sábado, 9 de febrero de 2019

En los brazos de mamá y papá


Cuando unos padres primerizos llegan a casa por primera vez con su bebé, uno de los retos más grandes es identificar por qué llora el bebé. Es como un rally de descarte que comienza obviamente por la comida, luego el pañal, si tiene calor o frío, etc. Al final, después de intentarlo todo, resulta que algunas veces ninguna de esas era la respuesta; sólo necesitaba sentirse seguro y eso lo consigue en los brazos de sus papis. ¡Sí! Sólo necesitaba sentirse protegido. Esta es una necesidad igual que comer o dormir.
Marcela contaba con 15 días de nacida en esta foto
Pensemos un momento: Un bebé pasa nueve meses en el vientre de su madre. Ese lugar es calientito, es un espacio pequeño, escucha los latidos del corazón de mami y  está protegido de todo ahí adentro. De un momento a otro, muy abruptamente, sale de ese maravilloso lugar y lo ponen en un espacio frío, inmenso y completamente desprotegido. Es muy vulnerable, y aún en su pequeña mente él lo sabe. Pronto descubre que los brazos de sus padres son un lugar especial, aunque no tanto como la barriga de mami, para sentirse seguro. Por eso en ocasiones, aunque sus demás necesidades estén cubiertas, él llora con el propósito de estar cerca, calientito y seguro.
Claro, no falta quien diga: “No lo cargues mucho, se va a malacostumbrar a los brazos”. Siendo que los brazos son una necesidad para el bebé como lo es comer, el contenido de esa frase es como si dijeran: “No le vamos a dar comida porque se va a acostumbrar a comer” “No lo duermas que se va a malacostumbrar a dormir”. Ellos necesitan comer y dormir. Ser cargados les proporciona seguridad y confort, no es un capricho, es una necesidad.
Leover porteando a Marcela y ella feliz de estar tan cerca de papá
Esto me hace pensar en Dios como Padre. Nosotros siempre estamos llegando a Dios con nuestras necesidades. Imaginemos por un momento que Dios dijera: “No voy a contestar sus oraciones porque se malacostumbra” ¿Cómo sería nuestra vida si Dios pensara de ese modo? ¿Cómo nos sentiríamos? No sería nada agradable si nuestro Padre ignorara nuestras necesidades; nos sentiríamos abandonados, desvalidos, solos, desamparados, ¿cierto? Así se siente un bebé cuando necesita sentirse seguro en los brazos de sus padres y éstos ignoran su necesidad para que “no se malacostumbre”.
¡Qué bueno que Dios no piensa de esa manera! Más bien la Biblia dice que su oído está atento a nuestras oraciones, que él atiende a nuestras necesidades y que cuando clamamos él nos responde. ¡Qué maravilloso es cuando en un día difícil puedes saber que Dios está cercano a ti, que estás escondido bajo la sombra de sus alas! Cuando comenzamos a conocer a Dios, aprendemos que podemos confiar en Él porque nos responde.
De la misma manera los bebés aprenden a confiar en los adultos que les cuidan, generalmente sus padres, porque estos responden a su llanto para suplir sus necesidades, incluida la de ser cargado en sus brazos. Yo como madre deseo que mi hija sepa que puede confiar en mí, que yo estaré ahí cuando ella me necesite. No deseo para nada que Marcela crea que yo le ignoro, o se sienta abandonada, o que no puede contar conmigo. Mi mayor deseo es que se sienta amada. Esa es la base de su autoestima en el futuro. Todo comienza aquí y ahora.  
La mirada de un papá enamorado
Además, ¡ellos crecen muy rápido! Hace poco esperábamos a Marcela con ansias, y ya va a cumplir tres meses. Ya pronto va a gatear, luego va a caminar y correr. Si no la cargamos ahora, entonces ¿cuándo? Luego, sus necesidades serán diferentes y querrá estar todo el día corriendo por todos lados. No puedo recordar a ningún niño de cinco años que no quiera bajar de los brazos de sus padres debido a que lo cargaron “mucho” cuando era bebé. El desarrollo físico y mental del bebé sigue su curso naturalmente, y conforme pasa el tiempo requerirá menos de los brazos de papá y mamá, pero sabrá que éstos están ahí cuando lo necesite.
Como dato extra, según las más recientes investigaciones, un bebé que es cargado en comparación con un bebé que pasa mucho tiempo en su cuna o coche se adapta mejor al entorno, consolida su vínculo afectivo con sus padres, tiene mejor tono muscular, hace mejor la digestión, presenta menos cólicos y vómitos, entre otros. Por otro lado, su autoestima, seguridad en sí mismo e independencia se basan en la calidad del apego que desarrollen con los adultos que le cuidan, y esto se logra principalmente cargándolos cuando lo requieren y haciéndoles saber de todas las formas posibles que no están solos y desprotegidos.
Ahora es el momento que puedo expresar mi amor a través de mis brazos, y estrechar un vínculo que durará toda la vida, aunque me duela la espalda en el proceso.

