en la iglesia: cantaba, era maestra de una clase dominical, servía en el ministerio juvenil, etc. También ejercía mi profesión, me encantaba ser maestra, eso me permitía ser muy creativa e inventar algunas cosas poco comunes, pero además estaba en la búsqueda de su lugar en la obra de Dios. Estaba segura de que quería ser parte, pero no encontraba mi lugar. Fue entonces que oí por primera vez sobre el movimiento de traducción de la Biblia, asistí al primer taller y quedé prendada, hice los primeros cursos, aprendí mucho, enseñé otro poco, conocí mucha gente en el camino, pero sobre todo descubrí que quería usar mis dones ahí.
      Ese año muchas cosas cambiaron en consecuencia de ese descubrimiento. Renuncié a mi trabajo como maestra, me inscribí en el seminario para terminar mis estudios teológicos con el apoyo de mi iglesia (ahí conocí a Leover en noviembre de 2009), y creo que fue un antes y un después ya que muchas cosas cambiaron y mucho aprendí en el proceso.
     En 2011 fui a Perú a estudiar Lingüística y Traducción en CILTA.
Durante el viaje de campo de CILTA, en 2011

Fue un año desafiante en lo académico, pero también en lo personal, al salir tan lejos de mi familia y de mi iglesia, pero su apoyo incondicional fue muy valioso en ese tiempo. Ese tiempo en Perú me enseñó muchas cosas y me regaló amigos muy valiosos que aún conservo, y que son un regalo. Antes de terminar ese año, me propusieron matrimonio, acepté y en menos de lo que pensé ya estábamos pensando en la boda y todo lo que implicaba.
     En 2012, nos casamos el 8 de septiembre, disfrutamos nuestros primeros meses juntos y ya comenzamos a prepararnos para la salida al campo que estaba pautada para junio de 2013, cuando efectivamente salimos rumbo a Atabapo para establecernos ahí por tres años durante los cuales vivimos grandes aventuras en la selva, andando por el río, disfrutando de las maravillas naturales de la Orinoquia, probando cosas nuevas, aprendiendo mucho, conociendo gente amable. Mucho de eso me daba miedo al principio, pero con el tiempo aprendí a disfrutarlo y ahora lo extraño.
En Caño Bocón, 2015

    A finales de 2016 salimos de Atabapo para la licencia, y regresamos a Amazonas a mediados de 2017 para seguir trabajando, esta vez en la capital del estado, donde hemos estado desde entonces sirviendo a los hermanos jiwis.
     El 2018 fue espectacular! Dios nos envió a Marcela. Vivimos el embarazo, gracias a Dios muy sano, y luego nació Marcela en noviembre y ahora nos acompaña cada día.
Esperando a Marcela, en 2018

     Y aquí estamos, ya es 2019, transcurrieron 10 años de mi vida. Se dice rápido, pero entre letras hay muchas experiencias que han transformado lo que soy durante este tiempo. No soy la misma persona que comenzó esta aventura del servicio a Dios en 2009. Tengo más confianza en mí misma, conozco mi lugar en la obra de Dios, ahora soy esposa y madre, lo cual también me ha cambiado para bien de muchas maneras. Cada minuto cuenta, por eso trato de hacer que cada día valga la pena. 

     Doy gracias a Dios por estos años que me ha regalado y porque he podido disfrutar mi vida invirtiéndola en su reino, por darme un esposo amoroso, una hija soñada y amigos valiosos. 

martes, 10 de septiembre de 2019

Abnegación y Sacrificio

     Hay dos palabras que culturalmente han sido asociadas a la maternidad: abnegación y sacrificio. Todos suponemos que una madre debe ser abnegada y que sacrificaría cualquier cosa por sus hijos. Una madre sin esas dos cualidades no es considerada una buena madre.
   
