miércoles, 4 de septiembre de 2019

Born to Shine! - ¡Nacida para Brillar!


            A Marcela le regalaron una ropita con esas palabras "Born to Shine" y después de verlas un tiempo estuve pensando mucho en ellas.

Cada bebé viene al mundo con la misión primordial de transformar la vida de sus padres: hacerlos mejores personas, poner en orden sus prioridades y regalarle hermosos y tiernos recuerdos para atesorar. Marcela ha cumplido cabalmente con esa misión desde que llegó a nosotros hace casi diez meses. Sin embargo, eso no es todo. Hay algo más por lo que Dios le envió aquí.
            Dios nos da hijos como un regalo muy preciado, como un "bien" muy valioso que nos es prestado para ser amado, cuidado, protegido, abonado como una planta delicada y pulido como una piedra preciosa.
            El Salmo 139:15-16 dice: "No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos".



Marcela en su semana 27

            Esta porción bíblica es un clásico. La he leído muchas veces, desde que era niña, pero ahora que soy madre ha tomado otros sentidos nuevos y vivos para mí, porque no sólo pienso en la verdad de esas palabras para mi vida, sino que ahora cobran vida al pensar que también son verdad para Marcela; es decir, los ojos del Dios creador estaban en Marcela mientras ella era formada dentro de mi hermosa panza! Su formación y desarrollo no fue fortuita, y tampoco pasó desapercibida. Nada más y nada menos que el Dios que sostiene el universo en su mano supervisó el crecimiento de mi pequeña hija desde que era más pequeña que un frijol. Todo lo que es, incluidos los rasgos de su cuerpo y de su personalidad, estaba escrito en su libro. ¡Eso es sencillamente maravilloso! ¡Es muy poderoso!
Marcela en su primer día de playa
            A mí como madre eso me hace sentir profundamente responsable. Dios estuvo prestando atención a los detalles que ahora forman parte de mi hermosa hija, así que yo no puedo simplemente descuidar ese tesoro tan valioso que me fue entregado para atender.
            ¿Con qué propósito maravilloso fue enviada Marcela a esta tierra? (además de hacernos sonreir diariamente!) ¿Cuál es el plan de Dios para su vida? Como Padres tenemos la responsabilidad de guiarle a ella a descubrir ese propósito y ese plan. No podemos vivir por ella, pero podemos instruirle y darle herramientas que le encaminen a ser una persona de bien, a honrar a Dios y a vivir para él.
            Pareciera que ahora es muy pronto para comenzar a instruirle y mucho menos darle herramientas; la verdad es que nunca es demasiado pronto, pero llegará un día en que será demasiado tarde. Dijo el sabio Salomón en el libro de Eclesiastés que todo tiene su tiempo debajo del sol; el tiempo de sembrar en la vida de Marcela comenzó desde el día que supimos que estaba con nosotros en la panza: cada beso, cada caricia, cada oración, también cada regaño (ahora que gatea se han multiplicado exponencialmente), cada comida, cada vez que nos llama y le atendemos, siempre que le hacemos saber que nos importa, cada vez que le consolamos por haberse lastimado (esto también se ha multiplicado), cuando vamos a la iglesia juntos, cuando nos ve orar por los alimentos. Todas esas son oportunidades para sembrar en la vida de nuestra hija.
            Alguien podría decir que ella es muy pequeña para notar esas cosas y mucho menos para aprender de ellas, pero la verdad es que los bebés son muy inteligentes y todo lo que conocen del mundo lo han aprendido de sus padres desde el primer día de su nacimiento, e incluso antes. Por ahora, Marcela sólo puede ver y escuchar cómo oramos pero pronto ella estará orando también, cantando, aplaudiendo y haciendo todo lo que nos ve hacer. Eso, nuevamente, es una gran responsabilidad para nosotros como padres. Nos fue delegada la gran tarea de modelar una vida llena de amor, bondad, respeto y muchas otras cosas buenas para que nuestra hija al imitarnos tenga esas virtudes en ella.
Disfrutando su primer baño en casa
            ¿Cuál será el camino que Marcela tomará al crecer? No lo sé, pero quiero que sea cual sea su camino, ella conozca a Su Creador, ella conozca Su Palabra y en base a ese conocimiento pueda escoger su mejor camino posible. Tal vez sea pintora, músico, doctora, teóloga, maestra, bailarina, atleta, no sé! Puede tomar cualquiera de esos caminos, pero siempre guiada por Dios y sus preceptos. Puede ser lo que se proponga ser con los dones que Dios le ha dado y que todavía hemos de descubrir.  Puede ser lo que quiera ser, puede ser la mejor en lo que sea que escoja en el futuro. Podríamos estar criando un prodigio en algún área del conocimiento o la ciencia. No lo sé! Sólo quiero que brille, para eso nació, para eso fue creada.