No nos cansamos de verla y de disfrutar cada segundo
 

"Al contrario, estoy tranquilo y tan calmado como un niño recién amamantado que está en brazos de su mamá." Salmos 131:2 

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Cansada?

Al parecer ella está muy agotada!
Durante las últimas semanas de embarazo, tenía mucha ansiedad de tener a Marcela con nosotros. Por un lado, quería "descansar" mi adolorida espalda (qué ilusa era), y por otro lado quería verla y besarla. Hoy Marcela Noemí ya tiene doce semanas con nosotros, y sí, lo que dicen sobre la maternidad: que es caóticamente hermosa, es cierto!
La palabra "cansancio" ha adquirido un nuevo significado para mí. Es más, descubrí que nunca antes estuve verdaderamente cansada en mi vida.
También descubrí que admiro inmensamente a las madres que tienen más de un hijo y que además trabajan, atienden la casa y sirven a Dios. Si mi columna me duele tanto en dos meses de maternidad, no me quiero imaginar los niveles de cansancio que ellas experimentan y soportan, muchas veces sin la empatía de los demás.

Ser madre es muy agotador: un bebé no entiende que después de una larga noche de desvelo seguida de un largo día de quehaceres, mami necesita un break. Un bebé es demandante, quiere lo que quiere cuando lo quiere, y la gran mayoría de las veces es mami la responsable de satisfacer sus necesidades, que van desde comida, sueño, cariño, protección, seguridad, etc.
De vez en cuando cada madre pasa por un momento crítico en el que el cansancio se junta con frustración y el resultado puede ser caótico.
Esa sonrisa lo vale todo
A mí me ha pasado. Me he sentido tan cansada que el dolor en la espalda se hace insoportable, al punto de querer llorar! Pero ahí está Marcela, con sus seis kilos de ternura, y con hambre, y nadie más que yo puede darle de comer. Así que tengo que hacer de tripas corazón, respirar profundo, cargarla y amamantarla con todo y cansancio. Para entonces siento como si pesara unos 15 kilos. 
Sin embargo, a veces después de darle de comer, pido un break aunque sea de media hora, solo para estar recostada y descansar la espalda un poco. Sin ese break, estaría muy malhumorada y Marcela no merece ese trato.
Gracias a Dios por mi esposo, quien me auxilia cuando lo necesito y siempre está dispuesto a ayudarme. De verdad, sé lo afortunada que soy de tenerlo conmigo. De otra manera sería demasiado difícil. 

Algo que me ha ayudado en esos momentos difíciles es poder pedir ayuda. Parece sencillo, sin embargo implícitamente se nos ha enseñado que pedir ayuda es una señal de debilidad. No somos Todopoderosas, aunque nos creamos ese discurso, somos de carne y hueso y el cuerpo tiene un límite. Como madres debemos evitar llegar a ese límite, porque podemos enfermarnos hasta el punto de no poder atender a nuestro bebé. 
    Hacer los ejercicios de estiramiento que me recomendó una amiga me ha ayudado muchisimo para aliviar los dolores que tenía en la cervical. Lo confieso, no soy lo suficientemente disciplinada en eso, pero aún así he sentido alivio. En YouTube puedes encontrar varios videos muy buenos para este fin, por ejemplo: Estiramientos para Aliviar dolor de espalda y cuello

    Por último, me ha ayudado inmensamente ser parte de un grupo de apoyo a través de Whatsapp donde muchas madres nos juntamos para compartir experiencias, pedir consejos o simplemente desahogarnos después de un día difícil. Tener con quien conversar, alguien que entienda lo que atraviesas y te escuche atentamente es una gran terapia. 

