domingo, 26 de enero de 2020

Un largo viaje

     La vida es un viaje, un peregrinar en el que nos encontramos valles y montañas. Unos más complejos que otros, pero todos con un aprendizaje que debemos considerar para seguir.

     Nuestro viaje como familia ha estado lleno de muchas aventuras, algunas lágrimas, muchísimas risas, alegrías y milagros.

     En este año 2019 terminamos un tramo de este viaje. Un tramo que nos llevó a la selva; anduvimos por ríos hermosos, conocimos gente linda y muy querida que ocupa un lugar especial en nuestro corazón, servimos a las etnias, y aprendimos a amarles, pero también fuimos enseñados en paciencia, compasión, fe y diligencia.

     Sin duda alguna no somos los mismos que comenzaron la travesía en Amazonas. Cuando el 2019 comenzó yo no tenía idea de que se acercaba el momento de seguir, de avanzar a otro lugar, de hacer maletas y mudarnos.

     Ahora comenzamos otra parte de la ruta. Dios nos ha traído a Brasil como parte de este viaje. ¿Qué tiene Dios para nosotros aquí? ¿Qué lecciones hemos de aprender? Todas esas preguntas todavía andan en nuestra mente ahora.


Tradicional (para nosotros) foto con las maletas

    Está última etapa comenzó dejando en nuestro país a nuestras familias por un largo tiempo. No fue fácil. Pasé por un período en el que me sentía culpable. Culpable de llevarme a Marcela y separarla de gente que la ama y que quieren verla crecer. Antes de tener a Marcela las despedidas eran más sencillas para mí, pero ahora me hago cada vez más consciente de que mis decisiones no sólo me afectan a mí, sino que la vida de Marcela y de otros resulta afectada también. 


El primer viaje de avión de Marcela


     Luego, no sabía si estar triste por lo que dejaba o estar alegre por lo que Dios nos tiene en Brasil. Es una sensación muy extraña.

Una pequeña parada en la Gran Sabana, a modo de despedida



     En todo eso, muchas personas dicen: ustedes están acostumbrados! Pero la verdad es que no, ¿cómo puede uno acostumbrarse a dejar lo que amas y conoces? ¿Cómo puede uno dejar de extrañar tu familia? Aprendemos a vivir extrañando, mas no dejamos de extrañar.

     Llegamos a Brasil hace apenas dos días, después de seis días de viaje desde Valencia hasta Fortaleza. Tomamos aviones, carros y autobuses. Estamos realmente agotados. Pero nos sentimos muy bienvenidos aquí, los hermanos han sido muy amables con nosotros y Marcela se ha ganado el corazón de muchos. El día que nos presentaron a la iglesia ella se hizo muy popular por lanzar besos a la gente. Esta niña es una bendición en todo el sentido de la palabra, y aquí ha sido el boleto directo al corazón de la gente. Estoy segura que Dios la usa y la seguirá usando para bendecirnos. 


Marcela cansada durante el viaje

     Aún tenemos por delante muchos retos, entre ellos aprender el idioma y la cultura y hacer amigos, pero vamos dando un paso a la vez.

Sólo estaba recargando baterías

     En este viaje (de la vida), primero como persona y luego como familia, decidimos servir a Dios y dedicar nuestras vidas en su obra. Hacer esto implica algunas renuncias, pero también hemos ganado mucho, Dios nos ha bendecido y eso aumenta nuestra fe para el futuro.


Mientras fuimos presentados a la Iglesia AD CIDADE en Fortaleza

    ¿Extrañamos nuestra familia? Sí, eso no va a cambiar, pero Dios nos ha regalado una familia grande que cuida de nosotros aquí en Brasil. No es igual, pero es bueno tenerles. 

    ¿Estamos ansiosos? Un poco. Tal vez la palabra correcta no es ansiosos, pero a mí me inquieta un poco el futuro y todos los desafíos que hemos de enfrentar. Sin embargo, además de eso, también tengo confianza. Parece extraño, pero no son mutuamente excluyentes. 


Como siempre digo, mientras ella sonría la tierra sigue girando. 