martes, 28 de mayo de 2019

El amor de papá

Siempre dicen que la conexión de un bebé con su mamá es muy especial. Eso es muy cierto, y se debe en gran parte a la lactancia que nos "obliga" a pasar mucho tiempo juntos; tiempo que atesoramos altamente.
Aunque papá u otras personas pueden dar leche diferida o su tetero de fórmula (si fuera el caso), en gran parte la alimentación del bebé depende de mami, y eso contribuye a que sean tan cercanos.
Sin embargo, eso no quiere decir que papá no tenga una conexión con el bebé, pero para que ésta conexión exista papá debe estar presente en la vida del bebé de todas las maneras que pueda. Papá no puede amamantar, pero puede dar la leche que mamá se extrae, puede bañar al bebé, puede cargarlo y arrullarlo, puede cantarle canciones de cuna, puede jugar con él(o ella), etc.
Esas miradas!
Afortunadamente para mí y para Marcela, ella ha desarrollado un nexo muy fuerte con su papá. Ella escucha el "buenas" de su papá al llegar y su mirada se ilumina. Desde que tenía días de nacida ama dormir en el pecho de papá, hasta el día de hoy disfruta pasar ratos jugando con él y la primera sílaba que dijo fue "pa".
Ellos se aman, puedo verlo en la mirada de Marcela cuando está con su papi y también puedo verlo en la manera en que él la cuida, la protege y la mira.
Ella ama dormir encima de su papi
Mi esposo ha sido un excelente esposo durante estos casi siete años, pero cuando veo lo buen padre que es me enamoro todavía más.
Papi portea
Observar la relación que tienen como padre e hija me ha ayudado a amar más a Dios como mi Padre, y a entender cómo nos ama y nos cuida cada día.

lunes, 22 de abril de 2019

Por primera vez en Amazonas

Marcela ha sido una niña viajera desde que tenía un mes de Nacida. Se estrenó yendo a San Felipe, en el Estado Yaracuy, y desde entonces ha viajado mucho.
En San Felipe, Estado Yaracuy
Sin embargo, fue hasta los tres meses que pudo visitar Amazonas. Ese es un viaje por tierra muy largo al que su papá y yo estamos acostumbrados, pero que esta vez sería diferente porque llevamos con nosotros nuestro regalito.
Emprendimos nuestro viaje con más equipaje que de costumbre porque llevábamos la cunita de Marce, su asiento para el carro, su maleta, además de nuestras cosas. Hicimos una parada en San Fernando de Apure para descansar y seguimos al siguiente día hacia nuestra casa en Puerto Ayacucho. 
El calor en el llano estuvo muy fuerte porque es época de sequía por estos lados. Gracias a Dios Marcela se portó como una campeona a pesar del calor y durmió gran parte del recorrido. 
Una vez en casa, Leover invirtió casi dos días limpiando y quitando el polvo de los cuatro meses que no estuvimos. Antes, cuando Marcela no estaba con nosotros, nos habríamos paso entre las telarañas e íbamos limpiando poco a poco, pero con Marcela no podíamos hacerlo así. 
Estos abuelitos amazonenses son un regalo de Dios. Ellos nos dieron asilo mientras la casa se ponía en orden, y vemos el amor de Dios a través de ellos.  
Cuando la casa estuvo lista, comenzamos a ponernos al día con el trabajo en la comunidad, fuimos a visitar a los hermanos para que conocieran a Marcela y Leover comenzó a planear las materias faltantes y el calendario de actividades.
A pesar de su edad, ella siempre tiene buen humor y su tranquilidad es la nuestra.