Si estás cerca de una madre, ten empatía y ofrece toda la ayuda que puedas. Siempre, siempre, siempre la necesitan aunque no la pidan. Una mami siempre, siempre, siempre está cansada, aunque no lo admita. 

viernes, 18 de enero de 2019

La Maternidad: tiempo de cambios


No puedo contar las veces que Leover y yo oímos esta frase: “Les va a cambiar la vida”, acompañada de “vayan al cine porque después no podrán” o “hagan esto o aquello porque después será muy difícil”. Era un tema recurrente sobre todo de parte de los amigos y familiares que tienen hijos. Parece que es obvio que al tener un bebé te va a cambiar la vida, pero a pesar de lo obvio que puede resultar no sabes todas las dimensiones de ese cambio hasta que ese pequeño ser sale de la panza y te encuentras en casa: sólo ustedes y él (en nuestro caso, ella) y caes en conciencia de que te necesita para todo en su vida.
La vida cambia radicalmente, pero como dice el refrán: “No es tanto lo mucho, sino lo seguido”. Lo verdaderamente abrumador no es el tamaño de los cambios, sino que todos llegan en un mismo momento. Entras al hospital luciendo por última vez tu hermosa barriga que te ha acompañado durante los últimos nueve meses, y sales de él sin esa barriga y con el bebé en brazos y la vida transformada en un instante.
¡Ojo! ¡Alerta! Tener un hijo es espectacular, es maravilloso, una de las mejores experiencias de la vida. De eso no hay duda. Pero al mismo tiempo, es el más grande desafío que un ser humano puede enfrentar.
En cuanto a mí, encontré al menos cinco áreas que han experimentado cambios especialmente significativos:
En primer lugar, por mucho tiempo pensé que no tenía instintos maternos. Siempre me han encantado los bebés, y deseaba con toda el alma tener un hijo, pero eso no quiere decir que tuviera esos impulsos maternos tipo “mamá osa”. Eso me asustaba durante el embarazo porque no estaba segura si dichos impulsos debían surgir en esa etapa o si saldrían a flote una vez naciera Marcela.
Cuando el embarazo apenas comenzaba, no me sentía cómoda hablando con mi barriga como suelen hacer con frecuencia las mujeres embarazadas. Era como si todavía no era tan real para mí. Eso fue cambiando poco a poco durante el embarazo, pero el verdadero cambio ocurrió cuando nació Marcela. ¡Fue como instantáneo! Recuerdo que todavía estaba en el hospital muy adolorida por la cesárea, apenas podía levantarme de la cama con la ayuda de mi mamá. En medio de la noche oí una tos, como de ahogo, que me despertó y me di cuenta de que era Marcela quien estaba ahogada. Me levanté de un solo salto (todavía no sé con qué fuerzas), no me acordé del dolor de la cirugía en lo absoluto, y tomé a Marcela en los brazos. Después fue que me di cuenta de lo que había hecho, y supe que me había transformado en la mamá osa que no pensé que sería.