Ella y yo en su primera consulta con el pediatra
Según el diccionario la abnegación es la “renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas". Esta definición resume muy bien lo que se espera de una mamá; se espera que una madre renuncie a lo que tenga que renunciar en beneficio de sus hijos, y todas mis queridas colegas estarán de acuerdo en que ese instinto materno que se activa cuando sostenemos a nuestro hijo por primera vez es tan fuerte que desde ese momento comenzamos a renunciar a muchas cosas por el bien de ese pequeño bebé: renunciamos a muchas horas de sueño y descanso, renunciamos a un baño largo, a comer lentamente, a emprender algunas cosas, a pasar tiempo con amigos, incluso a no hacer nada, y todo lo hacemos voluntariamente. Es lo que el instinto nos dice que debemos hacer, y está bien que sigamos ese instinto.
Nos quedamos dormidas juntitas

      Muchas de esas renuncias son en sí mismas algunos sacrificios, algunos más grandes que otros, pero sacrificios al fin. Sacrificar algunas horas de sueño no parece gran cosa, hasta que lo haces por diez meses seguidos y tu cuerpo parece que grita.
       Ahora bien, a algunas mamás les pasa que en esa abnegación y sacrificio pueden llegar a perderse como personas. La maternidad pasa a ser su TODO y las otras facetas de su vida, que todavía siguen ahí, son puestas en espera a veces por mucho tiempo.
     Puede que estés pensando: ¿Acaso la maternidad no te absorbe por completo? La respuesta es: probablemente sí! Depende del sistema de apoyo que tengas alrededor. Aunque, incluso con mucho apoyo la maternidad puede tragarte.
      No me malinterpreten. Yo amo ser mamá. Disfruto mucho tener a Marcela cerca de mí, alimentarla, cuidarla, jugar con ella, verla crecer. Es un trabajo especial y hoy día es un privilegio y una bendición poder cuidar a mi bebé en estos primeros meses cuando más me necesita. Sé que Dios me puso en una posición privilegiada de poder sembrar en mi bebé y verla brillar cada día. 
¿Cómo no amarla?
      De lo que hablo es de anular por completo otras facetas. Sé de primera mano que no vuelve a ser igual, no alcanza el tiempo ni la energía. Es un gran cambio; seríamos muy ilusos si pensáramos que las cosas no cambiarían con la llegada de la beba.
      Yo lo viví personalmente. Los primeros dos o tres meses de vida de Marcela yo estuve dedicada casi exclusivamente a cuidarla y me siento muy privilegiada por haber podido hacerlo. Pero llegó un momento en que estaba tan agotada que no tenía ganas de salir, dejé de hacer cosas que disfrutaba (excepto cuidar a Marcela), y eso me producía un estado de ánimo algo tóxico, como si resintiera mi nueva posición que me hacía perderme de cosas que me gustaban.
      Pero he aprendido (con un poco de trabajo) que algo de mi tiempo y de mi energía debe ser utilizado en hacer algo que me guste hacer, algún hobbie, algo que me produzca una sonrisa (y que no sea la ternura de mi Marce). Tengo que ser organizada para vivir todas mis facetas y no quedar en deuda con nadie, pero especialmente conmigo misma.
Mi gran apoyo, un gran papá
     He aprendido también que debido a esas expectativas de abnegación y sacrificio que pesan sobre nosotras, las madres, incluso llegamos a sentirnos culpables cuando pensamos que necesitamos un break, un rato sin el bebé, un descanso, ir a hacernos las uñas o a pasar un rato con una buena amiga poniéndonos al día. Pero no, no hay de qué sentirnos culpables. Lo necesitamos, todo eso! A veces, pensamos que es egoísta pensar en lo que necesitamos como personas, como mujeres, no sólo como mamás; el bebé se convirtió en nuestro sol y nosotros giramos a su alrededor. Pero no es egoísta darnos un pequeño gusto de vez en cuando, de hecho es saludable. Cuando tenemos esos pequeños espacios, funcionamos mejor como mamás, tenemos más energía y más paciencia para tratar con nuestro bebé que no entiende nada de lo que estamos pasando.
       Estoy aprendiendo que mientras me siento mejor conmigo misma, mejor mamá soy para Marcela. Tengo más paciencia y más ánimo para afrontar el día a día que, admitámoslo, puede ser una locura.
    Así que, queridas colegas de la maternidad, creo que es bueno pensar en esto, y tomar acción si fuera necesario. Por tu bien, por el bien de las relaciones interpersonales que debes llevar y especialmente por el bien de tu pequeño bebé. Tu salud integral también se traduce en su bienestar.