Ese día que fuimos con Marcela nos guardaron Simuto, gusano de moriche. Deliciosos! Sabe a chicharrón!





Marcela de visita en Cardenalito

 
El mes y medio que estuvimos allá transcurrió luchando con el calor que estuvo muy fuerte, pero Marcela se portó muy bien a pesar de los retos, incluido un apagón nacional que nos tuvo sin electricidad y sin comunicación tres días y medio. 
Marcela fue por sus vacunas del cuarto mes. Ese día no fue divertido.
Durante ese mes disfrutamos de los abuelos amazonenses de Marcela, de los hermanos de la iglesia, le pusimos las vacunas de los cuatro meses (del lado colombiano de la frontera), le comenzaron las molestias en las encías y se dio vuelta ella solita por primera vez. Realmente nos sorprende lo despierta que es. 
Marcela es una niña única, enviada del cielo especialmente a estos padres trotamundos. Ella se adapta muy bien (acorde con su edad) y nos enamora cada día con su sonrisa y su buen humor. Si ella sonríe, la tierra sigue girando. 
Esta es la sonrisa que nos hace suspirar.
El viaje de regreso fue más intenso aún porque lo hicimos en un solo día, el calor terrible y Marce que quiso pasar todo el viaje pegada en el pecho. Pero sobrevivimos.
Una aventura de muchas que tendremos en el futuro.
No sabemos lo que Dios nos tiene preparados, pero sí sabemos que estaremos juntos en cada paso. 


viernes, 22 de marzo de 2019

¿Ya pasaron cuatro meses?

Hace poco me sorprendí al caer en cuenta de que Marcela ya tiene cuatro meses de haber nacido. El tiempo pasó volando. Hace poco estábamos ansiosos por su llegada y ahora es parte de nuestra familia y nos alegra la vida con su sonrisa cada mañana. 

Cuando este viaje comenzó el 9 de noviembre de 2018 la emoción nos llenó por completo, pero cuando el inicio de la lactancia se complicó yo pensé: "Estos serán los seis meses más largos de mi vida", pensando en los seis meses de lactancia materna exclusiva. Realmente llegué a pensar que no lo lograría, que no era "ese tipo de madre".

El comienzo de ese proceso fue un poco atropellado para ambas. Yo solía pensar que la lactancia era algo completamente instintivo, y que todas las mamás lo logran en su primer intento, como si esos conocimientos vinieran incorporados en nuestra configuración femenina, pero no es así. A algunas les cuesta un poco más que a otras, yo me incluyo en el primer grupo.

Fue muy frustrante para mí no poder alimentar a Marcela los primeros cinco días, realmente no fue nada instintivo para mí y no tenía idea de qué hacer para ayudar a Marcela a prenderse del pecho. Me volvía un arroz con mango, era muy incómodo para ambas y por eso la bebé después de luchar y llorar (ambas) comía sólo un poco y desistía.

Gracias a Dios, unos días antes de su nacimiento una amiga de la iglesia me había recomendado la pediatra de su hija que además es consultora de lactancia. Fuimos a la primera consulta con ella a los cinco de días de nacida de Marcela, más por el asunto de la lactancia que por otra cosa. La Dra. Claudia Cristina Sánchez fue muy amable, revisó a la bebé (todo estaba en orden), pero sobre todo dedicó mucho tiempo a enseñarme cómo tomar a la bebé correctamente, a relajarme y a intentarlo hasta lograrlo. Salimos de esa consulta muy contentos porque Marcela por fin se prendió del pecho y comió por un rato. Sin embargo, la batalla no había terminado! Tomó un par de semanas más que Marcela comiera sin dar batalla y que mis pechos sanaran del maltrato del principio (me ahorraré los , detalles aquí, pero fue muy doloroso). Aprendí gracias a la Dra. Claudia que la lactancia no debe doler, si duele algo anda mal con el agarre y/o la posición, así que fui corrigiendo poco a poco hasta que comencé realmente a disfrutar la experiencia.