En segundo lugar, el tiempo comienza a ser más relativo que nunca antes. Por un lado, los días dejan de tener las 24 horas de siempre: a veces tienen menos y se pasan muy rápidamente dejando muchas tareas pendientes, mientras que otras veces los días parecen tener más horas y resultan eternos y de nunca acabar. Comienzas a apreciar más que nunca cada minuto de sueño, de descanso.  Cada minuto extra en la ducha vale oro, al igual que una comida tomada con calma, y cuando logras hacerte manicure te sientes como si hubieras ganado un maratón.
Por mi parte, nunca he sido amante de los trasnochos; el tiempo de dormir es sagrado (o tal vez lo era). Quienes me conocen saben que desde siempre (y hasta el nacimiento de Marcela) tenía por costumbre irme a dormir temprano. Obviamente eso cambió radicalmente desde que salimos del hospital con nuestra hija, y eso que Marcela ha sido una beba dormilona, y sólo se levanta dos o tres veces por la noche para comer. Digo “sólo” porque hablando con otras madres me doy cuenta de que soy muy afortunada ya que mi hija duerme tres o cuatro horas seguidas por la noche, sin embargo a veces ando en modo zombi debido a las veces que debo levantarme durante la noche. Pasé de dormir ocho horas a dormir seis, si tengo suerte.
En tercer lugar, la palabra puntualidad deja de ser tan importante como lo era antes. Mi esposo y yo, antes de tener a Marcela con nosotros, siempre tratábamos de ser puntuales en nuestras citas con otras personas y casi siempre lo lográbamos. Desde que Marcela nació, algo tan ‘sencillo’ como arreglarnos para una cita con el pediatra se complica fácilmente y terminamos llegando a la clínica por lo menos una hora después de lo que habíamos estimado, si tenemos suerte. Son tantas las variables que están fuera de nuestro control que es técnicamente imposible llegar a tiempo a ningún lado.  Cuando parece que vamos bien y que lo lograremos, Marcela deja un regalo en su pañal que requiere que le aseemos y le cambiemos el pañal, y a veces hasta la ropa. Otras veces, cuando estamos a punto de salir, Marcela comienza a hacer unos movimientos muy conocidos por nosotros con su lengua, señal inequívoca de que necesita ser alimentada, lo cual tomará por lo menos media hora. ¡Adiós puntualidad! Nos hemos resignado.
En cuarto lugar, tus intereses son transformados radicalmente de un día a otro. Sólo como un botón de muestra, antes de Marcela mis búsquedas en Pinterest eran: crochet, patrones, manualidades, DIY, y cosas por el estilo. Ahora son: bebés, lactancia, maternidad, crianza, porteo, etc. Desde que Marcela nació no he podido terminar ningún proyecto de tejido; el cuidado de ella requiere tanto tiempo que no he podido tomar la aguja por mucho rato. El poquísimo tiempo libre que tengo, con toda y la valiosísima ayuda de un Súper héroe llamado Leover, prefiero invertirlo en una pequeña siesta, y a veces escribiendo estos artículos que son como una terapia. El punto es que lo que anteriormente era un hobbie que me apasionaba mucho, ha pasado a un segundo o tercer plano.
Todavía no puedo creer que descargué todas las temporadas de una serie que me encanta, y no logré pasar del segundo capítulo. Simplemente dejó de interesarme. Ni siquiera la extraño.
En quinto y último lugar (en este artículo, no en la vida), están los cambios que trae un bebé para el matrimonio. Leover y yo somos esposos desde el 8 de septiembre de 2012, y desde entonces hemos sido inseparables. A diferencia de muchas parejas, por nuestro trabajo estamos juntos casi todo el tiempo y eso nos ha permitido desarrollar un vínculo especial, porque solíamos hacer muchas cosas juntos y como equipo.

La llegada de Marcela ha traído consigo algunos cambios también para nuestro matrimonio y aunque los cambios no son malos en sí mismos, siempre requieren ajustes. Nosotros estamos en ese proceso de hacer los ajustes necesarios para que los cambios que Marcela ha traído no sean dañinos para nuestra relación como esposos y no abran una brecha, sino que más bien sirvan para fortalecer el vínculo, para unirnos y enriquecer nuestro matrimonio. ¿Hay que hacerlo intencionalmente? ¡Sí!, ¿Hay que ser creativo? ¡Sí!
No podemos pensar que dejamos de ser amigos y cómplices para ser sólo padres. Son roles que no deben pelear entre sí. ¿Es fácil lograr el equilibrio? ¡No! Es muy complicado equilibrar la atención que requiere un bebé recién nacido, con la atención que requiere mantener un matrimonio sano y armonioso. ¿Es imposible? ¡Tampoco! Vale la pena el esfuerzo.
Un hijo te cambia la vida de maneras impensables. Estos son sólo cinco pequeños ejemplos. A pesar de estos cambios, es una experiencia increíblemente gratificante. Las mujeres fuimos diseñadas para traer vida, para alimentar a nuestros hijos y para cuidarles con mucho amor y delicadeza (Atención: cero machismo, los padres son parte importante de todo el proceso). Invertir en otra vida como lo hace una madre es un privilegio dado por Dios. Él nos equipó para ese trabajo. Recordemos esto cuando el día parezca de 30 horas.
¿Quieres compartir con nosotros las maneras en que tus hijos cambiaron tu vida? Escríbelo en la sección de comentarios.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Maternidad: Mitos y Leyendas