    Aquí estamos. A la expectativa. Creemos que Dios tiene buenos planes con nuestra familia. No podría ser de otro modo. Dios es bondad!

jueves, 28 de noviembre de 2019

¿Dignos de imitar?

      Quizá algunas personas pueden llegar a creer que cuando bebé nace no sabe absolutamente nada, que ese ser pequeñito está completamente en blanco. Pero realmente no es así, ahora sabemos que un bebé en el vientre de su mamá puede oír las voces que están a su alrededor y "probar" los sabores de lo que come mamá, así que al nacer puede reconocer las voces que más oyó durante esos nueve meses y al comer puede saber si es un sabor diferente a lo habitual. Estos son sólo ejemplos, pero un bebé en el vientre puede aprender muchas cosas más que le serán útiles una vez nazca. 
     


Casi lista para gatear
     Cuando el bebé sale de la panza de mamá, rápido aprende qué es el hambre y cómo calmarla. Aprende que si llora alguien que lo ama mucho vendrá rápido a ver qué le pasa. Aprende que la leche que sale del pecho de mamá es muy deliciosa. Aprende que los brazos de mami y papi le ofrecen seguridad, por eso quiere estar ahí el mayor tiempo posible.

La sonrisa más bella de la tierra


    Ahora bien, conforme el bebé va creciendo va experimentando aprendizajes más complejos, como el de su idioma materno y algunas actividades que ve hacer a los demás. Entonces comienza a pronunciar sonidos que imitan el lenguaje de los que le rodean y también utilizar sus manos para hacer lo que ve a su alrededor. Marcela, por ejemplo, disfruta mucho jugando con ollas y cucharas de madera mientras me ve cocinar. Ella me está imitando.

Experimentando con los alimentos (seis meses)

      También le da palmadas a los juguetes por la espalda para dormirlos, mueve las manos cuando está "conversando", e incluso en una ocasión la encontramos con los pies llenos de talco tal y como ella ve a su papá hacer cada vez que se va a colocar zapatos. Si le das lápiz y papel mueve el lápiz como si estuviera escribiendo y si agarra un teléfono, o cualquier otra cosa (hasta un plátano) se pone a hablar y mover las manos como ve hacer a su alrededor. Baila cualquier música que oye, el paso más reciente es mover la cabeza al ritmo de la música. Aplaude, responde algunas preguntas, juega. Ahora que camina está aprendiendo a bajar y subir los escalones. Cada día, en cada juego, ella aprende. En la iglesia, levanta la mano al son de la música. 

Aprendiendo a sostenerse sentada

      Al ver a Marcela imitarnos en tantas cosas me asusté un poco y me sentí responsable de ser digna de imitar. A la larga, cuando el tiempo pase y Marcela crezca aún más, muchos de su hábitos, de sus actitudes y sus reacciones habrán sido aprendidas de nosotros, sus papás, quienes pasamos la mayor parte del tiempo con ella.
Así que ahora es el momento de sembrar, de orar con ella, de enseñarle a cepillarse los dientes, de recoger con ella sus juguetes, etc. Ahora es el momento de ser para ella lo que queremos que ella sea, de poner a su alcance ejemplos para imitar que le ayuden a crecer integralmente. 
Gracias a Dios que nos ha dejado su Palabra para ser instruidos en ella sobre cómo criar a nuestros chiquillos en la instrucción del Señor.

    Que Dios nos ayude a ser buenos hijos suyos, atentos a su Palabra, seguidores de sus preceptos, porque de esa manera seremos dignos de ser imitados por nuestros hijos. No hay nada peor para un niño que oír una cosa y ver que el que se lo dijo hace todo lo contrario. El niño necesita firmeza, y parte de esa firmeza consiste en un ejemplo firme y consistente de integridad. 