Al principio me volvía un despelote tratando de amamantar en el carro, y sudaba frío cuando tenía que dar de comer a Marcela fuera de casa porque ella daba guerra y yo me veía tan tonta por no saber controlar la situación. Casi no quería salir de casa para evitar esos espectáculos, por supuesto eso no era posible. Por otro lado, también tocó luchar un poco con las opiniones de muchos alrededor sobre qué comer o qué no, si dar agua a la bebé, etc. Gracias a Dios nuevamente por la Dra. Claudia quien además es una educadora para esta nueva generación de mamis a la que yo pertenezco, y que estamos en contacto a través de un grupo de apoyo de Whatsapp y que realmente es eso: APOYO! Aunque sea para dar unas palmaditas virtuales cuando las cosas se complican, con las crisis de crecimiento y cosas como esas.

Ahora, cuatro meses después Marcela ha comido en todos los lugares que es posible, ya aprendimos a amamantar acostada (eso fue un hito en nuestra historia), y sobre todo ya no me veo tonta dando de comer a mi bebé; estoy en control, relajada y disfrutando la experiencia de dar vida a mi hija a través de la leche que sale de mí.

En fin, estoy feliz de haber tomado la decisión de dar lactancia materna exclusiva a Marcela. Es un trabajo a tiempo completo, pero es muy satisfactorio verla crecer y saber que todo lo que necesita para su desarrollo Dios lo puso en mí a través del elixir de la vida: La leche materna.

Ahora, para celebrar, quiero compartir algunas fotos de estos cuatro meses que llevamos en esta aventura como padres:

Nuestra primera foto juntas. Eso fue amor a primera vista. El instinto materno se activó al instante. 

Todavía en el hospital, Marcela tomando una siestecita.

Este día fue histórico en nuestra aventura de padres. Yo por un lado, un poco frustrada por no poder hacer lo que se supone debo saber hacer. Leover (del otro lado de la cámara), tratando de darme ánimo. Marcela, con un poco de hambre. Esa foto fue tomada en la consulta de la pediatra de Marcela, quien nos asesoró también en cuanto a la lactancia. 

Esta florecita hermosa estaba durmiendo. Me encanta tomarle fotos dormida. 

En esta foto tenía unos 17 días de nacida, y aquí se parece un poco a su prima Daniela Sirit. 

El día de su presentación a Dios en la iglesia Luz del Salvador. Ese día fue muy importante para nosotros, al reconocer que Marcela es un regalo enviado por Dios quien contestó nuestras oraciones y súplicas. Un día de gratitud.

Nuestro tesoro, nuestro regalo.

Marcela no estaba muy contenta, pero ese día estábamos en San Felipe, Edo. Yaracuy.

Llegando a Dabajuro, Marcela conociendo a sus primas

Marcela riendo con papi. Ellos se disfrutan mucho mutuamente.

Muy abrigada porque estábamos en Mérida. Todo un reto hacer que se dejara el gorro, pero era necesario para protegerla del frío. 
En Cúcuta, saliendo a vacunar a Marcela. Ese día logramos ponerle todas sus vacunas. Fue una bendición, pero también nos rompió el corazón verla llorar tan descononsoladamente. Tuvimos que apapacharla mucho ese día, y cuidar que la fiebre se mantuviera a raya. Afortundamente sólo duró día y medio. 

Así es ella. Dueña de una risa amplia y sincera.

Listas para ir a la iglesia a adorar a Dios.

Comiendo en el carro, donde la agarre el hambre. Todo un éxito. Rumbo a Amazonas

Con mi papi, frente a nuestra casita en Amazonas. Se le ven enormes esos cachetes!

Practicando para darse la vuelta.

Gusto adquirido en Amazonas: Dormir en hamaca. Una delicia. 

Después de muchos días de práctica, por fin se dio vuelta solita. Ahora tiene que aprender a devolverse!

En el parque, paseando un rato por Puerto Ayacucho.