No sabía yo que tantas supersticiones y creencias rodeaban la maternidad hasta que supe que estaba embarazada y comenzó la avalancha de opiniones, la mayoría fundamentadas en cuentos de las abuelas que han pasado de generación en generación y que hoy en pleno siglo 21 siguen presentes en las mentes de muchos.
Antes de seguir debo aclarar que estoy muy segura de que todas esas opiniones llegan a la madre, sobre todo si es primeriza, con las mejores intenciones de ayudar en este proceso en que todo es nuevo. Sin embargo, puede volverse un poco estresante si las voces llegan a ser demasiadas.
Apenas supimos de mi embarazo comenzamos a oír muchos consejos y tabúes, incluso de desconocidos en la calle. Es impresionante como una barriga notable de 25 semanas en adelante te vuelve el centro de atención en muchos casos, y emergen los expertos en los temas relacionados con el embarazo, el nacimiento, la crianza, etc. Algunos de los consejos recibidos forman parte del acervo popular. He aquí algunos de ellos:
  • ·         Hay que comer por dos.
  • ·         Si tienes la cara de esta forma es niño, si la tienes de esta otra es niña.
  • ·         La mujer embarazada no puede hacer ejercicio, ni las labores normales del hogar.
  • ·         Si ves la luna llena o un eclipse estando embarazada le salen lunares en la cara al bebé
  • ·         Si una mujer embarazada le cae a correazos a un árbol frutal, éste puede dar más frutos. Sólo para primerizas.
  • ·         Si tienes mucha acidez durante el embarazo es porque el bebé tiene mucho cabello.
  • ·         Si no se cumplen los antojos de la madre, el bebé puede nacer con la boca abierta.
  • ·         Si una mujer embarazada te corta el cabello se pone más abundante.
  • ·         Una mujer embarazada no debe tejer, porque el cordón umbilical del bebé se puede enrollar en su cuello.



       El objetivo de este artículo no es refutar cada uno de estos mitos, ni fomentar el escepticismo en estos asuntos populares. Sólo quiero recordar todo lo que me han dicho a mí, y a tantas mujeres embarazadas en el curso de la historia. Pero si pensaba que al finalizar el embarazo iba a terminar la lluvia de fantasías, estaba muy equivocada. Realmente, ¡se pone peor! Nada atrae más consejos no solicitados que cargar un bebé recién nacido en brazos. Cuando Marcela nació los fetichismos se multiplicaron por la enésima potencia.  Lo siguiente es una pequeña muestra de ellos:
  • ·         Si el bebé llora y no quiere tomar del pecho es que lo eructó y por eso ya no le gusta.
  • ·         Que le ponga leche materna en los ojos para que se le queden claros. (Ella lo hizo con sus hijos y le funcionó)
  • ·         Las mujeres menstruando o embarazadas no pueden cargar bebés  recién nacidos porque se ponen pujones.
  • ·         Que ponga el primer pañal con meconio (la primera caca) del bebé en el techo a llevar sol para que no se pusiera pujón.
  • ·         Para quitarle lo “pujón” a un bebé hay que acostarlo en el piso y que una muchacha virgen le pase por encima, en cruz, cuatro veces.
  • ·         No se puede dar pecho en el sol porque se seca la leche.
  • ·         No se puede cortar ni coser nada mientras se tienen los puntos de sutura porque no se sanan.
  • ·         No se le pueden cortar las uñas al bebé antes de que se le caiga el ombligo porque se le pone aguado, es decir no se sana.
  • ·         Si a un bebé se le corta el cabello, tendrá dificultades para hablar.
  • ·         Si el bebé eructa el seno, se le debe pasar un peine y poner al bebé a mamar al revés.
  • ·         Si lo cargas mucho, se va a acostumbrar a los brazos y después no va a querer más nada.
  • ·         No puedes comer esto o aquello.

Esto es un botón de muestra de todo lo que tiene que escuchar una mujer embarazada y una madre primeriza. Muchas madres sucumben ante este tsunami de información no veraz, otras tantas preferimos informarnos de mano de los profesionales y expertos. Sin embargo, por no prestar atención a la cultura popular muchas veces somos señaladas y criticadas.
En mi caso, pasé todo el embarazo en Amazonas, donde trabajo junto a mi esposo, y fueron muchos los “no puedes…” que tuve que escuchar: No puedes ir a la comunidad, no puedes comer esto o aquello, no puedes andar en moto, etc. Una vez una persona me dijo: ¿Qué hace usted cambimbiando por ahí todavía? Tenía más o menos cinco meses de embarazo en ese momento, y con cambimbear se refería a estar en Amazonas (donde vivo) y visitar la comunidad donde mi esposo y yo trabajamos (en auto por supuesto). A veces sentía que la gente pensaba que Leover y yo éramos locos o que no teníamos sentido común; tenía que recordarme que sólo se preocupaban por nosotros y por el bienestar de la bebé.  
Llevar a un niño en el vientre durante nueve meses, traerlo al mundo y cuidar de él son tareas complicadas que se pueden hacer todavía más pesadas llevando a cuestas el peso de los mitos y leyendas de la maternidad.