lunes, 11 de noviembre de 2019

El miedo: Un compañero indeseado

    Supe que el miedo sería un acompañante indeseado en este viaje de la maternidad unos días después de saber que estaba embarazada. Fuimos al médico para confirmar el embarazo e iniciar el control del mismo y sólo recuerdo que tenía las manos heladas y sudaba, quería saber que todo estaba bien, y así fue en cada control, cada ecografia. Era una mezcla de emoción y susto. Quería estar segura de que todo seguía marchando como debía.
    Ni hablar del proceso del parto. Yo siempre dije que quería dar a luz de forma natural y leí mucho sobre eso, vi videos, etc., pero igual al pensar en eso sentía miedo. Era algo nuevo para mí, algo que además ha sido estigmatizado como horrible e insoportable (lo cual es irónico, porque miles de mujeres dan a luz cada día); también me asustaba la salud de Marcela en ese proceso, y la ansiedad de poder verla pronto se juntaba con todo. Al final, no fue un parto natural sino una cesárea, y no por eso pude estar libre de temores. Me sentí tan aliviada cuando la oí llorar y aún más cuando la vi por primera vez en manos de la pediatra que la recibió en el quirófano.

     Una vez que nació el miedo no desapareció, se multiplicó! Que si la bebé no se prende del pecho, que si no se alimenta en tres horas puede sufrir una baja de glicemia (hay opiniones al respecto) , que si no duerme lo suficiente, que si duerme demasiado, que si no hace popó, que si hace demasiado, y el etc es casi perpetuo. Todo es nuevo. Es una absoluta sobrecarga sensorial con todas las letras. Por más apoyo que se tenga, y yo lo tuve, ese compañero indeseado siempre aparece. Y no se va pasado el primer mes, ni el primer trimestre. Parece que cuando vas superando algunos, aparecen otros nuevos.
     Cada etapa viene con su paquete de miedos. Luego que pasan la lactancia, viene la alimentación y otra vez comienzan los consejos contradictorios que podrían enloquecer a cualquiera: que sin sal, que mejor con sal, que porqué le das brócoli tan pequeña, por qué no le haces una cremita de auyama, se puede ahogar!
    Más tarde, gatean! Sí, tú anhelabas que comenzara a gatear, pero en cuanto lo logra te das cuenta de que tu casa es todo lo insegura que una casa podría ser para un bebé, y si hay escaleras (como en mi caso) los miedos se aceleran cuando comienza a levantar la piernita para intentar subir.
    Casi al mismo tiempo que gateó, Marcela pudo pararse apoyada de los muebles y comenzaron las caídas. Mi corazón se acelera al máximo cuando eso pasa, pero aunque todavía se cae de vez en cuando, la verdad es que ellos aprenden muy rápido y desarrollan estrategias para superar cada etapa, y además Dios los hizo super resistentes! Él sabía que se caerían.
Ahora mismo está en el tiempo que se mantiene parada solita por algunos segundos y da algunos pasitos. Comenzó haciéndolo eventualmente, y cuando le celebraba el hecho ella se asustaba con mi celebración y se sentaba. Así que opté por no celebrar, solo la miraba cómo iba ganando confianza poco a poco. Ahora lo hace muy seguido, incluso ha intentado dar sus primeros pasos cuando algo de su interés se encuentra a un par de pasos de distancia. Sin presión, a su ritmo, y en cada hito mamá siempre se asusta un poco. Siempre es una liga entre susto y emoción. Susto porque podría lastimarse, y emoción porque la bebé de mami crece muy rápido.