Este regalo ya tiene cuatro meses, pesa 7,5 kgs. Estoy muy agradecida del Padre por tenerla con nosotros. Ella nos ha enseñado tanto en este tiempo. La aventura apenas comienza, ya pronto viene la alimentación complementaria. 


jueves, 7 de marzo de 2019

Sobrellevando el caos

     En un mundo perfecto de mamá primeriza casi obsesiva, yo podría dedicarle todo mi tiempo y mi energía al cuidado de Marcela. Pero ese mundo “perfecto” no existe. En el mundo real, no sólo soy la mamá de esta preciosa bebita. En primer lugar, sigo siendo una mujer que necesita atenderse (pintarse las uñas, peinarse, escribir, hacer algo que me gusta, comer, DESCANSAR, etc.), soy la esposa de un hombre maravilloso que requiere mi atención, soy una cristiana que necesita tener tiempo de devoción con Dios, sirvo a Dios y hay tareas relacionadas a ese servicio que debo realizar. Por otro lado, soy una hija, hermana y amiga que necesita sembrar en esas relaciones. Ah, también sigo siendo ama de casa, y por el momento no he logrado que la casa se asee sola!

      Todas estas actividades son importantes, todas requieren tiempo y energía. Sería muy ilusa si pensara que después del nacimiento de Marcela podría realizar estas tareas como antes, sin ningún cambio. Muchas  veces me dijeron que la vida me cambiaría, así que traté de mentalizarme, pero la realidad me alcanzó más temprano que tarde.
Marcela en su primer día de consulta pediátrica

      Una vez que Marcela nació me di cuenta rápidamente que mi tiempo le pertenecía casi por completo, sobre todo cuando estaba recién nacida porque tuvimos un arranque complicado con la lactancia, además de la recuperación de la cesárea. Sé que soy muy afortunada por toda la ayuda que recibí de mi mamá, que se quedó con nosotros por una semana, y de mi esposo amado que se encargó de las cosas de la casa durante las primeras semanas de nuestra aventura como padres (todavía me sigue ayudando, es mi héroe!). Sin toda esa ayuda hubiera enloquecido.  Después de las primeras semanas yo esperaba ir retomando poco a poco las actividades cotidianas, sin embargo debo confesar que comencé a sentirme frustrada. Más que frustrada creo que me sentí sobrepasada por la situación. Me sentí como si tuviera un 100% para dar, pero yo misma me sentía presionada para dar el 500% que era necesario para hacer todo lo “requerido”. Al acercarse la noche, yo andaba solo con mis reservas de energía, lo único que quería era dormir.
 

      Me sentía como un malabarista que lanza objetos en fuego al aire y debe mantenerlos en movimiento sin que caigan al suelo, sólo que yo me hallaba haciendo malabares con mi hija, mi esposo, la casa, etc. Obviamente este malabarismo es extremo, ninguna mamá quiere desatender a su pequeño hijo, pero tampoco quiere ser una mala esposa o un ama de casa descuidada. Pero creo que esa imagen de la maternidad como una malabarista hace énfasis en la tensión, el estrés y el afán; muchas veces sentí que fracasé en mis malabares y por cuidar a la beba, terminé descuidando otros aspectos de la vida que también son importantes.  Si bien es cierto que la tensión, el estrés y el afán son emociones que aparecen de vez en cuando en la vida de mamá, ahora me doy cuenta que ese énfasis no es el correcto. El nuevo enfoque que trato de tener es el de disfrutar cada día, aunque haya un poco de caos y no pueda tener control de todo.
 

Ahora, tres meses después del nacimiento de Marcela, puedo darme cuenta de que tal vez mis expectativas con respecto a mí misma eran muy elevadas, tanto que me generaron una presión extra, que incluso me hacía sentir más que cansada, extenuada. Esto puede deberse a mi temperamento melancólico, el cual me hace ser bastante perfeccionista en lo que hago, pero esto no es sano. Poco a poco he descubierto que no puedo ser una mamá perfecta, porque eso implicaría descuidar otros asuntos y personas y a la final no habría perfección alguna.

Conversando sobre este tema con mi amiga Fernanda Vielma, madre de dos pequeños hermosos, ella me decía algunas cosas importantes que deseo compartir aquí:

1.    Aceptar la nueva realidad: OK, soy mamá, muchas cosas cambiarán y no tengo tiempo ni energía para hacer todo lo que se supone que necesito hacer. Esto me ayuda a no frustrarme y entender que los cambios son parte de la bendición de ser mamá. Además, creo que es necesario que no sólo la mamá acepte esta nueva realidad, sino que los que forman parte de su red de apoyo, los que trabajan con ella, su familia, etc., ellos también deben ser conscientes de dichos cambios.

