sábado, 15 de diciembre de 2018

EN RETROSPECTIVA: Trabajar entre indígenas y no tener hijos


Mi esposo Leover y yo hemos servido en comunidades indígenas durante más de cinco años., y este tiempo ha sido muy especial para nosotros, durante el cual hemos aprendido mucho de las diferentes culturas con las que hemos interactuado, además de que hemos hecho muy buenas amistades con muchas de las familias con quienes hemos servido.
                Una de las primeras cosas que uno aprende cuando se desenvuelve entre las comunidades es que la familia tiene un papel fundamental para ellos, y además que éstas suelen ser muy numerosas (aunque pareciera que esa tendencia está comenzando a cambiar).
                En la mayoría de los casos, dos personas muy jóvenes se juntan para formar una familia, y muy rápido comienzan a tener hijos. Como en la mayoría de las culturas no occidentalizadas, el tener hijos es muy importante para cada matrimonio; de hecho, no tenerlos puede ser interpretado como un veto de la naturaleza, como algo negativo, todo desde su forma de ver el mundo. Cuando ocurre que pasado el tiempo una pareja no puede tener hijos surgen ciertas preguntas: ¿Por qué no pueden tener hijos? ¿Qué han hecho que no se les ha dado hijos? ¿No saben hacer hijos? ¿Qué pueden hacer para comenzar a tener hijos?, etc.
Cuando nosotros comenzamos a viajar a las comunidades y a trabajar entre ellos, notamos que el hecho de ser un matrimonio que servía juntos era una gran puerta abierta. Si alguno de nosotros hubiese llegado siendo soltero a hacer el mismo trabajo, las oportunidades no habrían sido las mismas. Por un lado, el hecho de estar casado te da una especie de autoridad entre ellos, pero por otro lado surge una pregunta lógica ¿cuántos hijos tienen? Normalmente no preguntan si tienes hijos, sino cuántos. Si la respuesta, como en nuestro caso, es que no tienes hijos, la siguiente pregunta lógica es ¿por qué no tienen hijos? O ¿cuándo van a tenerlos?
Pareciera que para ellos no es natural ser un matrimonio sin hijos; estos son la consecuencia natural de la formación de una pareja. Muchas veces tuvimos que responder el mismo interrogatorio. En algunas ocasiones encontramos mucha empatía, pero otras veces encontramos respuestas muy duras y hasta ofensivas (para nosotros, seguramente para ellos no lo era así). En una ocasión, una hermana nos dijo: “es que ustedes no saben hacer hijos”. No recuerdo exactamente la respuesta que le dio mi esposo, pero sé que esas palabras quedaron rondando en mi cabeza por varios días y pensaba: ¡si ella supiera lo mucho que lo anhelamos!
Después de tener un poco más de confianza, algunas familias amigas se tomaron muy en serio la tarea de ayudarnos a concebir haciendo uso de sus conocimientos de medicina tradicional. En más de una oportunidad nos encontramos con que nos esperaban con un jarabe, medicina, toma o receta. Yo me las tomaba sabiendo que en las plantas Dios depositó muchas propiedades que han sido descubiertas y aprovechadas por los hermanos indígenas durante muchísimos años, y además interpretando cada medicina de esas como un gesto de interés y de amor de los hermanos hacia nosotros. Ellos anhelaban que nosotros pudiéramos tener hijos, siempre estaban preguntando si sus guarapos habían hecho efecto, si estaba embarazada, etc. Por eso, cuando Dios concedió nuestra petición estábamos ansiosos de poder contarles a nuestros amigos en las comunidades que finalmente estábamos esperando a nuestro retoño. Sabíamos que ellos iban a contentarse con nosotros, porque nos habían acompañado en la espera.
Tenemos la certeza de que los amigos que Dios nos ha regalado en las comunidades donde hemos servido se alegraron mucho con la noticia, y de hecho han estado muy pendientes del desarrollo del embarazo y del nacimiento de Marcela. Damos gracias a Dios por esas hermosas amistades que tanto apreciamos y oramos que el Señor nos permita visitarles junto a nuestra hija en un futuro no muy lejano.

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