Marcela comiendo Brócoli

Esta señorita ama trepar


Marcela y su amigo Rocco

Lecciones aprendidas:
  • El miedo siempre estará presente en cada etapa nueva, pero no tiene porqué dominar nuestras vidas. Es mejor disfrutar cada etapa, como lo que es, una ETAPA, y como tal es pasajera. 
  • El miedo, siempre que no nos domine, puede ser un buen amigo. Nos mantiene alertas! 
  • Puedo aminorar el efecto de este amigo indeseado con mucha información. Estar informada me ha servido como una escudo para luchar contra los miedos. Por ejemplo, alguien me dijo una vez que porqué le daba aguacate a Marcela (recién iniciaba su alimentación complementaria), que el aguacate era un alimento muy pesado para ella a esa edad. Yo oí su comentario, asentí para no ser grosera (acababa de conocer a esa persona) y me quedé tranquila, porque me había informado bien y sabía con certeza que Marce podía comer aguacate sin ningún problema. Y así podría poner muchos otros ejemplos en los que la información fue mi mejor amiga para tener confianza en que lo estaba haciendo bien.
  • Tener un grupo de apoyo, un grupo de mamás que compartan tus convicciones sobre la maternidad, es una maravilla. Con ellas puedes reír, consultar sin sentirte una tonta por no saber eso tan simple, llorar y hasta charlar por la noche cuando el bebé no quiere dormir y los suyos tampoco.
  • No puedo enfatizar lo suficiente la necesidad de tener un pediatra actualizado, informado y disponible para responder a las dudas de una mamá primeriza. 
  • Rodéate de personas que de vez en cuando te recuerden que eres una buena mamá y que lo estás haciendo bien.
  • Cuando veas a tu bebé crecer saludable y hermoso, como mi Marcela, te darás cuenta de que eres una excelente mamá. Perfecta? No, la perfección no existe, somos humanas, pero por el amor que tenemos a nuestros hijos lo estamos haciendo muy bien.

jueves, 26 de septiembre de 2019

La manta de la Esperanza

    Tal vez antes ya he contado un poco sobre lo que significó esperar la llegada de Marcela a nuestras vidas. No me refiero a los nueve meses de espera; ésta vez quiero ir un poco más allá y contar sobre los años que tuvimos que esperar hasta saber que Marcela al fin vendría. Me atrevo a recontar nuestra historia para animar a otras futuras colegas que están en ese mismo proceso de esperar.


     Cuando Leover y yo nos casamos en 2012 ya sabíamos sin dudas que queríamos tener hijos, pero también sabíamos que queríamos esperar un poco; eso de un cambio a la vez nos llevó a aplazar un poco la decisión ya que antes del primer aniversario salimos rumbo a Atabapo, y una vez allá, las carencias en los servicios de salud del pueblo nos intimidaron un poco así que seguimos esperando. 

     Recuerdo que en Octubre de 2014, estando en Atabapo, un pastor cercano y su esposa tuvieron un bebé. Cuando lo conocí y lo cargué, tan tierno, tan lindo, tan suavecito, supe que había llegado el tiempo: ¡quería tener un hijo!  Ese día se despertó en mí ese anhelo, y un par de meses después de hablarlo con Leover, dejamos de usar las pastillas y comenzamos a esperar.

Este pequeño es Óscar Josué, quien nos animó a ser papás. Una belleza. Hoy debe tener cinco años

    Los primeros meses esperaba a mi amiga mensual con la esperanza de que no llegara. Lo sé, es una contradicción esperar algo que no quieres que llegue, pero así funciona. Tal vez pasaron unos seis meses para que nos diéramos cuenta de que no iba a ser tan sencillo, o tan rápido como hubiésemos querido o esperado al principio. 

    Fuimos al médico para descartar algún problema de salud. Invertimos una buena cantidad de dinero en exámenes, pruebas y consultas. La conclusión de todo ese proceso fue que no había nada en nuestros cuerpos que nos impidiera concebir, todo estaba funcionando como debía. Cualquiera pensaría que eso nos daría tranquilidad, pero a mí me puso muy ansiosa. Si hubiese algún problema, podríamos "arreglarlo"; pero al no haber ninguno, debíamos esperar. 

     Esperar? Eso era lo menos que yo quería hacer en ese momento. Para este punto ya llevábamos un año de espera, y no era divertido. 

     En ese momento estábamos bastante ocupados con nuestro trabajo en ELÍAS, la extensión en Caño Bocón, Colombia, ya estaba andando y eso nos mantenía activos y trabajando, además de todos los retos que implicaba vivir en Atabapo (meses sin electricidad, hacer compras sin punto de venta, conseguir gasolina, etc.); en fin, había muchas cosas en que mantener puesta nuestra mente. Sin embargo, de vez en cuando yo me sentía un poco afligida porque lo que tanto anhelábamos no sucedía, a veces incluso lloraba. 