PD: Estos mitos fueron colectados con la colaboración de las @mamisqueamamantan. Muchas gracias por su colaboración.
Si conoces algún mito que no fue tenido en cuenta, puedes compartirlo en los comentarios si deseas.

sábado, 15 de diciembre de 2018

EN RETROSPECTIVA: Trabajar entre indígenas y no tener hijos


Mi esposo Leover y yo hemos servido en comunidades indígenas durante más de cinco años., y este tiempo ha sido muy especial para nosotros, durante el cual hemos aprendido mucho de las diferentes culturas con las que hemos interactuado, además de que hemos hecho muy buenas amistades con muchas de las familias con quienes hemos servido.
                Una de las primeras cosas que uno aprende cuando se desenvuelve entre las comunidades es que la familia tiene un papel fundamental para ellos, y además que éstas suelen ser muy numerosas (aunque pareciera que esa tendencia está comenzando a cambiar).
                En la mayoría de los casos, dos personas muy jóvenes se juntan para formar una familia, y muy rápido comienzan a tener hijos. Como en la mayoría de las culturas no occidentalizadas, el tener hijos es muy importante para cada matrimonio; de hecho, no tenerlos puede ser interpretado como un veto de la naturaleza, como algo negativo, todo desde su forma de ver el mundo. Cuando ocurre que pasado el tiempo una pareja no puede tener hijos surgen ciertas preguntas: ¿Por qué no pueden tener hijos? ¿Qué han hecho que no se les ha dado hijos? ¿No saben hacer hijos? ¿Qué pueden hacer para comenzar a tener hijos?, etc.
Cuando nosotros comenzamos a viajar a las comunidades y a trabajar entre ellos, notamos que el hecho de ser un matrimonio que servía juntos era una gran puerta abierta. Si alguno de nosotros hubiese llegado siendo soltero a hacer el mismo trabajo, las oportunidades no habrían sido las mismas. Por un lado, el hecho de estar casado te da una especie de autoridad entre ellos, pero por otro lado surge una pregunta lógica ¿cuántos hijos tienen? Normalmente no preguntan si tienes hijos, sino cuántos. Si la respuesta, como en nuestro caso, es que no tienes hijos, la siguiente pregunta lógica es ¿por qué no tienen hijos? O ¿cuándo van a tenerlos?
Pareciera que para ellos no es natural ser un matrimonio sin hijos; estos son la consecuencia natural de la formación de una pareja. Muchas veces tuvimos que responder el mismo interrogatorio. En algunas ocasiones encontramos mucha empatía, pero otras veces encontramos respuestas muy duras y hasta ofensivas (para nosotros, seguramente para ellos no lo era así). En una ocasión, una hermana nos dijo: “es que ustedes no saben hacer hijos”. No recuerdo exactamente la respuesta que le dio mi esposo, pero sé que esas palabras quedaron rondando en mi cabeza por varios días y pensaba: ¡si ella supiera lo mucho que lo anhelamos!
Después de tener un poco más de confianza, algunas familias amigas se tomaron muy en serio la tarea de ayudarnos a concebir haciendo uso de sus conocimientos de medicina tradicional. En más de una oportunidad nos encontramos con que nos esperaban con un jarabe, medicina, toma o receta. Yo me las tomaba sabiendo que en las plantas Dios depositó muchas propiedades que han sido descubiertas y aprovechadas por los hermanos indígenas durante muchísimos años, y además interpretando cada medicina de esas como un gesto de interés y de amor de los hermanos hacia nosotros. Ellos anhelaban que nosotros pudiéramos tener hijos, siempre estaban preguntando si sus guarapos habían hecho efecto, si estaba embarazada, etc. Por eso, cuando Dios concedió nuestra petición estábamos ansiosos de poder contarles a nuestros amigos en las comunidades que finalmente estábamos esperando a nuestro retoño. Sabíamos que ellos iban a contentarse con nosotros, porque nos habían acompañado en la espera.
Tenemos la certeza de que los amigos que Dios nos ha regalado en las comunidades donde hemos servido se alegraron mucho con la noticia, y de hecho han estado muy pendientes del desarrollo del embarazo y del nacimiento de Marcela. Damos gracias a Dios por esas hermosas amistades que tanto apreciamos y oramos que el Señor nos permita visitarles junto a nuestra hija en un futuro no muy lejano.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Lecciones de las primeras semanas como madre