2.    Establecer prioridades: ¿Qué es importante? ¿Qué es urgente? ¿Qué cosas dejaré de hacer (al menos temporalmente)? El día sigue teniendo 24 horas, es necesario tener claro qué cosas son realmente importantes, qué cosas pueden esperar, y de qué cosas puedo prescindir. Por supuesto, esto implica que tal vez la casa no esté inmaculada, tal vez no puedas escribir un artículo semanalmente, tal vez debas aplazar algunas actividades hasta que el bebé crezca un poco. Son decisiones que cada familia debe tomar.

3.    Ser disciplinado: ¡Esto es muy difícil para mí! Me es muy difícil establecer una rutina y cumplirla hasta que se haga un hábito. Nuestro ritmo de vida un poco itinerante lo dificulta aún más, pero es necesario, ahora más que nunca es necesario. A los niños les es beneficioso tener rutinas, de alguna manera les hace sentir seguros y al mismo tiempo facilita las cosas para los padres, pero esto requiere disciplina.

En cuanto a mí, es un desafío. Debido al trabajo de movilización que hacemos ahora, duramos un mes viajando, con Marcela por supuesto. Visitamos cuatro estados del país, y nos hospedamos en unas ocho casas aproximadamente. ¡Pobrecita Marcela! Cada casa nueva era un reto para ella, y además estar viajando dificulta hacer rutinas.

Sin embargo, ahora que estamos en Amazonas por un par de meses tratamos de establecer ciertas rutinas. Al despertarse, Marce tiene lo que llamo “la hora feliz”, ella está muy contenta, risueña y de buen humor. Durante ese tiempo casi siempre puedo leer la Biblia con tranquilidad. Después de su hora feliz, generalmente toma una siesta corta. El resto de la mañana la pasa entre siestas cortas (cortísimas), jugando en el gimnasio, el pecho de mami y los brazos de los papis de a ratos. A mediodía la bañamos, toma una siesta (no siempre), y otra vez comer, jugar. Por la noche, la rutina que tratamos de establecer es la siguiente: un baño con agua tibia, le pongo su pijama, apago la luz y prendo la linterna del teléfono para que la iluminación sea más tenue. Inmediatamente, comienza a rascarse los ojitos y en poco más de media hora ya estará durmiendo en su cunita.

Disciplina es una palabra importante aquí.


Dar un paseo por un parque cercano es una excelente opción para despejar la mente.
 

         
 
 
 
 
 
 
   En fin, ¿Te vas a perder algunas reuniones? Probablemente sí ¿Dejarás de hacer algunas cosas que te gustan? Tal vez ¿Tendrás que tomar duchas rápidas? Algunas veces ¿La casa estará inmaculada? Definitivamente no ¿Valen la pena esos sacrificios? ¡Totalmente!

     Hay muchos trabajos para hacer en el mundo. Pero Dios nos dio (a las mujeres) la capacidad de concebir, alimentar y cuidar de nuestros hijos. Ese es EL Trabajo que puede cambiar el mundo: enseñándoles a ser buenas personas, buenos ciudadanos, a amar a Dios, atesorar Su Palabra, ser respetuosos con los demás, cuidar de los animales, etc.

     Hay una palabra que puede resultar la clave para este asunto: Equilibrio. Aunque nuestro trabajo como madre sea lo más importante que hagamos en la vida (de hecho creo que así es), debemos encontrar un equilibrio para atender a nuestro esposo, la casa, a nosotras mismas, además de las demás actividades y relaciones que debemos cuidar. Algunos días serán caóticos, pero el caos es temporal. Ellos crecerán, y cada vez serán más independientes, lo cual nos permitirá reorganizarnos nuevamente. Mientras tanto, si lo disfrutas es mejor y más llevadero.