    En ocasiones me daba por pensar: ¿qué pasaría si en el plan de Dios no está que nosotros tengamos hijos? ¿Podré vivir con eso? La sola idea me aterraba. 

     Así transcurrieron dos años más, con algunas falsas alarmas que nos emocionaban por instantes y después nos dejaban el corazón roto. 

    En enero de 2018, me quedé sola en casa por unos días debido a que Leover tuvo que hacer un viaje a Atabapo (para ese momento ya nos habíamos mudado a la capital de Amazonas). Esos días fueron muy difíciles, me sentía muy sola, lloré mucho, oré también. Recordé que hacía un par de años habíamos comprado una lana blanca para tejer una manta hermosa para nuestro hijo, sin embargo nunca me había atrevido a empezarla. Me aterraba la idea de que la tejiera y después el bebé no llegara. 

    Pero en esos días de orar y llorar, más animada y con una fe renovada, tomé el hilo y la aguja de crochet y comencé a tejer. En tres días la manta estaba lista. Era hermosa! 

La manta de la Esperanza

    Fue como una terapia, después de eso me sentí más tranquila y puedo decir que hasta lo "olvidé", ya no estaba ansiosa por eso. Dos meses después, estaba sentada llorando mientras Leover gritaba de alegría con el sobre del resultado en su mano.

Esperando a Marcela

    Los nueve meses se embarazo los disfrutamos mucho (sinceramente, no los nueve, los dos primeros fueron terribles: llenos de náuseas y mareos) y el 9 de noviembre de ese año recibimos a Marcela en nuestros brazos. Unos días después estrenamos esa hermosa manta que fue tejida antes de que ella fuera concebida.

Marcela a los dos meses de nacida


     En fin, esta es mi historia. Una historia de aprender a esperar en Dios, quien tiene planes maravillosos para nosotros, superando nuestros sueños más locos. 

    El creador del universo diseñó a nuestra hija para bendecir nuestra familia. La envió en el momento perfecto para nosotros y ahora la disfrutamos cada día.

Nuestro regalo! 


    Así que, futuras colegas, si están en ese tiempo de esperar aprovéchalo para crecer como persona, para ser mejor esposa, mejor hija, haz lo que te guste más hacer, pero sobre todo no pierdas la fe. Cada oración ha sido escuchada y Dios que es bueno sabrá responder con bondad.


miércoles, 18 de septiembre de 2019

Cada minuto cuenta

     Ayer celebré mi cumpleaños número 35! Hay mujeres que prefieren no decir su edad, pero yo nunca he tenido problema con eso. Pienso que cada día vivido hace una diferencia para el futuro, nada es completamente inocuo, todo surte un efecto, y hoy un muy buen amigo me dijo: "ya son 10 años celebrando tu cumpleaños" (desde que le conocí) y pensé: ¡10 años! Wow! El tiempo ha pasado muy rápido. ¿Qué he hecho estos diez años?
En 2010, en mis años de seminario bíblico

     Pues, hace diez años era una joven que servía en la iglesia: cantaba, era maestra de una clase dominical, servía en el ministerio juvenil, etc. También ejercía mi profesión, me encantaba ser maestra, eso me permitía ser muy creativa e inventar algunas cosas poco comunes, pero además estaba en la búsqueda de su lugar en la obra de Dios. Estaba segura de que quería ser parte, pero no encontraba mi lugar. Fue entonces que oí por primera vez sobre el movimiento de traducción de la Biblia, asistí al primer taller y quedé prendada, hice los primeros cursos, aprendí mucho, enseñé otro poco, conocí mucha gente en el camino, pero sobre todo descubrí que quería usar mis dones ahí.
      Ese año muchas cosas cambiaron en consecuencia de ese descubrimiento. Renuncié a mi trabajo como maestra, me inscribí en el seminario para terminar mis estudios teológicos con el apoyo de mi iglesia (ahí conocí a Leover en noviembre de 2009), y creo que fue un antes y un después ya que muchas cosas cambiaron y mucho aprendí en el proceso.
     En 2011 fui a Perú a estudiar Lingüística y Traducción en CILTA.
Durante el viaje de campo de CILTA, en 2011