  •       No siempre las cosas salen como las planeamos. Deseamos y oramos durante los nueve meses de embarazo para tener un parto normal debido a que la recuperación es más rápida de esa manera, entre otros muchos beneficios; sin embargo, al acercarse la fecha pautada para el nacimiento de Marcela parecía que el proceso del parto no comenzaba a marchar. Hice todos los ejercicios que nos recomendaron hacer: caminé, reboté en un balón terapéutico, hice cuclillas, y nada. Llegada la fecha límite intentamos una inducción del parto (con una inyección que produce las contracciones), pero después de seis horas de trabajo de parto sólo había dilatado tres centímetros por lo que los médicos decidieron realizar una cesárea. Eso me puso un poco triste porque no era lo queríamos, pero al final todo salió bien. Marcela nació sanita, y yo estoy recuperándome poco a poco de la cirugía, de la cual debo decir es bastante dolorosa.

  • ·         La amábamos desde que estaba en la barriga, pero cuando la vimos por primera vez se creó un vínculo muy fuerte con esta personita tan pequeñita que ha venido para hacernos mejores personas. Es como un sello inquebrantable en el corazón, que además fortalece nuestro matrimonio y hace que nos amemos más profundamente. La carita de nuestra hija es un retrato de lo mucho que nos amamos.





  • ·         Es más fácil cuidarla dentro de la barriga que afuera de ella. Son tantas cosas a las que hay prestarles atención: curar su ombligo, cambiar a tiempo sus pañales, su alimentación (la lactancia es otro capítulo aparte sobre el que se puede escribir un libro), su aseo, hasta de qué color es su caca, etc (el etc es realmente largo). Realmente es un reto, pero sobre todo es una lección de humildad en cuanto nos ‘obliga’ a poner la mayor parte de nuestra atención en otra persona aparte de nosotros mismos. El simple hecho de escuchar a una persona toser cerca de ella, activa mi MODO: Mamá Osa, y mi instinto protector (el cual muchas veces dudé que tuviera) se enciende rápidamente.

  •       La cantidad de consejos no solicitados es abrumadora, y lo peor es que muchos se contradicen entre sí, causando un estado de confusión total en padres primerizos como nosotros. Realmente si uno le pone atención a todos puede volverse loco. Sabemos que lo hacen con mucho amor y con el interés de ayudar, pero la mayoría de las veces no se dan cuenta de que producen mucho estrés a unos ya estresados padres primerizos.

  • ·         Unos padres, sobre todo si son primerizos, requieren una red de apoyo. Una red de personas que les ayuden con algunas tareas que son importantes pero que les quitan tiempo y energía que podrían dedicarle al retoño. Pero lo más importante es que dicha red le conceda a los padres espacio suficiente para tomar las decisiones relacionadas con los cuidados del bebé. Afortunadamente, nosotros como familia hemos contado con el apoyo y el respeto de nuestra familia extendida, además de las oraciones de nuestra familia en la fe. Esto lo apreciamos inmensamente y rogamos a Dios que les bendiga y les retribuya lo que hacen por nosotros.



·      Este artículo comenzó a escribirse realmente durante la primera semana de vida de Marcela pero, como he aprendido rápidamente, un proyecto tan sencillo como este es un poco más complicado de lo que era antes. Para este momento, Marcela ya tiene 23 días de nacida, y he disfrutado mucho estos días en que me he podido dedicar 100% a cuidar de ella, esto gracias a que mi mamá (la primera semana) y mi esposo el resto del tiempo se han dedicado a las demás tareas de la casa. Estas atenciones son un regalo de Dios porque he podido estar enfocada por completo en el cuidado de Marcela en estas primeras semanas en las que todo es nuevo para ella y para mí.