sábado, 9 de febrero de 2019

En los brazos de mamá y papá


Cuando unos padres primerizos llegan a casa por primera vez con su bebé, uno de los retos más grandes es identificar por qué llora el bebé. Es como un rally de descarte que comienza obviamente por la comida, luego el pañal, si tiene calor o frío, etc. Al final, después de intentarlo todo, resulta que algunas veces ninguna de esas era la respuesta; sólo necesitaba sentirse seguro y eso lo consigue en los brazos de sus papis. ¡Sí! Sólo necesitaba sentirse protegido. Esta es una necesidad igual que comer o dormir.
Marcela contaba con 15 días de nacida en esta foto
Pensemos un momento: Un bebé pasa nueve meses en el vientre de su madre. Ese lugar es calientito, es un espacio pequeño, escucha los latidos del corazón de mami y  está protegido de todo ahí adentro. De un momento a otro, muy abruptamente, sale de ese maravilloso lugar y lo ponen en un espacio frío, inmenso y completamente desprotegido. Es muy vulnerable, y aún en su pequeña mente él lo sabe. Pronto descubre que los brazos de sus padres son un lugar especial, aunque no tanto como la barriga de mami, para sentirse seguro. Por eso en ocasiones, aunque sus demás necesidades estén cubiertas, él llora con el propósito de estar cerca, calientito y seguro.
Claro, no falta quien diga: “No lo cargues mucho, se va a malacostumbrar a los brazos”. Siendo que los brazos son una necesidad para el bebé como lo es comer, el contenido de esa frase es como si dijeran: “No le vamos a dar comida porque se va a acostumbrar a comer” “No lo duermas que se va a malacostumbrar a dormir”. Ellos necesitan comer y dormir. Ser cargados les proporciona seguridad y confort, no es un capricho, es una necesidad.
Leover porteando a Marcela y ella feliz de estar tan cerca de papá
Esto me hace pensar en Dios como Padre. Nosotros siempre estamos llegando a Dios con nuestras necesidades. Imaginemos por un momento que Dios dijera: “No voy a contestar sus oraciones porque se malacostumbra” ¿Cómo sería nuestra vida si Dios pensara de ese modo? ¿Cómo nos sentiríamos? No sería nada agradable si nuestro Padre ignorara nuestras necesidades; nos sentiríamos abandonados, desvalidos, solos, desamparados, ¿cierto? Así se siente un bebé cuando necesita sentirse seguro en los brazos de sus padres y éstos ignoran su necesidad para que “no se malacostumbre”.
¡Qué bueno que Dios no piensa de esa manera! Más bien la Biblia dice que su oído está atento a nuestras oraciones, que él atiende a nuestras necesidades y que cuando clamamos él nos responde. ¡Qué maravilloso es cuando en un día difícil puedes saber que Dios está cercano a ti, que estás escondido bajo la sombra de sus alas! Cuando comenzamos a conocer a Dios, aprendemos que podemos confiar en Él porque nos responde.
De la misma manera los bebés aprenden a confiar en los adultos que les cuidan, generalmente sus padres, porque estos responden a su llanto para suplir sus necesidades, incluida la de ser cargado en sus brazos. Yo como madre deseo que mi hija sepa que puede confiar en mí, que yo estaré ahí cuando ella me necesite. No deseo para nada que Marcela crea que yo le ignoro, o se sienta abandonada, o que no puede contar conmigo. Mi mayor deseo es que se sienta amada. Esa es la base de su autoestima en el futuro. Todo comienza aquí y ahora.  
La mirada de un papá enamorado
Además, ¡ellos crecen muy rápido! Hace poco esperábamos a Marcela con ansias, y ya va a cumplir tres meses. Ya pronto va a gatear, luego va a caminar y correr. Si no la cargamos ahora, entonces ¿cuándo? Luego, sus necesidades serán diferentes y querrá estar todo el día corriendo por todos lados. No puedo recordar a ningún niño de cinco años que no quiera bajar de los brazos de sus padres debido a que lo cargaron “mucho” cuando era bebé. El desarrollo físico y mental del bebé sigue su curso naturalmente, y conforme pasa el tiempo requerirá menos de los brazos de papá y mamá, pero sabrá que éstos están ahí cuando lo necesite.
Como dato extra, según las más recientes investigaciones, un bebé que es cargado en comparación con un bebé que pasa mucho tiempo en su cuna o coche se adapta mejor al entorno, consolida su vínculo afectivo con sus padres, tiene mejor tono muscular, hace mejor la digestión, presenta menos cólicos y vómitos, entre otros. Por otro lado, su autoestima, seguridad en sí mismo e independencia se basan en la calidad del apego que desarrollen con los adultos que le cuidan, y esto se logra principalmente cargándolos cuando lo requieren y haciéndoles saber de todas las formas posibles que no están solos y desprotegidos.
Ahora es el momento que puedo expresar mi amor a través de mis brazos, y estrechar un vínculo que durará toda la vida, aunque me duela la espalda en el proceso.