Fue un año desafiante en lo académico, pero también en lo personal, al salir tan lejos de mi familia y de mi iglesia, pero su apoyo incondicional fue muy valioso en ese tiempo. Ese tiempo en Perú me enseñó muchas cosas y me regaló amigos muy valiosos que aún conservo, y que son un regalo. Antes de terminar ese año, me propusieron matrimonio, acepté y en menos de lo que pensé ya estábamos pensando en la boda y todo lo que implicaba.
     En 2012, nos casamos el 8 de septiembre, disfrutamos nuestros primeros meses juntos y ya comenzamos a prepararnos para la salida al campo que estaba pautada para junio de 2013, cuando efectivamente salimos rumbo a Atabapo para establecernos ahí por tres años durante los cuales vivimos grandes aventuras en la selva, andando por el río, disfrutando de las maravillas naturales de la Orinoquia, probando cosas nuevas, aprendiendo mucho, conociendo gente amable. Mucho de eso me daba miedo al principio, pero con el tiempo aprendí a disfrutarlo y ahora lo extraño.
En Caño Bocón, 2015

    A finales de 2016 salimos de Atabapo para la licencia, y regresamos a Amazonas a mediados de 2017 para seguir trabajando, esta vez en la capital del estado, donde hemos estado desde entonces sirviendo a los hermanos jiwis.
     El 2018 fue espectacular! Dios nos envió a Marcela. Vivimos el embarazo, gracias a Dios muy sano, y luego nació Marcela en noviembre y ahora nos acompaña cada día.
Esperando a Marcela, en 2018

     Y aquí estamos, ya es 2019, transcurrieron 10 años de mi vida. Se dice rápido, pero entre letras hay muchas experiencias que han transformado lo que soy durante este tiempo. No soy la misma persona que comenzó esta aventura del servicio a Dios en 2009. Tengo más confianza en mí misma, conozco mi lugar en la obra de Dios, ahora soy esposa y madre, lo cual también me ha cambiado para bien de muchas maneras. Cada minuto cuenta, por eso trato de hacer que cada día valga la pena. 

     Doy gracias a Dios por estos años que me ha regalado y porque he podido disfrutar mi vida invirtiéndola en su reino, por darme un esposo amoroso, una hija soñada y amigos valiosos. 

martes, 10 de septiembre de 2019

Abnegación y Sacrificio

     Hay dos palabras que culturalmente han sido asociadas a la maternidad: abnegación y sacrificio. Todos suponemos que una madre debe ser abnegada y que sacrificaría cualquier cosa por sus hijos. Una madre sin esas dos cualidades no es considerada una buena madre.
   
Ella y yo en su primera consulta con el pediatra
Según el diccionario la abnegación es la “renuncia voluntaria a los propios deseos, afectos o intereses en beneficio de otras personas". Esta definición resume muy bien lo que se espera de una mamá; se espera que una madre renuncie a lo que tenga que renunciar en beneficio de sus hijos, y todas mis queridas colegas estarán de acuerdo en que ese instinto materno que se activa cuando sostenemos a nuestro hijo por primera vez es tan fuerte que desde ese momento comenzamos a renunciar a muchas cosas por el bien de ese pequeño bebé: renunciamos a muchas horas de sueño y descanso, renunciamos a un baño largo, a comer lentamente, a emprender algunas cosas, a pasar tiempo con amigos, incluso a no hacer nada, y todo lo hacemos voluntariamente. Es lo que el instinto nos dice que debemos hacer, y está bien que sigamos ese instinto.
Nos quedamos dormidas juntitas

      Muchas de esas renuncias son en sí mismas algunos sacrificios, algunos más grandes que otros, pero sacrificios al fin. Sacrificar algunas horas de sueño no parece gran cosa, hasta que lo haces por diez meses seguidos y tu cuerpo parece que grita.
       Ahora bien, a algunas mamás les pasa que en esa abnegación y sacrificio pueden llegar a perderse como personas. La maternidad pasa a ser su TODO y las otras facetas de su vida, que todavía siguen ahí, son puestas en espera a veces por mucho tiempo.
     Puede que estés pensando: ¿Acaso la maternidad no te absorbe por completo? La respuesta es: probablemente sí! Depende del sistema de apoyo que tengas alrededor. Aunque, incluso con mucho apoyo la maternidad puede tragarte.
      No me malinterpreten. Yo amo ser mamá. Disfruto mucho tener a Marcela cerca de mí, alimentarla, cuidarla, jugar con ella, verla crecer. Es un trabajo especial y hoy día es un privilegio y una bendición poder cuidar a mi bebé en estos primeros meses cuando más me necesita. Sé que Dios me puso en una posición privilegiada de poder sembrar en mi bebé y verla brillar cada día. 
¿Cómo no amarla?
      De lo que hablo es de anular por completo otras facetas. Sé de primera mano que no vuelve a ser igual, no alcanza el tiempo ni la energía. Es un gran cambio; seríamos muy ilusos si pensáramos que las cosas no cambiarían con la llegada de la beba.
      Yo lo viví personalmente. Los primeros dos o tres meses de vida de Marcela yo estuve dedicada casi exclusivamente a cuidarla y me siento muy privilegiada por haber podido hacerlo. Pero llegó un momento en que estaba tan agotada que no tenía ganas de salir, dejé de hacer cosas que disfrutaba (excepto cuidar a Marcela), y eso me producía un estado de ánimo algo tóxico, como si resintiera mi nueva posición que me hacía perderme de cosas que me gustaban.
      Pero he aprendido (con un poco de trabajo) que algo de mi tiempo y de mi energía debe ser utilizado en hacer algo que me guste hacer, algún hobbie, algo que me produzca una sonrisa (y que no sea la ternura de mi Marce). Tengo que ser organizada para vivir todas mis facetas y no quedar en deuda con nadie, pero especialmente conmigo misma.
Mi gran apoyo, un gran papá
     He aprendido también que debido a esas expectativas de abnegación y sacrificio que pesan sobre nosotras, las madres, incluso llegamos a sentirnos culpables cuando pensamos que necesitamos un break, un rato sin el bebé, un descanso, ir a hacernos las uñas o a pasar un rato con una buena amiga poniéndonos al día. Pero no, no hay de qué sentirnos culpables. Lo necesitamos, todo eso! A veces, pensamos que es egoísta pensar en lo que necesitamos como personas, como mujeres, no sólo como mamás; el bebé se convirtió en nuestro sol y nosotros giramos a su alrededor. Pero no es egoísta darnos un pequeño gusto de vez en cuando, de hecho es saludable. Cuando tenemos esos pequeños espacios, funcionamos mejor como mamás, tenemos más energía y más paciencia para tratar con nuestro bebé que no entiende nada de lo que estamos pasando.
       Estoy aprendiendo que mientras me siento mejor conmigo misma, mejor mamá soy para Marcela. Tengo más paciencia y más ánimo para afrontar el día a día que, admitámoslo, puede ser una locura.
    Así que, queridas colegas de la maternidad, creo que es bueno pensar en esto, y tomar acción si fuera necesario. Por tu bien, por el bien de las relaciones interpersonales que debes llevar y especialmente por el bien de tu pequeño bebé. Tu salud integral también se traduce en su bienestar.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Born to Shine! - ¡Nacida para Brillar!


            A Marcela le regalaron una ropita con esas palabras "Born to Shine" y después de verlas un tiempo estuve pensando mucho en ellas.

Cada bebé viene al mundo con la misión primordial de transformar la vida de sus padres: hacerlos mejores personas, poner en orden sus prioridades y regalarle hermosos y tiernos recuerdos para atesorar. Marcela ha cumplido cabalmente con esa misión desde que llegó a nosotros hace casi diez meses. Sin embargo, eso no es todo. Hay algo más por lo que Dios le envió aquí.
            Dios nos da hijos como un regalo muy preciado, como un "bien" muy valioso que nos es prestado para ser amado, cuidado, protegido, abonado como una planta delicada y pulido como una piedra preciosa.
            El Salmo 139:15-16 dice: "No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos".