No nos cansamos de verla y de disfrutar cada segundo
 

"Al contrario, estoy tranquilo y tan calmado como un niño recién amamantado que está en brazos de su mamá." Salmos 131:2 

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Cansada?

Al parecer ella está muy agotada!
Durante las últimas semanas de embarazo, tenía mucha ansiedad de tener a Marcela con nosotros. Por un lado, quería "descansar" mi adolorida espalda (qué ilusa era), y por otro lado quería verla y besarla. Hoy Marcela Noemí ya tiene doce semanas con nosotros, y sí, lo que dicen sobre la maternidad: que es caóticamente hermosa, es cierto!
La palabra "cansancio" ha adquirido un nuevo significado para mí. Es más, descubrí que nunca antes estuve verdaderamente cansada en mi vida.
También descubrí que admiro inmensamente a las madres que tienen más de un hijo y que además trabajan, atienden la casa y sirven a Dios. Si mi columna me duele tanto en dos meses de maternidad, no me quiero imaginar los niveles de cansancio que ellas experimentan y soportan, muchas veces sin la empatía de los demás.

Ser madre es muy agotador: un bebé no entiende que después de una larga noche de desvelo seguida de un largo día de quehaceres, mami necesita un break. Un bebé es demandante, quiere lo que quiere cuando lo quiere, y la gran mayoría de las veces es mami la responsable de satisfacer sus necesidades, que van desde comida, sueño, cariño, protección, seguridad, etc.
De vez en cuando cada madre pasa por un momento crítico en el que el cansancio se junta con frustración y el resultado puede ser caótico.
Esa sonrisa lo vale todo
A mí me ha pasado. Me he sentido tan cansada que el dolor en la espalda se hace insoportable, al punto de querer llorar! Pero ahí está Marcela, con sus seis kilos de ternura, y con hambre, y nadie más que yo puede darle de comer. Así que tengo que hacer de tripas corazón, respirar profundo, cargarla y amamantarla con todo y cansancio. Para entonces siento como si pesara unos 15 kilos. 
Sin embargo, a veces después de darle de comer, pido un break aunque sea de media hora, solo para estar recostada y descansar la espalda un poco. Sin ese break, estaría muy malhumorada y Marcela no merece ese trato.
Gracias a Dios por mi esposo, quien me auxilia cuando lo necesito y siempre está dispuesto a ayudarme. De verdad, sé lo afortunada que soy de tenerlo conmigo. De otra manera sería demasiado difícil. 

Algo que me ha ayudado en esos momentos difíciles es poder pedir ayuda. Parece sencillo, sin embargo implícitamente se nos ha enseñado que pedir ayuda es una señal de debilidad. No somos Todopoderosas, aunque nos creamos ese discurso, somos de carne y hueso y el cuerpo tiene un límite. Como madres debemos evitar llegar a ese límite, porque podemos enfermarnos hasta el punto de no poder atender a nuestro bebé. 
    Hacer los ejercicios de estiramiento que me recomendó una amiga me ha ayudado muchisimo para aliviar los dolores que tenía en la cervical. Lo confieso, no soy lo suficientemente disciplinada en eso, pero aún así he sentido alivio. En YouTube puedes encontrar varios videos muy buenos para este fin, por ejemplo: Estiramientos para Aliviar dolor de espalda y cuello

    Por último, me ha ayudado inmensamente ser parte de un grupo de apoyo a través de Whatsapp donde muchas madres nos juntamos para compartir experiencias, pedir consejos o simplemente desahogarnos después de un día difícil. Tener con quien conversar, alguien que entienda lo que atraviesas y te escuche atentamente es una gran terapia. 

Si estás cerca de una madre, ten empatía y ofrece toda la ayuda que puedas. Siempre, siempre, siempre la necesitan aunque no la pidan. Una mami siempre, siempre, siempre está cansada, aunque no lo admita.