Marcela en su semana 27

            Esta porción bíblica es un clásico. La he leído muchas veces, desde que era niña, pero ahora que soy madre ha tomado otros sentidos nuevos y vivos para mí, porque no sólo pienso en la verdad de esas palabras para mi vida, sino que ahora cobran vida al pensar que también son verdad para Marcela; es decir, los ojos del Dios creador estaban en Marcela mientras ella era formada dentro de mi hermosa panza! Su formación y desarrollo no fue fortuita, y tampoco pasó desapercibida. Nada más y nada menos que el Dios que sostiene el universo en su mano supervisó el crecimiento de mi pequeña hija desde que era más pequeña que un frijol. Todo lo que es, incluidos los rasgos de su cuerpo y de su personalidad, estaba escrito en su libro. ¡Eso es sencillamente maravilloso! ¡Es muy poderoso!
Marcela en su primer día de playa
            A mí como madre eso me hace sentir profundamente responsable. Dios estuvo prestando atención a los detalles que ahora forman parte de mi hermosa hija, así que yo no puedo simplemente descuidar ese tesoro tan valioso que me fue entregado para atender.
            ¿Con qué propósito maravilloso fue enviada Marcela a esta tierra? (además de hacernos sonreir diariamente!) ¿Cuál es el plan de Dios para su vida? Como Padres tenemos la responsabilidad de guiarle a ella a descubrir ese propósito y ese plan. No podemos vivir por ella, pero podemos instruirle y darle herramientas que le encaminen a ser una persona de bien, a honrar a Dios y a vivir para él.
            Pareciera que ahora es muy pronto para comenzar a instruirle y mucho menos darle herramientas; la verdad es que nunca es demasiado pronto, pero llegará un día en que será demasiado tarde. Dijo el sabio Salomón en el libro de Eclesiastés que todo tiene su tiempo debajo del sol; el tiempo de sembrar en la vida de Marcela comenzó desde el día que supimos que estaba con nosotros en la panza: cada beso, cada caricia, cada oración, también cada regaño (ahora que gatea se han multiplicado exponencialmente), cada comida, cada vez que nos llama y le atendemos, siempre que le hacemos saber que nos importa, cada vez que le consolamos por haberse lastimado (esto también se ha multiplicado), cuando vamos a la iglesia juntos, cuando nos ve orar por los alimentos. Todas esas son oportunidades para sembrar en la vida de nuestra hija.
            Alguien podría decir que ella es muy pequeña para notar esas cosas y mucho menos para aprender de ellas, pero la verdad es que los bebés son muy inteligentes y todo lo que conocen del mundo lo han aprendido de sus padres desde el primer día de su nacimiento, e incluso antes. Por ahora, Marcela sólo puede ver y escuchar cómo oramos pero pronto ella estará orando también, cantando, aplaudiendo y haciendo todo lo que nos ve hacer. Eso, nuevamente, es una gran responsabilidad para nosotros como padres. Nos fue delegada la gran tarea de modelar una vida llena de amor, bondad, respeto y muchas otras cosas buenas para que nuestra hija al imitarnos tenga esas virtudes en ella.
Disfrutando su primer baño en casa
            ¿Cuál será el camino que Marcela tomará al crecer? No lo sé, pero quiero que sea cual sea su camino, ella conozca a Su Creador, ella conozca Su Palabra y en base a ese conocimiento pueda escoger su mejor camino posible. Tal vez sea pintora, músico, doctora, teóloga, maestra, bailarina, atleta, no sé! Puede tomar cualquiera de esos caminos, pero siempre guiada por Dios y sus preceptos. Puede ser lo que se proponga ser con los dones que Dios le ha dado y que todavía hemos de descubrir.  Puede ser lo que quiera ser, puede ser la mejor en lo que sea que escoja en el futuro. Podríamos estar criando un prodigio en algún área del conocimiento o la ciencia. No lo sé! Sólo quiero que brille, para eso nació, para eso fue creada.